A voz alzada
Amanda Romero
Activista por los animales
Amanda Romero
Tauromaquia misión abolición

Misión abolición

La tauromaquia está herida de muerte

Rechazada por la inmensa mayoría de la población, la tauromaquia sobrevive solo a base de subvenciones públicas. Concretamente 564 millones de euros al año.

Hace tiempo que la tauromaquia se mantiene con vida artificialmente gracias a la respiración asistida de las subvenciones públicas.

Estamos presenciando el vertiginoso declive de una tradición cuyo sostenimiento nos cuesta cada año 564 millones de euros, algo que tendremos que explicar con profunda vergüenza a nuestros menores, a nuestros mayores, a las víctimas de violencia machista, a nosotras mismas cada vez que no podamos entender la escasez de fondos para atender cuestiones fundamentales de justicia social. Nos faltan los 564 millones que están siendo derramados de forma sangrienta en las plazas de toros y festejos taurinos.

La tauromaquia cuesta 564 millones de euros al año

El rechazo a la tauromaquia cifra a cifra

En 10 años han descendido un 56% los festejos en las plazas y 9 de cada 10 españoles jamás ha asistido a un espectáculo taurino. Según el estudio realizado por la organización World Animal Protection, un 84% de los jóvenes de entre 16 y 24 años de edad rechazan la tauromaquia.

Afirman, además, sentirse “poco o nada” orgullosos de vivir en un país donde la tauromaquia es una tradición cultural. Y el 73% no quiere que se destinen fondos públicos a la fiesta. Esto son tres de cada cuatro personas consultadas.

Otro ejemplo llamativo es que de las 1.727 plazas de toros o localidades en las que existen o se instalaron alguna vez, durante el año 2015 solo hubo algún festejo taurino en 425, es decir, el 75,4% de las plazas no se utilizaron para el fin principal para el que fueron construidas o se montaron temporalmente, según explica José Enrique Zaldívar, presidente de AVATMA.

9 de cada 10 españoles nunca ha ido a un espectáculo taurino

Misión abolición: contra la tauromaquia en España

La multitudinaria manifestación que tuvo lugar el pasado sábado 16 de septiembre en Madrid fue buena prueba no solo del desinterés de la inmensa mayoría de la población española hacia la tauromaquia, sino del creciente e imparable número de personas que activamente reclaman el fin de la misma.

Bajo el lema “Misión Abolición” miles de personas llenaron el centro de la capital en respuesta a la convocatoria del Partido Animalista PACMA y de las más de 60 organizaciones adheridas.

La protesta transcurrió por la Carrera de San Jerónimo, frente al Congreso de los Diputados, ante el cual se exigió valentía política para dar respuesta a esta realidad y establecer un marco estatal de protección animal sin excepciones.

En palabras de Silvia Barquero, presidenta de PACMA: "Hay una clara contradicción en el código penal, que ya recoge penas de hasta dos años de cárcel para quien cometa algún acto de maltrato animal, y sin embargo convive con un reglamento taurino que regula el castigo que se debe dar a los animales en cada fase de la lidia, una clara incoherencia que no ha protegido en este país a los toros".

Parece que tiene sentido hablar de “tauromafia” viendo que a pesar del posicionamiento mayoritario de la opinión pública, las actividades taurinas siguen siendo impulsadas y protegidas desde las instituciones (salvo honrosas excepciones desde algunos de los “Ayuntamientos del cambio”).

Los tentáculos del lobby taurino y su hegemonía amiguista contaminan las grandes esferas de toma de decisiones, el coso sigue siendo un escenario habitual para acuerdos empresariales y un espacio de encuentro entre representantes de algunos de los sectores más pudientes de este país como banqueros, aristócratas, políticos o jueces.

La tauromaquia es hoy bandera de la cara más conservadora, elitista, rancia y casposa de nuestra sociedad, la que nos llama antiespañoles cuando decimos que ya está bien de torturar animales por diversión, que la imagen de un apacible herbívoro ahogado en su propio vómito de sangre no nos representa.

El sábado en Madrid se sintió con fuerza el clamor de una sociedad nueva, la que rechaza la violencia hacia los que no pueden defenderse, la que sostiene que el arte y la cultura han de convivir con los valores de nuestro tiempo.

La anacrónica fiesta de la tauromaquia está herida de muerte y pronto pasará a formar parte de esas páginas de la historia que las próximas generaciones revisarán con espanto e incomprensión.

Las personas solidarias y comprometidas con el progreso tenemos una misión: la abolición. Somos millones y, como dijera Víctor Hugo, sabemos que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.

Y el tiempo de los derechos animales ha llegado.

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