Santuario caballos

Nueva vida

Un santuario de caballos libres

Campan a su aire en las fincas de la Fundació Miranda. Cambian una vida de maltratos por una existencia plena y ofrecen una conexión profunda.

Yvette Moya-Angeler

Es un hombre reservado, que trabaja como maestro y dice no saber apenas nada de caballos: vio a unos cuantos de pequeño en su pueblo, eso es todo. Poco a poco se acerca a Gaïa, la yegua torda que es venerada en la manada.

Posa sus manos a un lado y otro del cuello del animal y con gran delicadeza deja caer su rostro sobre la crin. Es un abrazo íntimo y Gaïa entrecierra los ojos, inmóvil. Por un momento, el aire se detiene.

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Gaïa es muy segura, no ha sufrido maltrato y disfruta con el contacto humano.

La Fundació Miranda la trajo junto con otros dos ejemplares sanos de la comarca catalana de la Cerdanya para que sirviera de referente al resto de caballos liberados en el pla de l’Orri (Alt Berguedà): caballos abandonados, lesionados, donados o retirados de competición a los que dan la oportunidad de vivir conforme a su naturaleza gregaria y en su contexto natural.

La profunda conexión con el caballo

Estamos en una finca de más de 100 hectáreas de pasto, en la sierra de Catllaràs. Nos hemos reunido unas veinte personas para pasar "un día entre caballos", abrirnos a una comunicación sutil con ellos y recordar nuestra esencia animal.

La idea es también beneficiarnos de la energía de estos caballos que han sido capaces de sanar sus traumas e historias de adversidad en contacto con el resto de la manada y con la naturaleza. "Podemos aprender mucho de ellos –dice Rosa Galindo, responsable de la fundación–. Son guías, si sabes escucharlos".

Todo empezó hace diez años. Rosa, una actriz de musicales, sintió la llamada de los caballos. Dice que le recuerdan quién es: "La maravilla de la creación de la que formamos parte y nos hemos alejado".

Con su entonces pareja, Maurici Biosca, hoy desvinculado del proyecto, se establecieron en lo alto de la ladera, rehabilitaron un antiguo pajar y empezaron a poblar los prados de caballos, perros, gallinas y algún que otro jabalí.

La Fundació Miranda no tiene ánimo de lucro y se mueve por la fuerza casi exclusiva de sus voluntarios."Yo misma lo soy", dice Rosa con una sonrisa. Recupera caballos (tiene una estrecha relación con la Asociación de Defensa de los Équidos) y les ofrece la posibilidad del espacio y el grupo. "En la montaña y entre ellos, se curan solos".

La fundación también trabaja con las personas, sobre todo con colectivos vulnerables como mujeres maltratadas o menores con problemas.

Cerca de estos caballos, que son capaces de convertir su vida de sufrimiento y dolor en otra plena, las personas que se enfrentan a dificultades vitales pueden sentir una conexión profunda y reparadora.

La entidad asumió además la custodia del territorio, de manera que cuida de la naturaleza en la que está asentada. Los caballos mantienen limpios los claros del bosque e incluso, al emprender la trashumancia, contribuyen a la biodiversidad por la dispersión de semillas.

Una energía especial

Marc es uno de los niños que integra el grupo con el que hemos venido. Sentado en su silla de ruedas, disfruta de la proximidad de los caballos. Suele montar en una hípica y su madre nos cuenta que, por algún mecanismo finísimo de percepción, el caballo logra sostenerlo en equilibrio, no lo deja caer.

Ella ha querido ahora que Marc conozca a los caballos en libertad. Estrella, una preciosa yegua negra, lo elige para ponerle el morro en las rodillas.

Estrella llegó aquí con Kipur, un imponente semental negro cartujano: ella se había fracturado la cadera y él, que tenía solo cuatro meses, sufría una fisura en la cresta ilíaca. No respondían a los cánones estéticos que se les exige a estos animales e iban a ser sacrificados. Hoy los dos se pasean por los prados:

Kipur se ha convertido en el semental de una de las manadas y Estrella, contra todo pronóstico, ha parido a dos potros.

El nacimiento de los potros de Estrella ha constituido todo un acontecimiento en una manada de caballos viejos. "No nos dedicamos a criar –puntualiza Rosa– pero de vez en cuando nos parece bueno y justo que las manadas tengan descendencia: ver cómo todo el grupo se organiza en función de esta nueva vida es precioso".

La fundación no está en contra de montar a los caballos si se hace con respeto. Durante la trashumancia, los montan sin herraduras ni bocado para acompañarlos en su camino a los pastos de invierno o de verano. Tienen fincas en otras comarcas y este mes de noviembre bajarán hasta el Garraf unos 17 caballos con la ayuda de voluntarios.

Rosa anima a participar en ella como un camino iniciático: "Te transforma la energía. Te cambia la vida".

¿Quién manda en la manada?

Los caballos rompen a menudo nuestras creencias y nos recuerdan que hay que observar con mente de principiante.

Las manadas no tienen un macho alfa. "Puede haber competencia por un recurso pero no dominancia", aclara Rosa Galindo.

"La teoría de la dominancia animal y de los machos alfa está obsoleta. De hecho, su propio precursor, David L. Mech, ha dicho que se equivocó y que el término no es correcto ni siquiera para los lobos que lleva estudiando desde hace cincuenta años", agrega Rosa.

El planeta eres tú

Conciencia verde

El planeta eres tú

Cuando la manada de caballos necesita encontrar agua quien manda es la yegua preñada, o la que tiene potros, porque es quien más necesita encontrarla. En ese momento todos la siguen, ella es la auténtica líder.

Cuando existe una amenaza, como la de un lobo que está merodeando por la zona, asume el mando el macho, el semental, cuya función es reunir a las yeguas y defender al grupo.

Otro paraíso para caballos retirados

Paul Serra y Sonsoles Letang, ingenieros de montes e ingenieros agrícolas, acogen en La Corona a caballos que necesitan reposo o un retiro feliz tras una vida de competición, en una finca de 137 hectáreas en Sant Quirze Safaja, a 40 km de Barcelona.

Próxima parada: el paraíso

Santuarios animales

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En poco más de tres años de actividad, ya cuentan con unos 60 equinos, además de Pamela, la burra que rescataron de una muerte segura. «Tenemos clientes maravillosos, propietarios que han querido agradecer a sus caballos toda una vida de dedicación», explica Sonsoles.

CAVE, un centro hípico de referencia en Cataluña, confía por ejemplo en ellos para retirar a los caballos que "se jubilan".

Las personas sensibles al sufrimiento animal son también sus clientes. Como Jasmin Ommer, que les trajo un caballo trotón tan presionado que se volvió imprevisible y a veces agresivo. Hoy trota tranquilo por La Corona.

Etiquetas:  Animales

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