«La Comisión Europea no sabe nada de disruptores endocrinos»

Entrevista a Stéphane Horel

«La Comisión Europea no sabe nada de disruptores endocrinos»

La Unión Europea tiene que regular las sustancias químicas que alteran las hormonas, pero la presión de la industria química lo está frenando

Ingrid Wenzl y Montse Cano

Los disruptores endocrinos son sustancias ajenas al cuerpo que pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo y causar serios problemas de salud. La Comisión Europea tendría que haber definido en diciembre de 2013 los criterios para identificarlos, pero no lo hizo y así lo sentenció el Tribunal General Europeo el 16 de diciembre de 2015.

¿El motivo? Una batalla poco conocida, con la salud de todos en juego.

¿Por qué es tan importante que la Comisión Europea actúe rápido?
Una razón es la amenaza que suponen los disruptores endocrinos para la salud y el medio ambiente. Hay consenso científico en este sentido: estas sustancias químicas son dañinas.

Los grupos de presión fabrican dudas sobre el peligro real de los productos químicos.

Se sospecha que son culpables del aumento de enfermedades como infertilidad, algunos tipos de cáncer, problemas de desarrollo cerebral, malformaciones genitales, diabetes y obesidad. En 2015, un estudio estimó el coste sanitario de las enfermedades relacionadas con la exposición a disruptores hormonales en 157.000 millones de euros anuales, solo en la UE. Otra razón es que esta ley obligó a la Comisión Europea a definir estas sustancias antes de diciembre de 2013 para proteger a la población.

Entrevista a Stéphane Horel

Pero la Comisión es un órgano administrativo, no puede cambiar la ley adoptada por los representantes de los ciudadanos europeos. Lo que el Tribunal Europeo sentenció es que la Comisión falló en su misión de fortalecer y respetar la ley. De esta manera, este asunto de salud pública se ha transformado en un asunto democrático candente.

¿Por qué la Comisión Europea no protege a los ciudadanos del posible impacto de estos químicos?

En julio 2013, la Comisión pospuso la regulación de los disruptores endocrinos debido a una fuerte presión de los grupos de presión de la industria química y de pesticidas. También las divergencias entre los diferentes servicios de la misma Comisión tuvieron un papel importante en ese retraso. L

amentablemente, no es la primera vez que las personas que toman las decisiones se decantan por el crecimiento económico y por conservar puestos de trabajo en detrimento de la salud de todos y del medio ambiente.

¿Cuáles son esos lobbies?

Las organizaciones principales implicadas son la European Crop Protection Association, un grupo de presión de la industria de pesticidas; la Organización Europea de la Industria Química y, un poco menos, la organización de la industria del plástico.

Hay grandes empresas que hicieron lobbying, como Bayer y BASF, ambas alemanas, y Syngenta, una empresa suiza. Las tres venden pesticidas y químicos.

En el informe «Un asunto tóxico» explicas cómo estos grupos presionaron a la Comisión Europea para prolongar el proceso o incluso impedir la prohibición de sustancias peligrosas. ¿Qué tácticas usaron?

En los años cincuenta, la industria del tabaco comenzó a desarrollar una estrategia para manipular a la ciencia e impedir la regulación del tabaco. Desde entonces, varias industrias han recurrido a esa misma estrategia.

La industria química y de pesticidas la usó también para impedir la regulación de los disruptores endocrinos.

«La Comisión Europea no sabe nada de disruptores endocrinos»

Esta estrategia se llama «fabricación de la duda»: se crean dudas en las personas con poder de decisión sobre el peligro real de un producto. Y se emplean muchas tácticas. Las usadas con los disruptores endocrinos son principalmente el ataque a la ciencia independiente, los estudios patrocinados y la creación de pseudocontroversias.

Tú demuestras en ese informe que la gran mayoría de los editores de revistas científicas y de los científicos que sembraron dudas en la Comisión sobre el trabajo realizado por la Dirección General de Medio Ambiente tenían relaciones con la industria química, cosmética, farmaceútica y de pesticidas...

Hay algo muy importante para entender esto: poca gente en los altos escalafones de la Comisión sabe realmente de qué estamos hablando con los disruptores endocrinos. Por eso es muy fácil para la industria hacer pasar información favorable como si fuera información científica.

Los científicos que criticaron a la Dirección General de Medio Ambiente tienen relaciones con la industria, pero en su mayoría no trabajan sobre disruptores endocrinos y, por tanto, no tienen datos científicos.

Los miembros de la Comisión Europea no se dan cuenta de que el hecho de que estos científicos tengan contacto con la industria es, como mínimo, problemático y, además, desconocen que no son especialistas en disruptores.

En Francia están prohibidos los embalajes con bisfenol A en los alimentos por sus efectos endocrinos. ¿Países miembros de la UE pueden adoptar individualmente medidas de protección más estrictas?

Sí, eso se llama el principio subsidiario. Cada país que considere que la UE no actúa de manera eficiente puede adoptar medidas de protección como en el caso de Francia con el bisfenol A.

No obstante, regular una sola sustancia química no es sufiente para proteger a la población.

Solo la UE puede elaborar una regulación global para disruptores endocrinos como una familia de químicos peligrosos, como se hizo hace 40 años con los químicos cancerígenos.

Aparte de gobiernos como el francés o el sueco, o el Parlamento Europeo, en este terreno los ciudadanos europeos tienen el apoyo de varias ONG ecologistas. Pero ¿qué puede hacer cada uno de nosotros?

Mi trabajo como periodista consiste en investigar e informar al público. Estar informado ya es un paso importante cuando quieres hacer algo. Además, es crucial que la gente no tolere en ningún caso que se les considere y trate como consumidores.

Somos, sobre todo, personas que tienen responsabilidades con las generaciones siguientes y con el planeta. Somos ciudadanos.

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