Guía de alimentos

Berenjena

Destaca por su gran contenido en agua (un 92%) y en fibra (1,4%) y por su ausencia de grasas. Se trata de un alimento muy ligero y que si se toma con poco aceite no engorda (unas 21 calorías por 100 g). En ella destaca la presencia de vitaminas del grupo B y C y de minerales como fósforo (20 mg/100 g), magnesio (10 mg/100 g) y sobre todo potasio (100 g cubren el 12% de las necesidades diarias de este mineral). Por todo esto la berenjena tiene propiedades diuréticas y laxantes, así como estimulantes del hígado y el páncreas. Es un tónico digestivo que favorece el vaciamiento de la bilis y aumenta la producción de jugo pancreático, de manera que está especialmente recomendada en caso de estreñimiento, cálculos renales, retención de líquidos, hipertensión arterial y afecciones cardíacas relacionadas. 

 

Amiga del calor
Brillante, carnosa y compacta, la berenjena (Solanum melongena) pertenece, junto al tomate, el pimiento y la patata, a la familia de las solanáceas y es muy apreciada en la cocina mediterránea y de Oriente Medio. Se cultiva en climas cálidos y secos, pues soporta bien las temperaturas altas y mal las bajas. Al crecer con el calor, la mejor época para comprarlas es de junio a octubre, aunque se comercializan todo el año.

 

Fibra anticolesterol
La fibra de la berenjena, aparte de regular el tránsito intestinal, ayuda a rebajar el nivel de glucosa y colesterol de la sangre. Por eso es interesante consumirla entera, con la piel y las semillas, y a ser posible sin que esté excesivamente cocida. No se puede obviar tampoco su aporte de folatos, tan necesarios para las primeras semanas del embarazo. La berenjena es, asimismo, pobre en hidratos de carbono. Esto, junto a su aporte de fibra, la hace adecuada para las personas diabéticas.

 

Poder antioxidante
La berenjena contiene una decena de ácidos fenólicos antioxidantes muy potentes y antocianinas que impiden la oxidación del colesterol y con ello previenen tanto los trastornos cardiovasculares como las enfermedades degenerativas. La nasunina protege especialmente las membranas de las neuronas, por lo que previene y combate diversos trastornos de tipo nervioso. También se ha investigado su utilidad en la lucha contra el cáncer porque inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan los tumores y combate la indeseable acumulación de hierro en los tejidos.

Por otra parte, la medicina natural y popular ha encontrado utilidad fuera de la cocina a los principios de la berenjena que se han considerado tóxicos. En Francia y Australia existen preparados a base de solasonina y solamargina para tratar lesiones benignas o precancerosas de la piel.

 

En la cocina
Para elegir unas berenjenas sabrosas, suaves y tiernas hay que fijarse en la piel: ha de ser brillante, lisa, uniforme y consistente, sin arrugas ni manchas, con el color que le corresponda y el tallo verde. Para eliminar su leve amargor es preciso cortarla, salarla y dejarla reposar unos 15-30 minutos. Luego se pasa por agua, se escurre y se seca. Además de suavizarla se evita que, al freírla, absorba mucho aceite. Si se quiere evitar la sal puede rociarse con zumo de limón.

Es importante saber que nunca deben consumirse crudas, ya que contienen unos alcaloides tóxicos que solo se destruyen por efecto del calor. Se consume asada, a la plancha, rellena, frita, hervida, rebozada, gratinada, en pastel, en crema, en ensalada, en confitura, como parte de un relleno, como guarnición, con pasta, arroz, combinada en guisos de verduras, en tortilla...