Frambuesa

Refrescantes y jugosas, estas bayas ricas en vitaminas antioxidantes enriquecen los platos que acompañan, dándoles un toque especial.

Al pasear en pleno verano por un hayedo se suma el placer del incesante juego de luces y sombras con la recompensa de pequeñas sorpresas. El sotobosque está perlado de bayas de agradable sabor, como fresas, frambuesas y arándanos.

Entre ellas destacan las frambuesas, por ser dulces, jugosas y muy beneficiosas para la salud. Hay quien las confunde con las fresas silvestres y las moras, todas ellas de una familia muy prolífica, porque tienen tallos subterráneos de los que surgen retoños con hojas parecidas.

La frambuesa es mayor que las minúsculas fresitas de bosque y menor que las fresas cultivadas. Mientras que las fresas presentan todas sus semillas al exterior, las frambuesas forman pequeños globitos, como las zarzamoras, con una simiente dentro que apenas se nota.

Se distinguen de las moras por su color rosado, su forma más alargada y un gusto algo más ácido. Florecen de mayo a junio y se recolectan en agosto, cuando están bien maduras.

Cada frambuesa consta de unas ochenta drupas llenas de jugo, y se reconoce su grado exacto de madurez porque se desprenden con facilidad.

Propiedades de la frambuesa

Es una de las frutas menos calóricas: solo 32 calorías por 100 g. Hasta el 87% de su peso es agua, y no destaca como fuente de proteínas, grasas ni carbohidratos (estos últimos son azúcares simples como la fructosa, y fibra soluble como la pectina).

En cuanto a minerales, aporta cantidades significativas de manganeso (hasta un 34% del aporte mínimo recomendado al día), hierro, magnesio, fósforo, calcio y potasio, y es baja en sodio.

Destaca por su contenido en vitaminas y ácidos orgánicos: betacaroteno, vitamina C, ácido fólico, ácidos cítrico, salicílico, málico, tartárico y en especial vitamina E.

Una ración de 200 g de frambuesas cubre el 75% de las necesidades diarias de vitamina E, sin aportar grasas, a diferencia de otros alimentos ricos en este nutriente.

Aunque en menor cantidad, aporta vitaminas del grupo B, sobre todo B2 y B6.

Además contiene sustancias fitoquímicas con poder antioxidante, como el ácido elágico, la quercitina, la cianidina o las antocianinas.

Tienen muy poca cantidad de azúcares (5,8 mg/100 g), en su mayor parte fructosa, por lo que son bien toleradas por los diabéticos.

Beneficios de las frambuesas para la salud

La riqueza de nutrientes y compuestos químicos vegetales propios explican sus efectos en el organismo.

  • Ante el cansancio. Su riqueza nutritiva las hace apropiadas para consumirlas en caso de fatiga primaveral, mientras que su elevada porcentaje de agua las convierte, tomadas en crudo, en ideales para curas depurativas.
  • Desintoxicante. Sus ácidos orgánicos y oligoelementos ejercen una acción desintoxicante, muy apreciada en personas con reúma y gota, así como para dietas de adelgazamiento.
  • Estimula el apetito. La frambuesa, esa baya de color rojizo oscuro y sabor ácido intenso que podemos saborear en todo su esplendor durante el verano, su momento mejor, es tónica y aperitiva, es decir, estimula el apetito.
  • Reduce el colesterol. Las grasas presentes en sus semillas, si bien son escasas, resultan muy recomendables. Unidas a su fibra soluble (pectina), a sus compuestos antioxidantes, como la vitamina E, y a su bajo contenido en sodio, convierten a la frambuesa en un alimento adecuado para el control del colesterol, la hipertensión y los trastornos cardiovasculares.
  • Fibra depurativa. Su fibra soluble ayuda a mejorar el tránsito intestinal. Pero además, ejerce un efecto inhibidor sobre sustancias potencialmente perjudiciales para el organismo, como el colesterol o los ácidos biliares.

Lo que hace es unirse a esos compuestos y arrastrarlos para ser expulsados con las heces, ejerciendo una labor depurativa. Por su contenido en potasio y sodio, y la buena relación entre ambos, ejerce igualmente un efecto diurético.

Deben moderar su consumo las personas que padezcan de insuficiencia renal y sigan dietas bajas en potasio.

Puedes preparar las hojas en infusión

Si tienes una planta de frambuesa, también puedes aprovechar las hojas.

Con las hojas de frambuesa, que son ricas en taninos, ácidos orgánicos y flavonoides, pueden elaborarse infusiones que se han utilizado tradicionalmente para aliviar los dolores menstruales (hay que tomarla antes unos días antes de que empiece el periodo).

Tambiés es eficaz para regular el tránsito intestinal (tiene una acción astringente, al contrario que los frutos), favorecer las contracciones durante el parto y en caso de cistitis, oliguria y litiasis renal.

Puedes utilizarla asimismo como enjuague bucal para encías inflamadas, así como para hacer gárgaras en caso de faringitis.

Las frambuesas en la cocina

La relación en la cocina con esta fruta debe ser cuidadosa y breve, pues su delicadeza no resiste mucho trajín.

Lo ideal sería no lavarla para no alterarla demasiado, pero hay quien opta por hacerlo aunque proceda de cultivo ecológico, no toque el suelo y se recolecte a mano con sumo cuidado.

Debemos saber que su sabor se diluirá un poco y las más maduras pueden deteriorarse, si lo hacemos.

En cuanto a su cocción, el calor no las beneficia ni les aporta nada positivo, al menos en cuanto a valor nutritivo, color o sabor.

El calor destruye muchos de sus nutrientes más preciados, como la vitamina E y otras sustancias antioxidantes. El color se oscurece y el sabor se altera, perdiendo complejidad y frescura, o sea que es mucho mejor degustarlas en crudo siempre que se pueda.

Compra y conservación

La frambuesa es un producto muy perecedero. Es normal que de una tarrina se tengan que tirar unas cuantas.

Al comprarlas hay que fijarse en que no haya ninguna aplastada, rota o con moho.

Deben conservarse en el frigorífico y consumirse como máximo en 3 o 4 días; algunas variedades resisten más tiempo, aunque suelen ser más tiesas y duras.

Si se tiene la suerte de cultivarlas en casa, además de las tradicionales mermeladas, pueden congelarse en forma de puré o coulis y también enteras.

Se conservan muy bien, pero hay que tener la precaución de consumirlas rápido una vez descongeladas.

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