William Richards

Terapias alternativas

"Las sustancias psicodélicas ayudan con el cáncer y las adicciones"

William Richards usa la psilocibina para paliar el sufrimiento en enfermos; las experiencias místicas que induce dan otro sentido a la vida.

Gema Salgado

William Richards ha experimentado durante más de 25 años los efectos de las sustancias psicodélicas con sus pacientes, especialmente en el terreno del cáncer y las adicciones, y los resultados han sido sorprendentes.

Buena parte de ellos experimentaron una conexión mística bajo los efectos de la psilocibina (un compuesto alucinógeno).

Entrevista a William Richards

—¿Cómo descubrió que las sustancias psicodélicas eran una puerta de conexión con diferentes dimensiones de la realidad?
—Entré en contacto con este conocimiento en 1963, cuando estudiaba en Alemania.

Participé en un experimento con psilocibina en la clínica de la universidad, en una época en la que era legal hacerlo y ni siquiera se veía como algo controvertido. Para mi sorpresa, durante esta experiencia tuve una vivencia mística trascendental y el resto de mi carrera profesional ha sido un camino para entender mejor lo que sucedió y aplicarlo a la psicoterapia.

—La psilocibina facilita las experiencias místicas y el cambio personal…
—Sustancias como la psilocibina y el LSD pueden catalizar, propulsar y acelerar el proceso psicoterapéutico y producir experiencias de tipo trascendente, aunque no siempre.

Para muchas personas requiere confianza en quien se lo administra, mucho coraje, también una dosis adecuada de la sustancia y que sea una sustancia pura, sin adulterar.

—¿Adónde conducen?
—Normalmente se abre una profunda convicción de que existe una misión espiritual en el interior de los seres humanos.

Que la naturaleza última de la realidad está compuesta de belleza, orden y amor. Como dijo el filósofo y psicólogo William James a principios del siglo pasado, esas experiencias no solo eran emocionales; también implicaban un conocimiento que llamó noético, un conocimiento intuitivo de la naturaleza de la realidad.

—¿Y qué otras cosas se vislumbran?
—Por ejemplo, que todos los seres humanos tienen un valor intrínseco y que estamos interconectados a cierto nivel, como formando una red perfectamente conectada.

Eso produce una base para una ética personal. Por ejemplo, para respetar la vida, los derechos humanos…

Favorecer un cambio de actitud

—¿De qué forma ha visto transformarse la vida de esas personas?
—En el contexto en que nosotros trabajamos, en la mayoría de ocasiones la persona toma la sustancia una única vez, pero la memoria de esa experiencia es tan profunda que persiste a lo largo del tiempo.

Y además estas experiencias pueden ser inducidas de otras maneras, no solo por sustancias, pueden suceder espontáneamente. Hay mujeres que durante el parto también las tienen. Durante la meditación se puede entrar en este ámbito. Entonces la experiencia se convierte en un recurso interno accesible para el resto de la vida.

—Ha usado psilocibina con enfermos terminales de cáncer…
—Uno de los proyectos de investigación que llevamos a cabo en la Universidad Johns Hopkins con psilocibina desde 1999 está dirigido a pacientes terminales de cáncer.

El objetivo no consiste solo en aliviar la angustia emocional y el dolor físico agudo que acompaña a esta enfermedad, sino también en ofrecer a estos pacientes una oportunidad para acceder a estados místicos y cambiar su actitud ante la muerte.

Cuando estas personas tienen una experiencia de tales características se reducen mucho los niveles de presión y de ansiedad que les produce saber que van a morir en poco tiempo. Vuelven a ser abiertas en lo personal.

También les ayuda a estar más presentes en el día a día. La propia experiencia les suele hacer perder el miedo a morir.

—También se tratan las adicciones…
—Sí, porque las vivencias que se producen durante estas experiencias cambian el concepto que tiene la persona de sí misma.

Una persona adicta con problemas de autoestima no se siente tan débil ni tan dependiente de la adicción, sino que a través de esa experiencia encuentra unos recursos internos que hasta entonces no había reconocido y con los que puede combatir la adicción.

—¿Se convertirá en un tratamiento?
—De momento se está investigando. En la Universidad Johns Hopkins se están enfocando en la adicción a la nicotina.

Han hecho un estudio piloto con resultados muy prometedores: entre el 60-80% de personas adictas a la nicotina dejaron de fumar después de realizar tres sesiones con psilocibina. Había algo de psicoterapia antes y un poco de integración después.

El núcleo del tratamiento en sí fueron dos meses y luego hacían unas entrevistas de seguimiento, y a los seis meses entre un 60 y 80% seguían sin fumar. Es un resultado mucho más importante que el conseguido con cualquier otra técnica. Por eso se han abierto otras líneas de investigación en Nueva York con adictos al alcohol y un estudio más grande con nicotina.

La psilocibina es un compuesto natural enteógeno, presente en unas 200 especies de hongos. La psilocibina se extrae farmacológicamente y se está empleando en tratamientos experimentales.

Reduce la ansiedad en pacientes con cáncer terminal y mejora los síntomas de trastornos graves como el obsesivo-compulsivo.

La psilocibina es capaz de reducir el dolor extremo en las cefaleas en racimos y prevenir ataques o distanciarlos.

Experiencias místicas

—LSD, psilocibina, ayahuasca…¿Cuál es la mejor sustancia para la experiencia mística?
—Estas sustancias son llaves universales para abrir la puerta a los mismos reinos de la conciencia o a los estados de conciencia de experiencias místicas o trascendentes.

Una de las ventajas de la psilocibina es la duración de la experiencia, unas seis horas, mientras que con el LSD son ocho horas, si no más. Además, con psilocibina se llega antes a la parte álgida del efecto, que es donde se producen experiencias más productivas para la psicoterapia, mientras que con el LSD el efecto es más lento.

Otra ventaja de la psilocibina es que ha sido utilizada durante más de 2.000 años por otras culturas en sus rituales y esto da un gran apoyo a su valor y a la seguridad de la sustancia a nivel físico y fisiológico.

—¿Y la ayahuasca?
—Es muy similar a la psilocibina y muy útil porque también contiene DMT [dimetiltriptamina], pero con la ayahuasca no se suelen realizar investigaciones porque es una planta… y necesitas que sea solo una molécula para obtener los permisos.

—María Sabina, la popular curandera indígena que curaba con hongos psilocibes, decía que los hongos nos hablan, nos conectan con el todo y nos enseñan a obrar con rectitud…
—Sí, tanto en los rituales con peyote en México como en los rituales con ayahuasca en toda la cuenca amazónica en diferentes comunidades indígenas y en otros grupos que utilizan los hongos, existe la creencia de que hay un maestro, un guía interno que nos enseña a través de estas sustancias.

En tales contextos, cuando toman estas sustancias en grupo no lo hacen para colocarse o para pasarlo bien, sino para buscar respuestas, lo cual implica a veces pasar momentos difíciles durante la experiencia.

La experiencia te lleva a los límites de un nivel de desarrollo personal o espiritual que has alcanzado y a partir de ese punto parece que te enseñe qué es lo siguiente que tienes que aprender.

—¿Hay malos viajes?
—Puede haber experiencias de pánico, paranoia y confusión con estas sustancias, pero son muy poco probables en un contexto médico controlado, como en el que yo he estado trabajando.

Hay una serie de variables muy poderosas que marcan la diferencia: tomar la sustancia persiguiendo un objetivo o propósito, que implicaría la preparación de la persona, y el contexto en el que se hace y la integración.

Hay todo un arte de cómo navegar en estos reinos del mundo interior de la conciencia que uno puede aprender en la preparación de las sesiones que se realizan.

—Su colega Stan Grof dice en su libro El juego cósmico (Kairós, 1999) que el universo está impregnado de alma y que cuando la psique individual alcanza su máximo potencial posee la misma identidad que el principio creador universal. ¿Comparte esta visión?
—Totalmente de acuerdo. De hecho, las investigaciones que hemos conducido apoyan esta idea.

Theillard de Chardin, que era paleontólogo, decía que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. La administración de psicodélicos comienza a validar esta perspectiva.

No es casualidad, es sincronicidad

Crecimiento personal

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—Como psicoterapeuta, estudioso de la teología sagrada e investigador con sustancias psicodélicas, ¿cuál es su concepto de Dios?
—Recientemente he escrito un libro Sacred Knowledge (Conocimiento sagrado) donde recojo las diferentes categorías o tipos de experiencias que se pueden tener con los psicodélicos y su relevancia, no solo para la medicina, sino también para la educación y la religión.

Cualquier ser humano puede tener estas experiencias místicas en las dos tipologías básicas que en el estudio de las religiones comparadas aparecen: la experiencia mística en el sentido de una conexión personal con la divinidad, como en el caso del cristianismo o el judaísmo, o la experiencia mística en el sentido hinduista (atman-brahmán), donde la persona se conecta con el todo, pero uno mismo es parte de esa totalidad.

No es cuestión de discutir cuál de estas experiencias es más real, sino que las dos se pueden experimentar.

Convivir con la tecnología sin dañar la salud

Contaminación electromagnética

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—¿Qué opinión le merece nuestro presente, donde convive una gran evolución tecnológica con grandes desajustes sociales y climáticos?
—Mi esperanza es que un uso responsable de las sustancias psicodélicas pueda equilibrar algo los desequilibrios entre avance tecnológico y la parte emocional y espiritual, e impedir que nos dirijamos hacia la autodestrucción.

Quiero añadir que estas herramientas son muy poderosas y serían el equivalente al telescopio para la astronomía o el microscopio para la biología en lo que respecta al desarrollo de la psicología y el estudio de la conciencia, y son herramientas sumamente valiosas para el estudio de la mente humana y de la conciencia; para el estudio de las experiencias místicas y religiosas.

William Richards es psicólogo del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos). Estudió con Abraham Maslow, uno de los fundadores de la psicología humanista, y cuenta con varias maestrías en Teología sagrada.

Entre 1967 y 1977 realizó psicoterapia con psicodélicos. Desde 1999 ha participado en estudios con psilocibina con enfermos terminales y personas con adicciones.

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