Come con ciencia
Lucía Martínez
Dietista-nutricionista
Lucía Martínez
soja transgénicos

Opciones ecológicas

Los productos de soja ¿son transgénicos?

Los productos de soja tienen una mala reputación inmerecida por haber sido asociados a los alimentos transgénicos.

Leo muy a menudo en redes sociales comentarios del tipo “no consumo productos de soja porque son transgénicoshaciendo referencia a tofus, bebidas de soja, tempehs, yogures de soja… como si fuera algo aleatorio o que escapara a nuestro control. No es así. Ese miedo obedece simplemente a desinformación (o a prestar oídos a información equivocada) y en Europa no está en absoluto justificado.

¿No son transgénicos entonces los productos de soja?

La respuesta es fácil: si no lo indica el envase, no. En la Unión Europea la legislación obliga a etiquetar los transgénicos de consumo directo humano. Es decir, si una bebida de soja, un tofu o una harina de maíz contienen transgénicos, lo pone en el etiquetado. El reglamento es claro:

El envase para el consumidor final o los productos preenvasados que contengan OMG deben estar etiquetados de la siguiente forma: "Este producto contiene organismos modificados genéticamente [o los nombres de los organismos]".

De manera que, en Europa, si no lo pone en el etiquetado, no lleva transgénicos. A lo sumo puede contener trazas, siempre por debajo del 0’9%.

¿Están etiquetados los alimentos y los piensos modificados genéticamente?

La Comisión Europea lo explica de manera inequívoca en su hoja informativa:

“La legislación de la UE exige que se etiquete como modificado genéticamente todo alimento y pienso MG que se componga de un OMG, lo contenga o se haya producido a partir de él, excepto en caso de que su presencia sea inferior al 0,9 % del alimento, el pienso o el ingrediente, y sea accidental o técnicamente inevitable.”

La legislación en Estados Unidos es distinta, por eso muchos documentales o textos americanos inciden sobre esa cuestión, y es normal que viendo esa información, hagamos nuestra la preocupación. Pero lo cierto es que en la Unión Europea, dejar de consumir productos de soja por evitar los transgénicos, es un sinsentido.

En realidad es raro encontrar en los supermercados productos de soja fabricados con soja transgénica, ya que la mala imagen que tiene, haría que muchos consumidores no compraran un alimento que indicara en su envase que está fabricado con transgénicos. La industria alimentaria no es tonta, y no quiere tener que poner en sus envases una leyenda que no tienen buena prensa. Eso no significa que no existan, pero son francamente anecdóticos.

Otros productos transgénicos

Lo mismo podemos decir de los productos que contienen maíz, que es otro de los transgénicos autorizados. De hecho una conocida harina de maíz de origen sudamericano indica claramente en su paquete que está hecha con maíz transgénico. Fijaos la próxima vez que vayáis al supermercado.

Otros transgénicos autorizados en Europa son el algodón, la colza y la remolacha azucarera. A ellos les aplica, por supuesto, la misma normativa en cuanto a etiquetado.

Lo que no obliga la legislación es a indicar que "este filete proviene de una vaca alimentada con pienso transgénico", porque el pienso de los animales de cría intensiva sí que contiene transgénicos casi siempre, y debe venir indicado en su etiqueta, pero claro, el consumidor no tiene acceso al etiquetado del pienso. En ese caso para evitarlo hay que irse al producto ecológico.

De manera que una persona que tenga una alimentación tradicional, con un consumo habitual d cárnicos y pescados de cría intensiva, está consumiendo transgénicos en mayor medida que una persona vegetariana que tome habitualmente productos de soja y lea el etiquetado.

Me gustaría hacer hincapié además, que los motivos más poderosos para evitar los transgénicos no son los de salud, que tal vez sean incluso los que están menos claros. Lo explica de maravilla mi compañero Alejandro Moruno en este artículo de El Diario.es, a raíz de aquella famosa carta de los premios Nobel a Greenpeace.

La defensa de la soberanía alimentaria, la conservación de ecosistemas y diversidad o la sostenibilidad son argumentos lo bastante potentes para evitarlos, sin necesidad de caer en mensajes de salud amarillistas o directamente falsos.

Insisto, la elección de alimentos es una elección política y ética. No solo de salud. No apoyéis modos de producción con los que no estéis de acuerdo.

Y recordad leer las etiquetas, si os preocupan los transgénicos ya tenéis un motivo más para hacerlo.

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