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Alimento estrella
Pera
Es ligera, refrescante, rica en fibra y vitaminas, y un auténtico tesoro para la salud por sus múltiples efectos beneficiosos sobre el organismo, al que ayuda a regular la tensión arterial y el colesterol. En la cocina resulta deliciosa y muy versátil.
Dice el sabio refranero: «Peras, come cuantas quieras». Y es que la pera es un alimento muy saludable. Es dulce, refrescante, sabrosa y con un elevado contenido hídrico, una fruta muy digestible con cantidades importantes de fibra, vitaminas, minerales y otras sustancias que la hacen de especial interés para un gran abanico de dolencias. En la cocina tampoco defrauda. La posibilidad de prepararla de múltiples formas permite aunar placer y salud.
Un tesoro nutricional Además de sus cualidades para el paladar, la pera posee extraordinarias virtudes nutricionales. Su riqueza en agua la convierte en un alimento poco energético por lo que resulta ideal para mantener la línea y en dietas de adelgazamiento. Destaca su alto contenido en glúcidos en comparación con el resto de nutrientes. Se trata de azúcares sencillos, principalmente fructosa, lo que la hace recomendable para deportistas en pleno ejercicio físico. La presencia de levulosa hace, por otro lado, que sea muy bien tolerada por personas diabéticas. La pera contiene asimismo una cantidad importante de fibra y muy pocas proteínas y grasas, por lo que, teniendo en cuenta el modelo alimentario actual en España, es muy aconsejable para contrarrestar un consumo excesivo de ambos nutrientes. Es digestiva, hipotensora y ayuda a regular los niveles de colesterol y de azúcar en la sangre. Contiene también cantidades moderadas de multitud de vitaminas y minerales que ayudan a cumplir la ingesta diaria recomendada de todos ellos. Así, si se consumen dos peras de tamaño medio en el postre (300 g), se cubre el 25% de la ingesta diaria recomendada de fibra, el 20% de la de vitamina C o cerca del 10% de la de ácido fólico, y todo ello con tan sólo unas 150 calorías. Esas dos peras ofrecen también una buena dosis de vitaminas del grupo B además del ácido fólico (B1, B2 y en menor proporción B3 y B6) y vitamina E.
Digestiva y depurativa El fruto del peral contiene ácidos orgánicos que le proporcionan un sabor algo ácido, aunque su efecto sobre el organismo es, como el de muchas frutas y verduras, alcalinizante. Entre los ácidos presentes en la fruta se encuentra el ácido cítrico, que es depurativo y desinfectante intestinal. Este ácido alivia los dolores de estómago, disuelve los residuos acumulados e incentiva la secreción de jugos gástricos para digerir los alimentos. Este proceso de limpieza no sólo es ejercido en el tracto gastrointestinal sino que también se produce en el páncreas y en el hígado, donde se acumulan grasas que a la larga pueden afectar a ambos órganos. También contribuye a su funcionamiento y al de la vejiga, pues es algo laxante y sobre todo diurética.
En la mesa Hoy la pera se come casi siempre cruda como postre, sola o con otras frutas, pues es muy refrescante y dulce. Las más blandas, aromáticas y jugosas son las más adecuadas para consumir como pieza de postre. Combinan muy bien con manzana, melón, melocotón y cítricos. También se usan crudas en ensalada con lechugas variadas, quesos, embutidos y frutos secos. Las lechugas que mejor encajan son las endibias y los berros, pues quedan suavizadas. En cuanto a los quesos, casa con los de sabor fuerte, como los azules o los de cabra. También aparecen en sopas frías de verano, que según cómo se condimenten pueden servirse como entrante o como postre. La pera cocinada da muchísimo juego en la cocina y se presenta en platos tanto dulces como salados. En los salados, acostumbra a acompañar carnes de alta calidad y de sabor fuerte como el pato o la caza.
Iker Larre (salud) Amanda Laporte (cocina)
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Recetas
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Su historia |
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La pera, nativa de Europa oriental y Asia occidental, ya era conocida en tiempos del Neolítico. Fue una de las frutas preferidas de los reyes persas y con posterioridad se aclimató en Grecia, donde los romanos se familiarizaron con su cultivo. Fueron ellos quienes luego la extendieron por el resto de Europa y la introdujeron en España a través de la cuenca del Ebro. En sus banquetes no solía faltar.
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