La voz de Roy

Tenemos que cuidar a las personas

Las personas nos duran horas, segundos. Y ya nos las hemos terminado. Como una serie que ves al doble de velocidad porque quieres ver más capítulos en el menor tiempo posible. Pero lo que sucede es que no te estás enterado de nada. Que te has perdido lo que te querían contar.

La voz de Roy es un podcast del escritor Roy Galán para la revista Mentesana. Escúchalo y compártelo.

Los cuidados son lo más revolucionario del mundo.
Porque no existe la vida sin cuidados.
Tampoco el amor.

Sin cuidados absolutamente todo se pudre.
O no llega a nacer.
Nuestro mínimo debería ser poder reclamar que nos cuiden bien.
El buen trato.
Ese buen querer que parece tan sencillo y tan complicado es.

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Porque parece que nos han extirpado la empatía.
Que somos incapaces de ponernos en el lugar de los demás.
De intentar entender sus historias y sus humores.
De hacer algo tan básico como es escuchar en silencio.

Sin esperar nada.
Sin tener que apuntillar nada, sin tener que quitar la razón, sin buscar convencer, ni parecer nada.
Con la única intención de comprender a la otra persona.
De ver qué necesita.

Le preguntamos a la gente cómo está y después del bien de rigor empezamos a soltar nuestra mierda sobre los demás.
Usamos al otro como excusa para hablar de nosotros.
Y así nos va.

Usando a las personas como si fueran bricks.
Mercantilizando con sus afectos y con sus ilusiones o miedos.
Devolviendo a aquellas personas que no cumplen con la función prometida.

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Cambiándolas por otras más jóvenes.
Por ese nuevo modelo.
Sin tener un mínimo de paciencia.

Las personas nos duran así horas, segundos.
Y ya nos las hemos terminado.

Como una serie que ves al doble de velocidad porque quieres ver más capítulos en el menor tiempo posible.
Para sentir que has visto más.
Que has vivido más.

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Pero lo que sucede es que no te estás enterado de nada.
Que te has perdido lo que te querían contar.
La belleza de la imagen, la profundidad, los detalles.

No podemos consumir a las personas.
No podemos obviar sus necesidades.
No podemos instrumentalizar nuestros afectos.

Hacer como si no importara.
Como si no fuera relevante.
Tenemos que cuidar a las personas.
Es el mínimo.

Estemos con ellas cinco minutos en un tren o en una cama.
O treinta años compartiendo casa.
Tenemos que cuidar porque eso es lo que revalida nuestra humanidad.

La cura contra el odio del mundo.
La confirmación de que podemos ser mejores.
De lo que nos soñaron alguna vez.

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