Lucho Iglesias

Vida sostenible

Lucho Iglesias: "Podemos crear paraísos en la tierra"

Para este apasionado defensor de la permacultura, cultivar bien la tierra es la base para cuidar bien de todo lo demás. En ello se basa el modo de vida integrado con la naturaleza al que dedica su nuevo documental.

Montse Cano

Utopía, una palabra mágica que nos hace avanzar, fue la elegida por Lucho Iglesias como título para su primer documental (2008). Ahora acaba de estrenar Cambio permanente, en el que nos habla de los milagros que obra la permacultura en la tierra y en la gente.

Lucho Iglesias es diplomado por la Academia de Permacultura de Gran Bretaña, descubrió la permacultura en los noventa y practica y estudia Higienismo también desde entonces. Desde 2004 imparte cursos avanzados de introducción a la permacultura y cursos certificados por la Academia inglesa.

Su nuevo documental Cambio Permanente recoge su testimonio y el de su compañera Matricia Lana, junto con el de otras personas implicadas en el cambio de paradigma que implica la permacultura.

La permacultura vista por Lucho Iglesias

En el año 2000, Lucho Iglesias y Matricia Lana compraron una finca abandonada a orillas de río Grande, entre Coín y Málaga. Allí fundaron Caña Dulce, una escuela de permacultura, con el deseo de poder experimentar y enseñar una forma de vida sostenible.

En Caña Dulce son 6 o 7 personas trabajando a diario en el campo y de forma autosuficiente. Allí la permacultura se vive creando de todo donde antes no había nada: árboles, construcciones, huertos, energías…

"Un sueño para muchas personas como nosotros, que hemos sido ayudados por voluntarios, familias, colaboradores, vecinos, cursillistas…", comenta Lucho sobre el proyecto. "Ver el cambio es totalmente gratificante".

—En tu nuevo documental, muestras una tierra casi yerma convertida en pocos años en un vergel. ¿Qué tiene la permacultura para lograr esa transformación?
—El objetivo es divulgar este sueño hecho realidad. Hemos querido mostrar esta ciencia holística, que me cambió la vida y que abarca diferentes áreas, porque intenta unir, crear mutualismos, sinergias…

Es maravillosa porque consiste en hacer una cultura de paz, de crianza, porque si tenemos humanos sanos tendremos sociedades sanas…

—Creía que solo hablarías de cultivos. Pero hablas de crianza, salud, biodiversidad, autogestión…
—Sí, la permacultura parte de lo esencial, que es el cuidado de la tierra, ya que sin él no existe el cuidado de las personas y todo lo demás.

Ponemos ahí mucho énfasis, porque creemos que el cambio de paradigma empieza por la alimentación, pero a partir de ahí queremos generar una cultura que pueda perdurar. Por eso la contracción de «permanente» y «cultura».

"El cambio de paradigma empieza por la alimentación, pero a partir de ahí queremos generar una cultura que pueda perdurar."

—Aparecen otras personas además de ti. ¿Buscaste a otros que hubieran vivido un cambio similar?
—Son personas muy comprometidas con ese cambio de paradigma. Algunas personas, no se sabe por qué, tenemos una devoción parental por la naturaleza y por nuestros semejantes, y dedicamos muchísimo tiempo a intentar mejorar las cosas y salir de esta inercia destructiva con el medio ambiente y las sociedades.

Para mí son ejemplos y los admiro muchísimo, como Sonia Rubio, que es una ecoheroína que lo da todo por esa transformación. Pedro [Burruezo], Ángeles [Parra], mi propia compañera, Matricia, Karmelo Bizkarra…

—Me parece reseñable lo que dice el doctor Bizkarra: que solo es posible la salud si comemos alimentos vivos. ¿En qué son mejores los alimentos que cultiváis en Caña Dulce?
—Llevo 25 años experimentando el higienismo y la alimentación ecológica, y mi experiencia me dice que comer alimentos frescos y buenos te da más calidad de vida. Y lo sientes en tus pensamientos, en tu estado de ánimo, en tu cuerpo…

"Mi experiencia me dice que comer alimentos frescos y buenos te da más calidad de vida."

—En un momento se te ve experimentar con extractos de plantas y se entiende que no es necesario envenenar la tierra ni los alimentos...
—Hay muchas líneas de investigación en la producción de alimentos: agricultura ecológica, biodinámica, permacultura… Y la agricultura ecológica es una ciencia sofisticada con un vademécum impresionante. Tenemos soluciones para todo sin necesidad de envenenarnos con fungicidas, insecticidas y demás.

—¿Podrías darnos un ejemplo sobre vuestra forma de experimentar?
—Una planta que nos enamora es la ortiga, porque es polifuncional: evitas que vengan los insectos, pero no los matas ni matas la fauna auxiliar que depreda esos insectos. Pero, sobre todo, lo que buscamos es restablecer el equilibrio a través de la biodiversidad funcional.

La naturaleza tiene un principio de homeostasis, como nuestro cuerpo: si le das la posibilidad es capaz de regenerarse y curarse a sí mismo. Por ejemplo, si tienes un exceso de babosas en un huerto, un simple estanque, como el nuestro, con 20 ranas. Todas las noches comen infinidad de babosas.

"La naturaleza tiene un principio de homeostasis, como nuestro cuerpo: si le das la posibilidad es capaz de regenerarse y curarse a sí mismo."

Eso nos encanta en la permacultura: crear refugios para predadores, perchas, cajas nido…

—¿Qué está pasando con los suelos?
—Tenemos un gravísimo problema y resume el llamado proceso de regresión: cada día tenemos más personas, más nacimientos, y menos tierra cultivable por un proceso de erosión, de maltrato del suelo.

Hemos fundido la gallina de los huevos de oro explotándola al máximo. Cuando llega la agroindustria, durante unos años saca a estas tierras fértiles un rendimiento importante, pero esto degrada, erosiona y al final manda el suelo fértil al fondo del mar. Y esto nos va a llevar a una situación muy delicada, porque si perdemos el suelo perdemos el juego.

"Cada día tenemos menos tierra cultivable. Hemos fundido la gallina de los huevos de oro explotándola al máximo."

Esto lo saben bien poblaciones como Haití, que debido a los cultivos coloniales (cacao, café, té o caña de azúcar) han perdido sus suelos fértiles. Y los pueblos sin suelo son los más pobres de la faz de la tierra.

—En cambio, dices que la permacultura es una cultura de paz, ¿por qué?
—Porque vivimos en una cultura muy belicista, con nosotras mismas, los niños, los mayores… no los queremos en casa. Con los alimentos igual. Parece que tenemos de todo, pero las manzanas, por ejemplo, llevan más de 30 tratamientos químicos.

Es fundamental experimentar las vías para llegar a la paz. Y la permacultura puede ser muy útil.

"Vivimos en una cultura muy belicista, con nosotras mismas, los niños, los mayores… no los queremos en casa."

—¿Es Cambio Permanente una invitación a que nos cuestionemos nuestra forma de vida?
—Soy consciente de que la permacultura es para un sector muy pequeño de la sociedad. Pero hay mucha gente a la que le encantaría poder hacer algo así. Sobre todo, he pensado que llegue el mensaje a ese porcentaje que pueda hacer algo similar.

Como me pasó a mí en su día, que me llegó esta información y me dije: «Esto es lo que me gustaría, crear un paraíso en la Tierra», un sitio de muchísima belleza. Porque estos espacios tienen esa magia, pero a la vez esa funcionalidad. Son una fuente de inspiración permanente.

Como digo en el documental, para mí es el arte de todas las artes, porque es cómo me relaciono con la tierra y con mis semejantes sin agredirlos y potenciando la vida todo lo posible. Por eso mi principal objetivo es dar a conocer la permacultura.

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