Efecto árboles

Naturaleza

Todo lo que los árboles hacen por nosotros, ¿plantamos más?

Conocer a los árboles es amarlos. Su sabiduría biológica y los regalos que nos dan son razones para echarse al monte con una pala a plantar árboles.

Montse Cano

"Solo aquel que conoce los árboles siente el deseo de protegerlos". Lo dice Peter Wohlleben, guardabosques y autor del exitoso libro La vida secreta de los árboles (Ed. Obelisco).

¿Pero hay algo que no conozcamos de ellos? Casi todo lo importante, porque no son meras "máquinas orgánicas" de producir oxígeno; son seres vivos y tienen complejas relaciones sociales entre ellos.

La sabiduría de los árboles, se comunican entre ellos

Los árboles proyectan sus ramas de forma que no quiten la luz al árbol vecino. Y como las parejas de enamorados ya ancianos que llevan toda la vida juntos, a veces sus raíces están tan interconectadas que, cuando muere uno, fallece también el compañero.

El poder sanador de los árboles

Naturaleza curativa

El poder sanador de los árboles

Pueden hablar entre ellos, aprender y recordar. Se advierten de los peligros con señales eléctricas que envían a través de la micorriza, una red de hongos que comparten (conocida con el divertido término de "Wood Wide Web").

Cuidan de los enfermos y, no se sabe por qué, siguen alimentando a sus "muertos": a través de sus raíces suministran una sustancia dulce a los viejos tocones de árboles caídos o talados. Todo eso lo explica Wohlleben y ha conseguido que muchas personas se adentren en el bosque con ojos nuevos.

Suzanne Simard, profesora de ecología de la University of British Columbia (Canadá), ha estudiado también el comportamiento de los árboles en los inacabables bosques de sus país. Descubrió que hay jerarquías entre ellos y que los mayores dan parte de su alimento a los más pequeños.

Cuando un árbol se ve amenazado por plagas o animales peligrosos emite sustancias olorosas como señal para que los demás produzcan una barrera tóxica que proteja al conjunto.

Lo que hacen los árboles por nosotros

No son solo nuestros aliados, sino que deberíamos considerarlos como nuestros protectores: nos dan oxígeno, garantizan el suministro de agua, atraen a las nubes y absorben su humedad para transferirla al suelo y a la atmosfera.

"Determinadas especies de árboles pueden provocar la lluvia cuando la necesitan emitiendo partículas gaseosas capaces de condensar a su alrededor minúsculas gotitas de humedad atmosférica que terminan precipitando", explica Ignacio Abella, autor de La magia de los árboles (Ed. RBA).

Los bosques renuevan el aire que respiramos, retienen CO2, uno de los gases responsables del calentamiento del planeta (un pino carrasco en su edad adulta absorbe hasta 50 toneladas de CO2 en un año), filtran la contaminación, regulan el viento y dan cabida entre sus ramas a infinidad de seres vivos que forman complejos ecosistemas.

Ayudan incluso a equilibrar la salud psíquica de los seres humanos que se adentran en el bosque o pueden ver árboles en las ciudades. Un estudio reciente de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y la Universidad de Trnava (Eslovaquia) ha demostrado que los urbanitas que viven cerca de los árboles toman menos antidepresivos.

Lo que hacemos nosotros por los árboles

¿Y qué les ofrece el ser humano a cambio? Talas indiscriminadas, incendios, deforestación…

El maltrato al bosque

Esta desconsideración ha provocado que 9.600 especies estén amenazadas. Según Global Forest Watch, de entre los países con mayor pérdida de cubierta arbolada, España se sitúa en el puesto 40 de 204. Demasiado arriba. Hemos perdido en 13 años unas 750.000 hectáreas, una cifra similar a la de Liberia o Camerún.

El planeta eres tú

Conciencia verde

El planeta eres tú

Según el último Inventario Forestal Nacional (IFN3), en España hay unos siete mil millones de árboles, lo que supone unos 245 por habitante. En el mundo son 3 billones repartidos en unas 60.000 especies, según un reciente estudio de la Asociación Internacional de Jardines Botánicos para la Conservación (BGCI). Es decir, unos 422 árboles por cada ser humano.

Pero se calcula que se destruyen dos árboles al año por persona, lo que eleva la cifra a 15.000 millones de árboles menos en un solo año.

Plantemos árboles

Si te emocionas cuando paseas por una arboleda, si sientes tristeza cuando un fuego arrasa un bosque, deberías echarte al monte a plantar.

Tal y como avisan los expertos de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), "no es una cuestión de plantar árboles, sino de recuperar ecosistemas". Cada árbol necesita unos requisitos de humedad, suelo, sol…

Y siempre ha de ser de una especie autóctona: olvida tuyas, eucaliptos, plátanos, acacias y otros que se han usado erróneamente en reforestación y causan grandes daños a los ecosistemas locales. Recuerda que el género Quercus es el más característico de nuestros paisajes: robles, encinas, quejigos…

Deben proceder preferentemente de viveros de la zona donde se van a plantar y que figuren inscritos en los registros oficiales correspondientes, con garantía de calidad genética. Si esto no es posible, podemos recoger nosotros mismos las semillas de los bosques cercanos. Si compramos plantones, mejor con cepellón (con tierra pegada a las raíces).

No tiene sentido plantar un árbol donde ya hay un bosque frondoso. Elige zonas donde estén dispersos o solo haya árboles solitarios: un árbol desconectado es más vulnerable. Asegúrate de que el árbol no causará ningún daño: podría dar sombra a cultivos cercanos, o perjudicar los cimientos de casas o tuberías con las raíces.

Y hay especies tóxicas, como el tejo, que se deben manipular con precaución y no plantar en zonas donde los niños pasen con frecuencia.

Las asociaciones ecologistas –WWF, ARBA, Ecologistas en Acción o AccióNatura son algunas– organizan salidas para plantar árboles. Ellos ponen los conocimientos y tú, el aprendizaje y la alegría de compartir la experiencia.

"Realizamos proyectos con voluntarios en áreas degradadas, zonas incendiadas y de alto valor ecológico", explica Guillermo Prudencio, de WWF. "Es una experiencia que se vive de forma muy intensa", explica Juan López, voluntario de WWF. "En el proyecto ‘Plántate en Cabañeros’, había un voluntario que no dormía porque no quería perderse ni un minuto de todo aquello".

¡Actúa como un jabalí!

Senderistas y amantes de la montaña y de los bosques tienen una oportunidad de oro para convertirse en "agentes de dispersión de semillas" tan buenos como las aves, los mamíferos del bosque o los insectos.

Fíjate en los árboles y arbustos que parezcan más sanos. Coge unos pocos frutos que estén maduros y desmenúzalos entre los dedos para extraer las semillas. Entiérralas donde veas que hay claros y sea difícil que lleguen de otro modo. Puedes hacer un agujero con un palo o simplemente hundirlas un poco con el pulgar.

Son buenos sitios cerca de arbustos o matorrales, bajo hierbas que les den humedad y las oculten, o donde haya hojarasca porque los nutrientes abundarán ahí.

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