aditivo obesógeno

Químicos y sobrepeso

E-321, el aditivo que te da hambre

¿Engordas y no sabes por qué? Algunos productos químicos presentes en los alimentos y el medio ambiente hacen más difícil que nos sintamos saciados, entre ellos un conservante utilizado en los cereales de desayuno.

Mayra Paterson

Nuestro apetito está regulado por hormonas y algunas sustancias químicas que interfieren en su funcionamiento podrían boicotear nuestra sensación de saciedad. Estas sustancias obstaculizarían las señales que el sistema digestivo envía al cerebro para avisarle de que tenemos el estómago lleno y hemos comido suficiente.

Así lo ha observado en células madre humanas un equipo de científicos del Centro Médico Cedars-Sinai de Estados Unidos tras analizar concretamente los efectos de tres sustancias en los mecanismos de regulación del apetito: el butilhidroxitolueno (BHT), el ácido perfluorooctanoico (PFOA) y el tributilestaño (TBT).

Las tres sustancias se encuentran en la cadena alimentaria, a la que pueden llegar por diferentes vías. La primera es un aditivo alimentario que se usa habitualmente como conservante en alimentos muy diversos. También es el que presentó el efecto perturbador más marcado.

Disruptores endocrinos que interfieren en el apetito

La selección de las sustancias no es arbitraria. Las tres abundan en nuestro entorno, están consideradas como disruptores endocrinos, y estudios previos las han relacionado con un aumento del riesgo de obesidad.

El estudio, publicado en la revista Nature Communications, sugiere que al alterar las hormonas que regulan la comunicación entre el sistema digestivo y el cerebro, estas sustancias podrían llevar a comer más de lo necesario y a ir ganando peso con el tiempo.

Anteriormente ya se había asociado la exposición a disruptores endocrinos a un mayor riesgo de sufrir sobrepeso y obesidad, pero solo mediante estudios hechos en animales. Ahora este estudio arroja luz al apuntar que este tipo de sustancias obesógenas podrían actuar influyendo en nuestro sistema de regulación del hambre.

No dejan que te sacies y alteran el metabolismo

Los investigadores se valieron para realizar el estudio de tejidos productores de hormonas obtenidos a partir de células madre humanas, un método que abre una nueva vía para estudiar el efecto de los disruptores endocrinos en personas, sin recurrir a animales.

A partir de células madre obtenidas de muestras de sangre se desarrollaron dos tipos de tejido: epitelial –como el que recubre los intestinos– y neuronal –como el del hipotálamo del cerebro, que se encarga de regular el apetito y el metabolismo–.

Los investigadores estudiaron a continuación los efectos de una exposición crónica de las células a los disruptores endocrinos, tanto de cada una de las sustancias por separado como combinadas entre sí.

Por separado, los tres compuestos afectaron a los sistemas de regulación del apetito y el metabolismo, pero su efecto combinado fue aún más pronunciado. Por un lado, volvían ineficaces a las hormonas mensajeras que envían señales de saciedad. Por otro lado, causaban daños en las mitocondrias, la estructura de las células que transforma los nutrientes y el oxígeno en energía.

Según Dhruv Sareen, doctor en ciencias biomédicas e investigador del estudio, el hecho de que los daños se produjeran en células jóvenes en una fase tan temprana de su ciclo de vida hace pensar que las alteraciones hormonales podrían afectar especialmente al feto durante el embarazo.

El peor, el BHT: un conservante alimentario

El butilhidroxitolueno (BHT) es un antioxidante sintético procedente de la industria petrolífera. Se utiliza habitualmente como conservante alimentario a fin de evitar sobre todo que se enrancien las grasas de ciertos productos.

En las etiquetas figura como el aditivo E-321 y suele utilizarse en combinación con el E-320 o butilhidroxianisol (BHA), otro aditivo cuyos efectos sobre la salud hormonal han sido cuestionados.

Dónde se encuentra el E-321

Al no degradarse con el calor, el BHT se incluye en horneados y fritos, como galletas, patatas fritas o repostería industrial. Puede encontrarse en algunos cereales de desayuno, frutos secos, sopas preparadas, mazapanes, purés instantáneos e incluso chicles. Algunos cosméticos y productos para el hogar contienen también este conservante.

Aparte de considerarse un disruptor endocrino, afecta al comportamiento de sustancias carcinógenas y se ha asociado a alteraciones en el sistema inmunitario, la sangre y el hígado. También es un reconocido alérgeno.

Como otros tóxicos persistentes, se acumula en el tejido graso del organismo. Esto hace que las mujeres, que en general tienen una mayor proporción de grasa en sus cuerpos, sean más vulnerables.

Otras sustancias que alteran tus hormonas y te dejan con hambre

Las otras dos sustancias analizadas en el estudio no se emplean directamente en los alimentos, pero pueden llegar a ellos y se ha detectado su presencia en nuestra sangre.

El ácido perfluorooctanoico (PFOA) es un polímero que se ha empleado ampliamente como revestimiento antiadherente de sartenes, ollas y cazuelas tipo teflón, aunque en la actualidad existen alternativas libres de PFOA.

También se ha utilizado en hilos dentales y sobre todo en prendas impermeabilizadas de montaña. Con cada lavado la ropa libera partículas que contaminan el medio ambiente, donde pueden permanecer durante mucho tiempo y acumularse en los organismos vivos.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) lo clasificó como disruptor endocrino en 2006 y se ha asociado con varios tipos de cáncer y con problemas de tiroides y de fertilidad. La Unión Europea limitó su uso recientemente, más de diez años después.

En cuanto al tributilestaño (TBT), su uso lleva ya una década restringido en la mayor parte del mundo. Este pesticida se había utilizado sobre todo en la pintura de piscinas y barcos para evitar que se incrustaran las algas.

Aunque no es un tóxico persistente, se degrada más fácilmente en la superficie del agua que cuando sedimenta; por eso puertos y marinas son las zonas donde más tiempo podría persistir. Resulta tóxico para peces, moluscos y otros organismos acuáticos, en los que se han observado efectos masculinizantes asociados a la exposición a esta sustancia.

El sobrepeso más allá del sedentarismo y la dieta

Los disruptores hormonales analizados en este estudio son solo una ínfima muestra de un gran número de sustancias sintéticas que se ha demostrado que actúan como contaminantes hormonales. En los últimos años los expertos han alertado de que el sedentarismo y la dieta no pueden explicar por sí solos el aumento del sobrepeso y la obesidad en los últimos tiempos y que la exposición continuada a multitud de estas sustancias podría estar favoreciéndolo.

Si bien este no es el primer estudio que relaciona esta exposición con la tendencia al alza del sobrepeso y la obesidad, es el primero que lo hace utilizando tejidos humanos y observando sus efectos en nuestras células.

Los resultados refuerzan, además, la tesis de que la exposición combinada a varias sustancias multiplica su efecto disruptor sobre el sistema hormonal.

Al igual que las hormonas, los contaminantes hormonales pueden tener efectos sobre la salud a bajas concentraciones. Aunque se suele argumentar que la ingesta a través de los alimentos y el agua suele ser inferior a los niveles considerados peligrosos, se desconoce aún el efecto que podría tener la exposición a la suma de todas ellas.

Entre las sustancias que estudios previos han identificado como obesógenas se encuentran, por ejemplo, los ftalatos, el bisfenol A y algunos pesticidas.

Para reducir la exposición a este tipo de sustancias podemos tomar algunas medidas, como dar prioridad a los alimentos y cosméticos ecológicos, evitar los productos enlatados, no calentar los alimentos en envases de plástico o deshacerse de los ambientadores sintéticos.

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