A voz alzada
Amanda Romero
Activista por los animales
Amanda Romero
Varamiento ballenas

Varamientos masivos

Ballenas varadas, planeta enfermo

Es tristemente frecuente leer en las noticias que han encontrado ballenas varadas en la playa. ¿Estamos causando el varamiento masivo de estos animales?

Hace apenas unos días la costa de Farewell Spit, en Nueva Zelanda, se convertía en el trágico escenario de un varamiento masivo de ballenas. Más de 400 animales aparecieron encallados en la orilla y a pesar de los esfuerzos de cientos de personas voluntarias que acudieron desde todos los puntos del país para colaborar en el rescate, 300 ballenas piloto murieron y apenas 100 pudieron ser devueltas al mar.

En menos de veinticuatro horas y ante la desesperación de los voluntarios que trataban de hacer una barrera humana en la orilla para evitarlo, otras 200 ballenas encallaron en la misma zona, sumando así un total de más de 600 animales varados en apenas dos días.

¿Por qué aparecen ballenas varadas en las costas?

El desolador espectáculo de la playa neozelandesa con una fila de ballenas muertas ha vuelto a poner en el debate la preocupación por el fenómeno de los varamientos masivos y sus causas. Lo cierto es que por el momento no hay una clara explicación científica y lo que parece claro es que no se debe a un único factor.

Algunos varamientos se deben a que los animales se encuentran enfermos o demasiado débiles para nadar, por lo que la marea termina por arrojarlos hacia la orilla. En otras ocasiones, cuando las pendientes de la costa son suaves, su sónar no es capaz de detectar la proximidad de aguas menos profundas.

En cuanto al factor de la actividad humana, Project Jonah New Zealand, organización dedicada a la protección de mamíferos marinos, señala la problemática de las ballenas que sufren accidentes al colisionar con barcos en los que es habitual que sufran fracturas en sus dientes y mandíbulas, cortes profundos, daños en la columna vertebral o luxaciones en las aletas.

Grupos ecologistas han denunciado en diversas ocasiones que los parques eólicos marinos, con el ruido de los aerogeneradores y las vibraciones de las turbinas afectan tanto a los bancos de peces como a las ballenas y su sistema de comunicación, alertando así sobre la necesidad de mitigar este impacto evitando su instalación en zonas sensibles o donde habiten especies susceptibles de verse afectadas, clave a tener en cuenta en el desarrollo de las energías renovables.

También el uso de sónares en diferentes ejercicios navales afecta gravemente la comunicación de los cetáceos, confundiéndolos, estresándolos e incluso provocándoles lesiones auditivas que dificultan su capacidad para orientarse, llegando a encontrarse hemorragias en los oídos de ballenas varadas. Ejemplo del impacto de estas prácticas es el estudio que en 2012 confirmó que el sónar militar fue una de las principales causas del varamiento de zifios en Canarias, problema que desapareció tras su prohibición en 2004.

Sin embargo, los encallamientos no son el único problema que padecen estos animales como consecuencia de la intervención humana. La caza de ballenas con fines comerciales sigue vigente en países como Noruega, Islandia o Japón. Se cazan ballenas con el objetivo de extraer productos como el aceite de ballena para usos industriales y de alimentación, el espermaceti, con fines cosméticos fundamentalmente, el ámbar gris como fijador de perfumes (considerado como el más valioso de los productos de la industria ballenera), las glándulas endocrinas e hígado de estos animales para la fabricación de productos farmacéuticos o por su carne, que por ejemplo en Japón representa el 1,7% de la carne consumida en el país.

Por si esto fuera poco, enfrentan ahora las consecuencias del cambio climático y la acidificación de los océanos por el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, ya que el aumento de temperatura en las aguas también las confunde, modificando la duración, el alcance y las rutas de sus migraciones.

Así, las investigaciones sobre los parámetros de migración de las ballenas, identifican que algunas de ellas ya solo recorren la mitad de distancia que sus generaciones anteriores debido a que encuentran nuevas áreas cálidas que confunden con su destino, lo cual afecta a sus posibilidades de alimentación, encontrándose cada vez con más frecuencia ballenas con problemas de desnutrición.

Paradójicamente, las ballenas, que tan afectadas se ven por los efectos del cambio climático, son un elemento clave en la lucha contra el mismo, ya que se ha comprobado que sus heces son alimento para el fitoplacton y aportan detritos para abonar los fondos marinos que durante sus migraciones reparten por más de 20.000 km al año, lo cual resulta fundamental para el equilibrio del ecosistema marino.

Los testimonios de las personas voluntarias que han trabajado duramente por salvar al mayor número de ballenas en Farewell Split son estremecedores y hablan de la enorme sensibilidad e inteligencia de estos animales, así como de su tremendo sufrimiento.

Situaciones dramáticas como la que se ha vivido estos días en Nueva Zelanda suponen un aviso urgente, un necesario llamamiento a la responsabilidad con los animales para tomar partido, para instar a nuestros gobernantes e instituciones a que adopten políticas que protejan de forma contundente a nuestros compañeros de planeta.

suscribete Julio 2017