Cabañas en los árboles

En plena naturaleza

Tu casa en el árbol: una opción sencilla y ecológica

Construir o dar con un lugar donde disfrutar al menos unos días de una vida más integrada en la naturaleza no tiene por qué ser solo un sueño.

Montse Cano

"Fui a los bosques porque deseaba vivir a conciencia, afrontar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no fuera a ser que, al acercarse la muerte, descubriera que no había vivido."

Este es uno de los fragmentos más conocidos de Walden. La vida en los bosques, de Henry David Thoreau, filósofo y padre de la ecología y la desobediencia civil.

Para vivir una experiencia de unión con la naturaleza, Thoreau habitó durante "dos años y dos meses" una de las cabañas más famosas de todos los tiempos, a orillas del lago Walden, en Concord (Massachusetts).

14 metros cuadrados es lo que ocupaba la cabaña de Thoreau, más un leñero en el exterior. Dentro, una pequeña cama, un escritorio, una mesa, una cocina de leña, una chimenea y tres sillas: "una para la soledad, la segunda para las amistades y la tercera para las relaciones sociales".

¿Hace falta más para vivir una verdadera experiencia verde?

Hace falta poco para tener mucho

En realidad, hace falta tan poco como ese minúsculo refugio de Thoreau. Incluso menos. Nuestros antepasados, sobre todo los pastores, pasaban largas temporadas en sencillos chozos y casetas de madera, piedra o adobe, con tejado de losas, sarmientos o ramas de boj.

Casa madera Macy Miller
Casa móvil de la arquitecta Macy Miller

"Hace muchos años, siendo un joven e inexperto naturalista, pasé unas semanas en un chozo del Tiétar, en el fragoso territorio de Monfragüe, hoy en día Parque Nacional –nos explica José Luis Gallego, naturalista y periodista ambiental–."

"Allí fui feliz hasta la emoción: todo lo feliz que puede ser un amante de la naturaleza en ese Serengeti ibérico, tierra de rapaces y cigüeñas, por la que merodea el lince y se espera el regreso del lobo."

"Probablemente ese sería mi destino elegido. Un espartano chozo en mitad de una recóndita dehesa, con una chimenea de suelo, un horno de pan y una buena librería repleta de guías de campo y de los libros que soy. Junto a un arroyo de agua fresca, rodeado de frutales… y con unos prismáticos, un cuaderno de campo, una caja de lapiceros de colores y una vieja guitarra. El resto estaría de más."

El planeta eres tú

Conciencia verde

El planeta eres tú

Refugios naturales que se funden con la naturaleza

La primera regla de oro de un refugio natural y ecológico es que se funda con su entorno, que no moleste ni a tu vista ni a la del zorro o el jabalí que viven allí. Hay que usar materiales naturales, renovables, a ser posible biodegradables o, en su defecto, reciclables.

Refugio de madera en los árboles
Refugio elevado en Wayawad, Kerala (India)

El origen de los materiales, además, debe ser local: así reducimos el impacto ambiental de transportar materiales a miles de kilómetros. Por otro lado, evitamos el peligro de exponernos a materiales de lugares lejanos de los que desconocemos su índice de radiación.

En el caso de la piedra, si ha sido extraída de una cantera en un radio de 100 km tiene menos probabilidades de presentar este tipo de problemas, asegura el arquitecto Rafael Hernández, del estudio DinA5 y experto en biohabitabilidad y bioconstrucción.

Elegir bien la ubicación, la orientación y el diseño del refugio es esencial. El aprovechamiento pasivo de la luz solar y de las corrientes de aire, por ejemplo, se traduce en un gran ahorro energético, una regulación natural de la temperatura y espacios bien iluminados, agradables y sanos.

La regulación urbanística no permite construir en cualquier parte. Las normativa es compleja y es indispensable que te informes previamente.

Free Spirit Spheres
Free Spirit Spheres es un resort en Canadá de refugios con forma de esfera suspendidos entre los árboles. Tom Chudleigh es el diseñador de esta cabaña-nido-esférica.

Una casita 100% ecológica

La madera nos hará sentir un habitante más del bosque. Es el material renovable por excelencia y el más sostenible si proviene de bosques controlados (con certificado FSC o similar). No genera residuos porque es biodegradable, es un buen aislante térmico, no altera los campos electromagnéticos y, sobre todo, es cálida y nos reconforta.

Si en vez de la chimenea de Thoreau, instalamos una caldera de pellets (combustible subproducto de la industria maderera) y la pintamos con barnices al agua (sin sustancias tóxicas que alteren el entorno) tendremos un refugio cien por cien ecológico.

El poder sanador de los árboles

Naturaleza curativa

El poder sanador de los árboles

Lo que soñamos de niños, nuestra casa del árbol

Si queremos cumplir un sueño que todos hemos tenido de niños, nada puede igualarse a la experiencia de habitar una cabaña en la copa de los árboles. Aunque es un sector muy desconocido, hay constructores que se dedican a este tipo de casitas singulares, que requieren de una sólida plataforma sobre la que levantar la cabaña.

Las normas van desde respetar el entorno a usar elementos reversibles para que no queden "heridas" en el bosque y emplear madera local y aislantes naturales.

Pod Casarbol
Pod para dos de Casarbol.es

Estos criterios los tiene en cuenta la empresa Casárbol, que instala una curiosa cabaña llamada "bolárbol": una esfera de madera de 3 metros de diámetro, el espacio justo para dormir, y con ojos de buey para observar todo lo que ocurre fuera.

Es lo más parecido a habitar un nido de pájaros, e incluso se puede personalizar el exterior con ramas. Esta experiencia tan natural la ofrecen hoteles como Cabañas en los Árboles, que permite pernoctar en los bosques de Vizcaya o del Montseny a 17 metros del suelo.

Bajo tierra, como un topo

Y de la vista de pájaro a la experiencia del topo. Las Earth Sheltered Homes, o casas enterradas, son una práctica ancestral y muy ecológica. En este caso, la tierra hace de manta protectora de la casa. Ninguna otra respeta tanto el paisaje porque queda totalmente camuflada, salvo por la fachada.

Con este tipo de construcción nos resguardamos de las temperaturas extremas, el viento y la lluvia. De hecho, lo más interesante es que no se necesita calefacción: se aprovecha la temperatura constante del subsuelo, que en España suele ser de 15 °C.

La casita de adobe de un hobbit

El adobe despierta verdadero entusiasmo en las últimas décadas. Pero no se trata de construir con ladrillos. Por ello es mejor usar el término en inglés cob, ya que el renacimiento en Occidente de este material empezó en Oregón (EEUU) en los años 90.

Si en los casos anteriores el modelo natural eran los nidos de pájaros o la madriguera de un topo, en este sería el de un termitero. De hecho, el 30% de la población mundial vive en casas de barro.

El cob es semejante al adobe y al tapial: se mezcla arena, paja y barro, y se trabaja con las manos o los pies. Desde los cimientos se suben los muros formando un solo bloque.

Se consigue un refugio y una obra artística a la vez, porque podemos olvidarnos de la línea recta a la hora de construir paredes y ventanas, y damos rienda suelta a la creatividad.

También es saludable, ya que respira por los diminutos poros del adobe, y ecológico, pues absorbe los rayos solares y el calor durante el día y lo libera por la noche. Y resulta barato: una cabaña de 15 metros cuadrados cuesta unos 6.000 euros en materiales.

Cob casa de adobe
Casa de una comunidad permacultura en Oregón (EE.UU.)

Quien crea que es como una casa de los tres cerditos debe saber que, además de a prueba de fuego y termitas (no les gusta la paja), resiste terremotos: la paja hace de "pegamento" natural y las paredes no se resquebrajan con facilidad.

Otras modalidades implican usar balas de paja para los muros o estructuras de soporte de cañas y bambú trenzados. El método Caña Viva (ecológico además de artístico) permite también crear un refugio que no altera la belleza del entorno.

Con humildad y capacidad de asombro podremos así regresar –aunque solo sea de forma efímera– a nuestro origen, la naturaleza, y recobrar los instintos y sabiduría perdidos.

Etiquetas:  Naturaleza Montse Cano

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