Come con ciencia
Lucía Martínez
Dietista-nutricionista
Lucía Martínez
El plan de Sanidad contra los ultraprocesados

Salud pública

El Gobierno no acierta en su plan contra los ultraprocesados

El Plan de mejora de la composición de los alimentos que ha elaborado la Aecosan se queda corto a todos los niveles. ¿Qué medidas debería incluir?

En el último mes hemos tenido dos noticias candentes relacionadas con los ultraprocesados: una es el Plan para la Mejora de la Composición de los Alimentos, estrategia elaborada por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) en colaboración con la industria alimentaria y la otra la publicación de un estudio en el British Medical Journal que relaciona el riesgo de cáncer con el consumo de estos productos.

En principio parece que el nuevo plan es una buena noticia, que ayudará a paliar los augurios de la segunda. Pero lamentablemente no es así.

La estrategia que va a implementar la AECOSAN asegura una reducción del 10% de sal, azúcar y grasa en los productos ultraprocesados, con un plazo de cumplimiento que se alarga hasta 2020. Este plan ya ha recibido muchas críticas.

Pero, ¿por qué son perjudiciales los ultraprocesados?

Realmente ¿cuál es el problema de los alimentos ultraprocesados? pues lo podríamos resumir en tres puntos:

  1. Contienen alguna de estas cuatro cosas o las cuatro a la vez: harinas refinadas, azúcar añadido, sal en exceso, grasas de mala calidad.
  2. Esas cuatro cosas son muy baratas y muy palatables. Y además se conservan durante largo tiempo. Cuádruple punto para la industria alimentaria, le interesa mucho meternos a esos cuatro donde pueda, porque se asegura de que el resultado estará rico, le saldrá muy bien de precio elaborarlo, tendrá una fecha de caducidad larga y un almacenamiento sencillo. Por tanto, obtendrá de su venta una alta rentabilidad.
  3. Esas cuatro cosas no son saludables, ojo, no es que sean "neutras", no, es que son perniciosas para nuestra salud. No aportan nutrientes interesantes, solo energía (kcal) y además desplazan a los alimentos de verdad. Es doble daño: ocupamos el lugar de los verdaderos alimentos con productos que no solo no nos nutren, si no que nos enferman, como pone de relieve toda la evidencia actual.

¿Por qué no es una buena noticia el plan de la Aecosan?

La medida es un simple parche, un lavado de cara para la gran industria alimentaria que está recibiendo muchos reveses últimamente y que además se lo va a hacer con la ayuda de una agencia pública que pagamos todos.

La reducción en azúcar, sal o grasas propuesta es mínima, y no va a mejorar la calidad de esos productos ni sus efectos dañinos en la salud. Incluso puede que su consumo de vea incentivado porque ya se encargarán los departamentos de marketing de comunicar esas supuestas mejoras de manera que el consumidor tenga la sensación de estar adquiriendo un producto beneficioso que puede consumirse con más frecuencia y en cantidades mayores.

Tengamos en cuenta, que en la mayoría de productos esa reducción no llega ni a los 2g. Es como comparar tirarse desde el piso 32 de un rascacielos o hacerlo desde el piso 30.

Y por si fuera poco, el plan no contempla ninguna medida de revisión de cumplimiento, ni ningún tipo de sanción, y además es voluntario. Es decir, se parece bastante a “que parezca que hacemos algo sin hacer nada”.

¿Qué se podría hacer en lugar de eso?

Las medidas que podrían haber sido efectivas, no se llevan a la práctica porque perjudicarían en ventas a esas empresas que participan en la elaboración del plan, y que evidentemente tienen un fuerte conflicto de interés.

Medidas como regular estrictamente la publicidad, especialmente la dirigida a niños, gravar con impuestos los alimentos insanos a la vez que favorecemos los saludables, regular los reclamos de salud que se ponen en los envases, obligar a colocar mensajes de alerta (como en las cajetillas de tabaco), o regular de manera mucho más estricta la venta de esos productos en colegios, institutos, hospitales, etc, serían medidas con mucho más sentido que pasar de tener magdalenas con 29’5g de azúcar por cada 100g a tenerlas con 28g.

Si todo ello se acompañara con medidas a nivel de sanidad, como incluir a los dietistas-nutricionista en sanidad pública, medidas en educación y otras medidas políticas que favorecieran un estilo de vida saludable e informaran realmente de que es una alimentación adecuada y en qué productos debería basarse, podríamos incluso estar ante un buen plan.

Pero mientras sigan primando los intereses de las empresas frente a los de los ciudadanos, no va a ocurrir.

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