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Alimento estrella
Frambuesa
La frambuesa es una buena fuente de minerales y vitaminas antioxidantes. Está exquisita tal cual, pero sus posibilidades culinarias van mucho más allá.
La frambuesa es una de las frutas menos calóricas: sólo 32 calorías por 100 gramos. Hasta el 87% de su peso es agua, y desde luego no destaca como fuente de proteínas, grasas ni carbohidratos, aunque estos últimos resulten interesantes por ser azúcares simples como la fructosa, y fibra soluble como la pectina. En cuanto a minerales, aporta cantidades significativas de manganeso (hasta un 34% del aporte mínimo recomendado al día), hierro, magnesio, fósforo, calcio y potasio, y es baja en sodio. Destaca, como casi todas las frutas, por su contenido en vitaminas y ácidos orgánicos: betacaroteno, vitamina C, ácido fólico, ácidos cítrico, salicílico, málico, tartárico y en especial vitamina E, pese a ser extraño en un alimento muy pobre en grasas. Y desde luego, destaca ampliamente por su riqueza en sustancias fitoquímicas con poder antioxidante, como el ácido elágico, la quercitina, la cianidina, los elagitaninos o las antocianinas.
Aliadas contra el colesterol Las frambuesas son tónicas y aperitivas, es decir, estimulan el apetito. Las grasas presentes en las semillas, si bien son escasas, resultan muy recomendables. Unidas a su fibra soluble, a sus compuestos antioxidantes, como la vitamina E, y a su bajo contenido en sodio, convierten a la frambuesa en un alimento adecuado para el control del colesterol, la hipertensión y los trastornos cardiovasculares. E igualmente el aceite de sus semillas, que hoy día se puede conseguir de presión en frío, está muy indicado para el cuidado de la piel. La fibra soluble ayuda a mejorar el tránsito intestinal. Pero además, ejerce un efecto inhibidor sobre sustancias potencialmente perjudiciales para el organismo como el colesterol o los ácidos biliares. Lo que hace es unirse a esos compuestos y arrastrarlos para ser expulsados con las heces, ejerciendo una labor depurativa del organismo. Por su contenido en potasio y sodio, y la buena relación entre ambos, ejercen igualmente un efecto diurético. Deben moderarse en su consumo las personas que padezcan de insuficiencia renal y sigan dietas bajas en potasio.
Una delicia en crudo La relación en la cocina con esta fruta debe ser cuidadosa y breve, pues su delicadeza no resiste mucho trajín. De entrada, no se suele recomendar ni lavarla. Pero particularmente, aunque proceda de cultivo ecológico, no toque el suelo y se recolecte a mano con sumo cuidado, soy partidario de hacerlo, sabiendo que su piel de terciopelo se empapará de agua y que el agujero dejado por el tallo también puede retenerla. Su sabor se diluirá un poco y algunas de las más maduras pueden deteriorarse. En cuanto a su cocción, lo cierto es que el calor no las beneficia ni creo que les aporte nada positivo, al menos en cuanto a valor nutritivo, color o sabor. El calor destruye muchos de sus nutrientes más preciados, como la vitamina E y otras sustancias antioxidantes. El color se oscurece y el sabor se altera, perdiendo complejidad y frescura.
Compra y conservación La frambuesa es un producto muy perecedero. Es normal que de una tarrina se tengan que tirar unas cuantas. Al comprarlas hay que fijarse en que no haya ninguna aplastada, rota o con moho. Deben conservarse en el frigorífico y consumirse como máximo en 3 o 4 días; algunas variedades resisten más tiempo, aunque suelen ser más tiesas y duras. Si se tiene la suerte de cultivarlas en casa, además de las tradicionales mermeladas, pueden congelarse en forma de puré o coulis y también enteras. Se conservan muy bien, pero hay que tener la precaución de consumirlas rápido una vez descongeladas.
Luciano Villar (cocinero)
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Recetas
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Un tesoro para la salud |
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La frambuesa aporta valiosos nutrientes que protegen frente al envejecimiento, como las vitaminas C y E y otras sustancias antioxidantes.
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