luis romani

Entrevista

Escuelas Waldorf: otra forma de enseñar

A partir de su visión del ser humano, Rudolf Steiner desarrolló un método pedagógico respetuoso con los ritmos del niño, la creatividad y la naturaleza.

Mar Rocabert

Más de mil colegios en todo el mundo –9 en España– siguen la pedagogía Waldorf. Este método de enseñanza es apreciado entre los movimientos de renovación pedagógica por su respeto hacia los ritmos del niño, el cuidado de su creatividad y su relación con la naturaleza.

Entrevistamos a Lluís Romaní, filósofo, pedagogo y formador de profesores que siguen esta línea.

Los valores y la forma de trabajar de las escuelas Waldorf

—¿Cuál es la fi losofía que se encuentra detrás de este método de enseñar?
—Cada persona desea ser feliz. Pero la felicidad puede ser consciente o inconsciente.

Más que con la reflexión, en esta pedagogía procuramos que los niños tengan vivencias de felicidad cotidiana y un interés por vivir plenamente el tiempo. Espacio y tiempo son las dos coordenadas principales de la vida, y les enseñamos a dominarlos a través de los sentidos.

Los sentidos son como ventanas que comunican el yo con el mundo. En los primeros años, se debe afinar y desarrollar la sensorialidad, es lo propio que se trabaja en el primer septenio. No se empieza por la intelectualidad.

—¿Y qué se trabaja después de la sensorialidad?
—En el segundo septenio se forma el organismo emocional, al tiempo que se empieza a aprender con el intelecto, pero con la belleza como fondo.

Después de la pubertad se despierta el nivel de la verdad científica, objetiva. Y más adelante otros niveles: filosóficos, sociales, espirituales. Son puertas que se pueden ir abriendo, y es interesante que no se queden cerradas.

Debemos dar las gracias a Ken Robinson, que hace una crítica tremenda a la escuela que se ha quedado encallada en la época industrial, de cara a la producción industrial, y además fue inventada por militares, para hacer soldados, y luego obreros.

Si alguien cree que los seres deben ser libres, más vale que inventemos otra cosa, dice Robinson. No sigue la pedagogía Waldorf, pero coincidimos en cosas.

—¿La escuela tradicional solo forma a profesionales?
—Conforma. No te forma interiormente, sino que te conforma exteriormente.

Hay unos moldes para que hacia la pubertad, cuando el niño empieza a pensar, se pregunte qué hará, qué estudiará, en qué caja de la sociedad encajará. La ventaja es que las cajas han saltado por los aires con la crisis, que no es solo económica. Ahora todo está por hacer.

Y para que uno no entre en crisis total, la propuesta es formarse por dentro y reconocer lo que nos interesa, que es la felicidad, cada uno según su nivel.

Puede haber varios niveles de felicidad, por ejemplo convivencial. Ser feliz en mi relación con los otros. O felicidad en armonía con los ritmos de la naturaleza, para entrar dentro de la conciencia ecológica.

—La libertad es la clave de la filosofía de Steiner, y de hecho, la pedagogía Waldorf se define como una educación para la libertad. ¿No es así?
—O para la creatividad. La libertad es para crear algo que aún no existe.

Los niños tienen una gran ilusión por crear e inventar, antes de que les llenen de contenidos que ellos no desean. Hay que contar con la creatividad natural, no cortar las alas a los niños.

Steiner se preguntó si somos libres en Filosofía de la libertad (1893). Debe haber límites; si no, estaríamos en un mundo de irrealidad. Una base de la pedagogía consiste en jugar con los límites en un sentido amplio. El maestro tiene que ser un artista en eso, en saber decir que no a tiempo, por ejemplo.

Cambiar el modelo tradicional de escuela

—¿Cuáles son las principales diferencias con la escuela tradicional que conocemos?
—El aprendizaje no se hace empezando por el intelecto sino por la vivencia. Entendemos la vivencia como el movimiento del cuerpo y la parte emocional.

Steiner habla del ser humano triformado; el número tres no es cualquier cosa, es la resolución del dualismo, entre una cosa y su contrario hay algo en medio. El ser humano tiene una polaridad que es espíritu y materia, conciencia y cuerpo.

Intentamos empezar por la práctica, que te da emociones. Los niños salen fuera, tienen vivencias físicas que les generan emociones. Primero salen y ven como crece la flor, y luego estudian la planta.

—¿La pedagogía Waldorf choca con el tipo de sociedad y el mundo laboral en que vivimos?
—Chocar no lo sé. Desde luego es diferente de lo que hay, porque es utópico.

Y utópico es lo que no tiene lugar todavía, pero es un ideal que te impulsa. Todos lo tenemos. Steiner, a principios del siglo XX, ya decía que había que hacer una nueva escuela porque la que había estaba obsoleta… Y un siglo después nos pasa de nuevo lo mismo. Ha llegado el momento de cambiar el modelo de escuela.

—¿Es posible que pase aquí?
—Está pasando. Nos pronosticaban que cerraríamos la escuela El Til.ler a los tres años. Ya llevamos diez y acabamos de inaugurar este curso la escuela secundaria.

—¿Se puede decir que Steiner es el padre de todo esto?
—El padre no. Él lo olió antes que nadie. La evolución funciona por colaboración. Toda la sociedad está montada sobre la competición.

En la política se ve muy claro: los partidos pactan por cansancio pero siguen compitiendo. Colaborar es la fórmula. Colaborar quiere decir que tu conciencia está por encima de las circunstancias, lo ve todo, y ve que el otro también es importante.

Hay que cambiar el concepto de competir por el de colaborar.

—¿Os consideráis como una escuela "antisistema"?
—"Extrasistema"; "anti", no.

Steiner define la escuela como el laboratorio humano donde el sistema se puede renovar, en lugar de simplemente reproducirse, ya que es un lugar de encuentro de dos generaciones que se enseñan mutuamente. Esto hace necesaria una actitud atenta de padres y maestros.

Nos preguntamos qué debemos aprender de la generación nueva que tenemos el gusto de tener delante. Pero para eso los adultos debemos formarnos, autoeducarnos a todos los niveles, y disfrutar de participar en la vida como evolución hacia algo mejor. Solo así podrán sintonizar nuestros hijos con nosotros.

Los padres también somos educadores de nuestros hijos.

Etiquetas:  Niños Entrevista

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