Guía de alimentos

Caqui

En el caqui maduro, las proteínas no llegan al 1% y las grasas son aún más escasas. Este fruto aporta hidratos de carbono, principalmente fructosa y glucosa, lo cual lo convierten en un alimento nutritivo y energético. Sus fibras solubles, como la pectina y los mucílagos, regulan el tránsito intestinal y alivian las gastritis, pero cuando los caquis son verdes resultan astringentes. Rico en antioxidantes: provitamina A o betacaroteno, vitamina C y, en menor cantidad, vitamina B6, K y vitamina E, esta fruta es aconsejable en caso de estrés o ante problemas de vista. En cuanto a los minerales, el manganeso destaca sobre los demás (150 gramos cubren el 11% de las necesidades diarias), seguido por el cobre, el potasio, el magnesio y el fósforo. Es antianémico y antidiarréico.

El caqui o palosanto, originario de China y fruto nacional del Japón, de un color anaranjado rojizo que recuerda al tomate, tiene una pulpa suculenta, dulce y gelatinosa que cautiva hasta convertirse en fruta preferida, o no gusta en absoluto, no hay término medio. Su nombre en latín Diospyros kaki significa fruta del fuego divino, lo que revela el aprecio que se le tiene en Oriente.

Existen más de mil variedades de caquis, aunque solo se cultivan comercialmente un puñado de ellas. Y se dividen en dos tipos: astringentes y no astringentes. Esta característica tan marcada de su sabor se debe a su riqueza en taninos, unas sustancias amargas que provocan aspereza en el paladar y que van desapareciendo a medida que la fruta madura. 

Aparte de alimentar y dar energía, esta fruta ayuda a llevar una dieta más sana.

 

Para niños y deportistas
En principio está indicado para cualquiera que goce de buena salud, y también para niños, deportistas y personas que realicen trabajos físicos intensos.

Se ha dicho a menudo que no es adecuado en dietas de control de peso porque aporta 70 calorías por 100 gramos, o alrededor de 120, una pieza de tamaño medio. Pero si se compara con la mayoría de las frutas, cuyas calorías se mueven entre 40 y 60, no hay tanta diferencia. Los diabéticos deberán consultar con su médico si pueden disfrutarlo o no.

 

Exquisito en la mesa
Los amantes de la experimentación hallarán en el caqui un ingrediente atractivo. Lo más habitual es tomarlo como fruta. Cuando está maduro, a primeros de noviembre, basta con partirlo horizontalmente y comérselo con cuchara. En el rojo brillante, una vez maduro, la pulpa cercana a la piel es gelatinosa y dulce como si de una mermelada se tratara, pero no empalaga. Si se trata de un caqui Sharon, una variedad israelí, el sabor es más suave, ligero y menos dulce, y su textura es fresca y crujiente. Puede comerse a mordiscos, con piel y todo. A partir de ahí lo más normal es mezclarlo con quesos, yogures y frutos secos, o convertirlo en compota o mermelada.
 

Contrastes sorprendentes
El caqui rojo brillante puede emplearse directamente, como si se hubiera convertido en mermelada, para conseguir un contraste agridulce. Incluso caramelizarlo con una cebolla o puerro y un poco de jengibre o pimienta negra para enriquecerlo aún más. En las cremas puede añadirse como una decoración al emplatarlas. También se puede incluir en quiches, pizzas de verduras, tartas vegetales, pero siempre en cantidades moderadas.
Para mezclarlo con las pastas se deben buscar compañeros a su altura: setas, quesos intensos, frutos secos... Con cereales, el cuscús, el arroz basmati o thai, el bulgur o la quinoa resultan más exóticos con un crujiente caqui salteado.

 

Compra y conservación
Pueden comprarse si están bien de precio y congelarse, pues se conservan a la perfección. También se pueden desecar, como se hace en Japón. Entonces se vuelven marrones, pero siguen siendo suculentos y dulces.