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Alimento estrella
Higo
Es una gran fuente de minerales y un fruto de exquisito sabor.
El valor nutritivo de los higos los convierte en un tesoro dietético, con virtudes terapéuticas recientemente comprobadas. La mayor riqueza de los higos es en hidratos de carbono, con un 12% en los higos frescos y un 54% en los secos, con una proporción alta de azúcares simples que proporcionan energía rápida, idónea para deportistas. Pero además, los higos son la fruta, seca o fresca, que aportan una mayor cantidad de fibra, superando incluso a la ciruela. No destacan especialmente por su aporte de proteínas: 1,3 g/100 g en los frescos y 3,9 g/100 g en los secos, ni tampoco por su contenido en grasas (0,4 g, los frescos y 1,3 g, los secos). Respecto a las calorías cabe destacar que 100 g de higos frescos aportan 60 calorías y la misma cantidad de higos secos 243.
Vitaminas y minerales En cuanto a vitaminas los higos contienen un amplio surtido pero en pequeña cantidad. Las que se encuentran en una proporción algo más notable son las del grupo B, presentes en mayor medida en los higos secos. Los minerales sí que están muy presentes en el higo y en abundancia. Así 100 g de higos aportan 217 mg (frescos) y 850 mg (secos), de potasio; calcio (54 mg y 190 mg en los frescos y secos respectivamente); fósforo, magnesio y hierro.
Para qué va bien Durante milenios las diferentes partes de la higuera -hojas, frutos y látex- se han utilizado para muchos fines terapéuticos y algunos incluso casi supersticiosos. Ahora la ciencia ha confirmado sus destacadas virtudes medicinales.
• Contra la tos. Una decocción eficaz para calmar la tos se prepara hirviendo 30 g de hojas secas y desmenuzadas en un litro de agua hirviendo. Se escaldan, se apaga el fuego y dejar reposar 15 minutos. Se cuela y se toma una tacita cinco veces al día. En dosis mayores puede tener efectos sobre el periodo menstrual. Abscesos y heridas. Se cuecen higos secos abiertos por la mitad, en leche. Se escurren, se trituran y se aplican a modo de cataplasma sobre la zona afectada. Anginas. Se cortan 4 o 5 higos secos en trozos pequeños. Se hierven 15 minutos en agua. Se cuelan, se añade miel y limón y se hacen gargarismos varias veces al día. Anticatarral y problemas respiratorios. Se hierven 25 g de higos secos y troceados en 250 ml de leche, a fuego lento durante 30 minutos. Se cuela, apretando bien la pulpa, y se toma caliente varias veces al día y antes de acostarse. Antihemorroidal. Se pulverizan dos higos secos y se mezclan con miel y harina de trigo hasta obtener una masa. Se aplica en la zona afectada. Ciática. Se hace una papilla hirviendo 200 g de higos secos troceados, 100 g de harina y 250 ml de vino hasta que los higos estén tiernos. Se extiende sobre una tela, haciendo una cataplasma y se aplica muy caliente en la parte afectada. Laxantes. Para conseguir un efecto laxante, se toma la fruta fresca, preferiblemente en ayunas. Si sólo se dispone de higos secos, se pondrán a remojo en leche toda la noche y se comerán al día siguiente. Antiverrugas. Se recoge el látex que supura al arrancar hojas o frutos. Se aplica con un algodón dos veces al día hasta que se sequen las verrugas. Si no se desprenden solas, se les puede ayudar con baños de agua caliente. Callos y durezas. El látex también es eficaz para ablandar los callos y las durezas.
En la cocina Lo normal es que se consuman crudos, tal cual, como una fruta, pero lo cierto es que son un alimento muy versátil, cuyo sabor exuberante permanece en cualquier elaboración. Los frescos resultan más jugosos, ligeros y aromáticos, y apropiados por tanto para consumir tal cual o con pocas manipulaciones, ya sea en salado o para postres. Los secos son más nutritivos y dulces y resultan deliciosos tras cocciones largas, con aderezos más intensos y en recetas de repostería más elaboradas. Luciano Villar
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Recetas
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