Philip Lymbery

Entrevista

"La carne se paga 3 veces: al comprarla, con los impuestos y al tratar sus efectos secundarios"

En su libro La carne que comemos, Philip Lymbery explica con datos y argumentos sólidos por qué la ganadería industrial perjudica la salud y al planeta.

Lorena Ortiz H. Alcázar

Tres veces al día, me decía Philip, tres. Y a lo largo de la entrevista, me lo repitió varias veces… Me miraba fijamente a los ojos y repetía de nuevo, "tres veces al día… son muchas veces". Ojalá tuviéramos tres oportunidades (con cada comida), para poder rectificar algunas decisiones a lo largo de nuestra vida.

En La carne que comemos (Alianza Editorial), Philip Lymbery cuenta cómo la ganadería industrial y las decisiones que tomamos a la hora de alimentarnos son responsables del desastre ecológico, del deterioro de nuestra salud y del sufrimiento animal.

Se hace difícil creer que un sistema de alimentación, practicado desde hace tantos años, sea tan dañino…

"La ganadería industrial es el resultado de muchos años de políticas gubernamentales"

—¿Todavía hay demasiada gente que duda de las repercusiones del consumo de carne sobre la salud?
—Creo que poner en cuestión la cantidad de carne que comemos empieza a ser algo que la gente acepta, no solo en medios puntuales más sensibles a esta información, sino en general.

Pero también hay gente que aún no es consciente de los costes reales de la carne barata. La pagamos varias veces: cuando la compramos, a través de nuestros impuestos (para las ayudas a la ganadería industrial) y con los costes para resolver los efectos que esta ganadería tiene sobre el medio ambiente y la salud humana.

A todo esto habría que sumar el sufrimiento animal, que no se contabiliza en dinero…

—He leído tu libro y he revisado sus fuentes. Las referencias pertenecen a investigadores y organizaciones destacadas dentro de la comunidad científica. Con todas las advertencias de los expertos, ¿cómo es posible que no haya una regulación mejor?
—Creo que en gran medida se debe a que las raíces de la ganadería industrial tienen más de cincuenta años.

La ganadería industrial es el resultado de muchos años de políticas gubernamentales. De grandes ayudas públicas al sector, que es impulsado por grandes empresas que están ganando muchos millones de dólares. Empresas de piensos, de fármacos veterinarios y de maquinaria agrícola que obtienen grandes beneficios al perpetuar este tipo de ganadería.

Pero nos enfrentamos al problema de que hay más de mil millones de personas que pasan hambre en el mundo.

La ganadería industrial en españa

"Si queremos acabar con el hambre en el mundo debemos luchar con las mega granjas industriales"

—¿Y cuál es la propuesta de estos poderes para solucionarlo?
—Los gobiernos y estas grandes empresas dicen que sigamos así, que produzcamos más, más mecanizado, más industrial y más rápido… porque tienen sus propios intereses.

Pero lo que yo quiero dejar claro es que la única solución pasa por cambiar por entero este modelo de producción, porque continuar con el que ya tenemos solo puede suponer que el sistema alimentario acabará por estallar antes de lo que pensamos.

—¿Alguna vez te has sentido cuestionado por tu actividad?
—¡Por supuesto! Todo el tiempo. Me cuestionan los intereses comerciales que defienden la ganadería industrial.

Mi organización, CIWF (Compassion in World Farming), no tiene un camino fácil. Trabajamos contra las grandes patronales de la ganadería industrial en todo el mundo, que nos argumentan que lo que decimos no es cierto.

Pero poco a poco, sin perder terreno, la verdad se sabe. La gente empieza a conocer que la alimentación procedente de la ganadería industrial no es respetuosa con los animales, tampoco es sostenible y, desde luego, no es saludable.

Si queremos acabar con el hambre en el mundo, lo mejor que podemos hacer es luchar contra este tipo de ganadería, porque incrementar el número de mega granjas solo puede empeorar la situación. Es un problema enorme que nos afecta a todos, en todo el mundo, a todas las clases económicas, a todos los seres humanos, a todas las especies animales y, por supuesto, al planeta.

"Podemos cambiar nuestros hábitos para crear un mundo mejor"

—¿Quién es el verdadero responsable de esta situación? ¿Los lobbies, los gobiernos o los consumidores?
—Creo que los gobiernos deben asumir el problema.

Nos encontramos con degradación ambiental, crueldad animal, problemas de salud pública derivados de la alimentación industrial y reducción en la calidad de la comida. Los gobiernos han prestado demasiada atención a los intereses de las empresas farmacéuticas, las agroquímicas y las proveedoras de productos al mundo agrícola.

Pero, indudablemente, los consumidores podemos elegir lo que comemos y tenemos un papel fundamental en este proceso.

—¿Qué solución propones al alcance del consumidor?
—En mi libro no solo expongo los problemas, también las soluciones. Es una historia de esperanza, porque explico de qué manera podemos cambiar hábitos para crear un mundo mejor.

Tres veces al día… a través de las elecciones que tomamos, cuando decidimos qué vamos a comer cada día.

—¿Cuál es tu próximo proyecto?
—Estoy dando a conocer mi nueva investigación, Dead Zone ("zona muerta", publicado en inglés por la editorial Blooomsbury).

Analizo los problemas de la agricultura industrial a través de las especies animales salvajes que están en peligro de extinción. El impacto en los jaguares, en los pingüinos, en los elefantes…

Y nuevamente con más datos, con nuevas informaciones y sobre todo con soluciones a través de las elecciones que hacemos cada día.

Philip Lymbery ha recorrido el mundo investigando y documentando las consecuencias de la ganadería industrial. Es director ejecutivo de la organización internacional para el bienestar animal Compassion in World Farming (CIWF).

Enérgico y crítico con las prácticas abusivas con los animales, sus campañas han contribuido a importantes victorias legislativas, como la prohibición de las jaulas en batería para gallinas y las jaulas para terneras en la Unión Europea.

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