Pedro Burruezo

Entrevista

"Si quieres salvar el mundo, inicia la revolución en ti mismo"

Ya sea escribiendo, componiendo, cantando o tocando un instrumento, Pedro Burruezo defiende una visión del mundo como un tesoro sagrado que conservar.

Montse Cano

Encasillar a Pedro Burruezo como ecologista sería quedarse solo con una de las múltiples caras de su rica personalidad.

Dirige la revista The Ecologist desde hace más de 15 años, pero también se define como hortelano orgánico, músico, compositor, aspirante a sufí…

Entrevista a Pedro Burruezo

—De los retos ecologistas actuales, ¿crees que el del cambio climático es el más importante?
—Sin duda. El clima de la Tierra tiene un frágil equilibrio, que está siendo puesto en peligro por la actividad empresarial despiadada y suicida.

Todas las previsiones se están cumpliendo. Caminamos hacia el desastre. Trump es un loco, pero en esto y en otras materias los demás no son mucho mejores que él.

La infertilidad es otro gran desastre del que se habla muy poco. Y también toda la actividad geoestratégica oscura llevada a cabo por usureros y especuladores y agencias de inteligencia que provocan guerras, sufrimiento, miseria, dolor…

El clima de convulsión general, además, provoca el fanatismo y la salida por la tangente de terroristas de uno y otro lado que contribuyen con más sufrimiento todavía. Pero para mí el desastre mayor es el aturdimiento de las conciencias y la construcción de una sociedad que no solo vive de espaldas al hecho espiritual, sino que lo niega y que le repugna.

Todos los demás desastres se derivan de este. Lo peor que podría pasar es que fuéramos capaces de construir una sociedad completamente ecológica, pero sin alma, ¿no?

—¿Y cuáles crees que han sido las grandes victorias del ecologismo?
—Te hablaré de la gran batalla perdida (hasta ahora), que es la que más me interesa: la usura.

La usura como motor de la economía es causa de una gran devastación medioambiental, social y hasta familiar y emocional. Es devastadora, corrompe, destruye, saquea. Es el motor de una economía asesina.

Hay que ponerle freno en lo personal y en lo institucional. Hay que ponerse manos a la obra en ese asunto. Cada uno, en lo que le atañe. El mundo ecologista consigue ganar pequeñas batallas y esto me parece muy bien.

Y The Ecologist trabaja fervientemente en todo ello. Necesitamos una visión holística del mundo como lo que es: algo sagrado, un tesoro que debemos conservar. En su totalidad. Y no parches políticamente correctos. En esto, la obra de la gran Vandana Shiva me ha ayudado mucho a ver el mundo con profundidad.

Agricultura y cosmética ecológicas

—En The Ecologist habéis analizado muchísimo los beneficios de la agricultura ecológica. ¿Esa batalla informativa está ganada?
—Es una de las batallas que mejor resultado ha dado.

La opinión pública sabe ya que la comida convencional está envenenada y que es causante –junto a otros factores– de la pandemia de cáncer o de la esterilidad de una buena parte de la población.

Otra cosa es que los fondos de inversión se están apoderando de las principales empresas de alimentación ecológica y no sé adónde llevará eso. Los alimentos ecológicos deben poder llegar a todos los hogares. Sin olvidar que sean locales, artesanos, etc.

—Transgénicos, monopolios, pérdida de biodiversidad… ¿Cuáles son los peligros actuales en la alimentación?
—Son tantos que no sabría por dónde empezar. Hay que descontaminar de organismos modificados genéticamente nuestra alimentación.

Hay que descontaminar nuestros alimentos de los químicos que nos enferman y que nos esterilizan y que acaban con la biodiversidad y fertilidad del planeta. Hay que acabar con la especulación alimentaria que produce hambrunas y concentra el poder en monopolios insanos y peligrosos. Hay que volver a una alimentación local, campesina, biodiversa, sabrosa, ecológica, artesana y familiar.

—Un reciente número de The Ecologist está dedicado a la cosmética. ¿Por qué reclama la denuncia ecologista?
—La cosmética convencional atenta contra la salud de los ecosistemas y de los consumidores.

Ya es el segundo monográfico dedicado al tema. Nuestra labor es denunciar estos hechos, sus consecuencias y, al mismo tiempo, proponer las alternativas.

—¿Hay problemas demasiado incómodos políticamente, como el de la contaminación del aire, y que por eso no se atajan en serio?
—Hay muchos tipos de contaminación a los que enfrentarse. La nuclear, la química, la mental, la electromagnética, la acústica, la lumínica…

Hay que hacer todo lo posible para vivir, al menos en nuestro corazón, al margen de todas estas fuentes de toxicidad. Hay que procurar llevar una vida en armonía con la naturaleza en todos los sentidos. Actuando desde lo local, lo familiar y lo global.

Dar un paso más con la ecología profunda

—Pero da la sensación de que la mayoría de las personas apenas son conscientes de ello.
—No tienen consciencia de todo lo que está pasando y, es más, tampoco les interesa demasiado. Soy poco optimista en este aspecto. Y me fío poco de nadie.

Mira el comunismo dónde acabó. Algunos remedios son peores que la enfermedad. Vivimos en un mundo que, siendo el teóricamente más civilizado de la historia, es el más corrupto en todos los sentidos, el que más muertes provoca, el que más suicidas crea, el que más armas fabrica, el más depredador…

Prefiero no hablar de algunos presuntos gurús y ecologistas que han sembrado el caos a su alrededor. Por no hablar de la cutre egolatría de algunos "altruistas". Las obras de Edward Goldsmith, Vandana Shiva, Jerry Mander, Hossein Nasr… sí creo que representan caminos de luz y de sabiduría a seguir.

Yo soy un aspirante a sufí que cree que, si quieres salvar el mundo, es preciso que inicies la revolución en ti mismo, contra tu propio ego. Luego hablamos de lo demás.

—La verdadera razón de ser de la revista The Ecologist es la ecología profunda. ¿En qué consiste?
—Incluye una parte espiritual que la ecología convencional desconoce y desprecia. En realidad, la ecología convencional está muy bien, pero se queda a mitad del camino.

No hay que proteger el árbol porque guarda la humedad, es cobijo para la avifauna o enfría el clima, sino, en primer lugar, porque es sagrado. La ecología convencional corre el peligro de caer en los mismos presupuestos materialistas que la sociedad a la que pretende enfrentarse.

La ecología profunda es otro mundo y, aunque también se apoya en la ciencia independiente, la excede, no por debajo, sino por arriba. No solo aporta paz para el mundo, sino para nuestra alma enferma. Si no sanas primero tus heridas, ¿cómo vas a sanar el mundo?

Pedro Burruezo posee una personalísima obra. Es autor del libro-cd Misticísssimus (Satélite K/T-sunami) y del ensayo Ecología y espiritualidad (Ed. Obelisco).

Su último disco es Dervishes & Troubadours. "Es un disco con dos partes diferenciadas. Una primera dedicada al sufismo musical del siglo XXI, mi gran apuesta artística. Y otra parte más dedicada a la música trovadoresca. Siempre con un prisma personal y con excelentes músicos, como Wafir S. Gibril, Maia Kanaan y Jordi Ortega, entre otros. La fealdad y la destrucción del mundo hay que combatirla aportando toda la belleza que seamos capaces de crear. Es un antídoto contra la destrucción, es ponerse en contacto con lo divino y con el alma del universo".

La película Las 3 vidas de Pedro Burruezo (música, ecología, espiritualidad), de José López, retrata a una persona multifacética que intenta, desde la revista The Ecologist, editada por la Asociación Vida Sana, y con su música, acercar al público una visión del mundo que huye del materialismo tecnocientífico y busca la armonía profunda con la naturaleza.

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