Come con ciencia
Lucía Martínez
Dietista-nutricionista
Lucía Martínez
Dieta blanda: cómo pautarla correctamente

Con cienca

Dieta blanda digestiva: no va de refrescos, fiambres ni galletas

La dieta blanda a menudo se pauta en base a ideas desactualizadas. Además, su propio nombre hace que la confundamos con la dieta de fácil masticación.

Ésta es probablemente la dieta terapéutica más pautada, por sus múltiples usos y su “popularidad”. Que no nos confunda el hecho de que se la conozca cómo “dieta blanda” ya que no tiene nada que ver con la dureza de los alimentos que la componen, esa sería una dieta “de fácil masticación” o “blanda odontológica”, adecuada cuando por algún accidente o intervención, no se puede masticar bien, pero no está afectado el sistema digestivo. O bien cuando faltan muchas piezas dentales, como puede ser habitual en los ancianos.

¿Qué es la dieta blanda?

La dieta blanda es una dieta de fácil digestión o de protección gástrica, indicada para cuando por algún motivo es conveniente dejar reposar al sistema digestivo dándole el menor trabajo posible, en general para que se recupere. Por ello es una dieta pobre en fibra, sin irritantes y pobre en grasa.

Puede ser muy estricta o bastante amplia, según el estado del paciente. Y es habitual que se vaya ampliando poco a poco a medida que mejora la tolerancia, con la idea de llegar a una alimentación normal. En sus fases más estrictas, en las que se consumen pocos alimentos, no suele mantenerse más allá de unos poquitos días.

¿Cuando se pauta?

Se usa tanto después de enfermedades intestinales leves, para recuperarse, como en la dieta de progresión tras una cirugía, o en brotes de enfermedades inflamatorias intestinales y en otras muchas patologías y/o situaciones.

Debería estar pautada por un profesional sanitario competente, que nos indicará además cómo de estrictos debemos ser en nuestro caso y controlará la progresión en la introducción de alimentos y la duración. Pero es una dieta terapéutica tan habitual que muchas veces se usa a nivel “casero” para mejorar problemas digestivos leves.

Dieta blanda, mal pautada

Hay una extendida costumbre de recomendar bebidas isotónicas comerciales en estas dietas, ya que la hidratación es clave en las fases más estrictas o cuando hay diarreas y/o vómitos. Estos refrescos no aportan los electrolitos necesarios, pero si un montón de azúcar y es un error recomendarlo.

También es habitual recomendar carnes procesadas como el jamón de york o fiambres. Y lácteos azucarados tipo flan o natilla. Junto con las clásicas galletas maría, bizcochos y magdalenas.

Es surrealista que se paute una dieta terapéutica llena de alimentos insanos que no deberían estar siquiera en una alimentación normal, y que además varios de ellos incumplen de base los fundamentos dietoterápicos de este tratamiento nutricional, como el ser bajos en grasa.

Tampoco es raro que se aconseje eliminar por completo frutas y verduras. Eso no debería suceder salvo en fases muy iniciales donde la dieta es prácticamente líquida.

O a veces, se mantiene durante demasiado tiempo una versión muy estricta de la dieta blanda, con muy pocas opciones, sin ser realmente necesario y pudiendo comprometer el estado nutricional del paciente.

Esta situación suele ser debida a la poca personalización, a la falta de medios y personal que asola nuestro sistema sanitario y a la falta de la presencia del dietista-nutricionista en sanidad pública para pautar y controlar la dietoterapia.

Dieta blanda, bien pautada

Para rehidratar, lo ideal es recurrir al suero de farmacia que puede adquirirse ya preparado, o en sobres que solamente tendremos que diluir en agua, siguiendo las instrucciones.

También puede hacerse casero, la llamada “limonada alcalina” que lleva un litro de agua, el zumo de uno o dos limones, tres cucharadas de azúcar, media cucharadita de sal y media de bicarbonato. Y evidentemente, antes que refrescos recomendaremos agua, infusiones o caldos, mejor desgrasados. Y nada de alcohol, café o té, por ser irritantes potenciales y el alcohol, además, tóxico.

Recomendar carnes procesadas no es nunca una buena idea, menos aún en una dieta terapéutica. Mejor carne natural hervida, pescado hervido, tofu blanco o huevo si se tolera, o clara, y lenteja pelada. ¡Que hay que dar opciones proteicas también a las personas vegetarianas!

Lo mismo para esos lácteos azucarados, que no son saludables para nadie, y además en este caso menos, porque suelen ser también ricos en grasa. Es mejor evitar los lácteos en fases estrictas y luego si se consumen, optar por yogur natural sin azúcar, requesón o queso fresco. Dejando la leche para el final, ya que es el lácteo de más difícil digestión y además es habitual en procesos de este tipo que la lactosa no siente demasiado bien, y es la leche la que presenta el contenido más elevado, mientras que casi no existe en el yogur porque ha sido fermentada.

Si preferimos las bebidas vegetales, la de arroz y la de almendra pueden ser las mejor toleradas en fase estricta, y luego podemos ir introduciendo avena y soja, siempre mejor sin azúcar.

Aunque es cierto que cuando nos han pautado una dieta blanda, es mejor que los cereales sean refinados, para facilitar la digestión y bajar el contenido en fibra de la dieta, tampoco deberían ser dulces de nuevo ricos en grasa. Mucho mejor cereales sin más como el arroz cocido, la pasta o el pan tostado. También es muy adecuada la patata hervida o el boniato.

¡Y nada de galletas ni bollos! Ni en una dieta blanda, ni en una dieta normal.

En general, las frutas cocidas o asadas son bien toleradas (plátano, manzana, pera, melocotón…) incluso algunas como el plátano o la papaya se toleran bien frescas. Las verduras cocidas también se pueden tomar (calabacín, calabaza, zanahoria…) evitando las muy fibrosas como el puerro, los espárragos o la alcachofa, y las más flatulentas (coliflor, brócoli y familia de las coles).

No es el mejor momento para ensaladas o grandes raciones de verdura y hortaliza cruda, mejor esperemos a recuperarnos.

Como grasa, un chorrito de aceite de oliva virgen extra en crudo, será la mejor opción.

Otros buenos consejos son: evitar la comida picante o muy especiada, mejor hacer varias ingestas pequeñas a lo largo del día que comidas copiosas, preferir temperaturas templadas a comida o bebida muy fría o muy caliente y asegurarse de masticar muy bien para facilitar el proceso digestivo.

Recordad que siempre habrá que valorar la tolerancia individual y las necesidades de cada caso, pero en nuestro entorno, con un acceso a alimentos tan grande, nunca debería pautarse alimentos insanos, bajo ningún concepto. Como si su consumo no fuera ya alarmante, como para reflejarlos como consejo en documentos sanitarios.

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