ensalada de lentejas
Come con ciencia
Lucía Martínez
Dietista-nutricionista
Lucía Martínez

Riesgo cardiovascular

Mitos sobre el colesterol que tenemos que desterrar

Durante mucho tiempo se ha usado el colesterol como medida única de riesgo cardiovascular, pero los estudios demuestran que hay mucho más.

Cuando hablamos de veganos y colesterol se oyen todo tipo de afirmaciones, desde que “el colesterol es necesario para el cerebro” y por eso los veganos están en riesgo, a que con una dieta vegana es imposible tener problemas de hipercolesterolemia.

Si a ello unimos todos los mitos e ideas erróneas sobre el colesterol que rondan por todas partes, tenemos un cóctel perfecto de ideas erróneas y consejos equivocados.

Pero vayamos por partes:

¿Es cierto que los veganos no pueden tener el colesterol alto?

Es bien sabido que solo los alimentos de origen animal contienen colesterol, por tanto una dieta vegana carece de aporte exógeno de este producto. Esto lleva a mucha gente a pensar que entonces es imposible que una persona vegana tenga hipercolesterolemia, puesto que su dieta contiene un 0% de colesterol.

Esta deducción es falsa. En primer lugar debemos saber que el colesterol que se encuentra en nuestro organismo, no procede únicamente de la dieta, si no que una gran parte la produce nuestro propio cuerpo principalmente en el hígado.

Esto es importante porque el colesterol es una molécula necesaria para algunas funciones celulares, y si nuestro cuerpo no lo produjera, las personas veganas tendrían serios problemas, cosa que no sucede. Cuando no hay aporte dietético, nuestro organismo produce el colesterol necesario para realizar las funciones.

A día de hoy sabemos que los niveles plasmáticos de colesterol no se relacionan directamente con el consumo de alimentos ricos en el mismo. Esto se creía hasta hace no mucho, y era uno de los motivos por los que se restringían por ejemplo los huevos a no más de 3 a la semana. Restricción que está a día de hoy totalmente obsoleta.

¿Entonces la dieta no influye?

Sí, por supuesto que la dieta influye en nuestro perfil lipídico, pero no necesariamente por su contenido en colesterol.

Una dieta rica en azúcar, harinas refinadas y grasas de mala calidad como las grasas hidrogenadas o los aceites refinados de semillas, tendrá un impacto negativo en nuestra salud cardiovascular y en los marcadores analíticos como es el colesterol HDL (el que llamamos bueno) que es probable que baje, los triglicéridos o el colesterol LDL (el que llamamos malo) que es probable que suba. Y esa dieta descrita podría perfectamente ser vegana.

En el lado contrario, una dieta rica en frutas y verduras, legumbres, frutos secos (y por tanto rica en fibra), con grasas saludables como la del aceite de oliva o el aguacate, probablemente mejorará esos marcadores, especialmente si se acompaña además de actividad física. Aunque esa dieta contenga varios huevos al día u otros alimentos saludables de origen animal.

Además, existen también factores genéticos que pueden hacer que nuestros niveles de colesterol estén anormalmente altos, sin que la dieta pueda hacer mucho por solucionarlo, son las llamadas “hipercolesterolemias familiares”, y por supuesto una persona vegana también puede sufrirlas. Estos casos precisan a menudo de medicación como única alternativa.

¿Es tan importante el colesterol?

No. Aunque durante mucho tiempo se ha usado como predictor del riesgo cardiovascular, hoy sabemos que como dato aislado, no sirve de mucho.

Para poder valorar el riesgo cardiovascular, debemos contemplar una foto más amplia, que incluya todo el perfil lipídico, la composición corporal (especialmente los niveles de grasa abdominal), la tensión arterial y otros indicadores.

Por ejemplo, un colesterol total alto, con un HDL alto y un LDL bajo, no será un problema. Sin embargo un colesterol total en rango, con el HDL por los suelos y un LDL alto, tiene un pronóstico mucho peor.

Así mismo, hemos vivido (y aún vivimos) años de sobremedicación “para el colesterol”, las famosas estatinas. Obviando que un buen consejo en cambio de hábitos hacia un estilo de vida más saludable, podría haber beneficiado a la inmensa mayoría de personas a las que se les administró directamente el tratamiento farmacológico.

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