Frutas del bosque

Las bayas, con sus colores vivos y sabor exquisito, constituyen un gran tesoro para la salud. Su poder antioxidante ayuda a prevenir múltiples trastornos.

Botánicamente, la formación de la mora de árbol es diferente a las del género Rubus (moras y frambuesas); porque mientras en ésta cada drupa proviene de una minúscula flor, en el género Rubus toda la mora proviene de una única flor compuesta.

Uno de los mejores momentos de cualquier paseo por la montaña sucede al descubrir una mata con bayas maduras. Las sonrisas se instalan en los rostros y, si no se reconoce la planta a primera vista, surgen las inevitables dudas sobre si serán comestibles.

Es una escena que reproduce las que hace miles de años protagonizaban nuestros antepasados, para quienes las bayas eran esenciales. Las comían frescas y las desecaban para tener reservas en los meses sin cosecha.

En lenguaje común, las frutas del bosque son aquellas que tradicionalmente no se cultivaban, sino que se recogían de los arbustos silvestres.

Es la denominación que se ha extendido a las bayas, aunque desde el punto de vista botánico son las frutas que se desarrollan a partir de la pared del ovario de la flor.

Propiedades y beneficios de las frutas del bosque

El poder protector de las pequeñas frutas del bosque hace muy recomendable su consumo habitual.

Ricas en vitamina C, hierro y taninos, las bayas silvestres, como las frambuesas, los arándanos, las moras, las grosellas o los madroños son un regalo para el paladar y la salud, especialmente para los niños, que son los que más disfrutan cuando pueden participar en vivo y en directo de su recolección en plena naturaleza. 

Son campeonas en antioxidantes

La capacidad de absorción de radicales de oxígeno (en inglés, oxygen radical absor- bance capacity, ORAC, me- dida en micromoles por cada 100 g) es un método de medición de la capacidad antioxidante de los alimentos en laboratorio.

Actualmente existe una discusión científica sobre si esta capacidad se da en la misma medida en el alimento ingerido, pero en cualquier caso indica la potencia antioxidante de los alimentos.

Las bayas aparecen en los primeros lugares de la clasificación: saúco (14.697), grosella negra (7.957), mora (5.905), arándano (5.481), frambuesa (5.065) y grosella roja (3.387).

Frambuesas

Parientes cercanos de las moras, tienen un sabor algo más ácido y delicado, con menos pepitas. Son ricas en hierro (1 mg/100 g) y vitamina C (25 mg).

La parte medicinal son sus hojas, más que las bayas, que son ricas en principios astringentes. Se recomienda su uso en caso de faringitis (gargarismo de las hojas), en el tratamiento de la diarrea y como tonificante en el embarazo y posparto.

Fresas

Las fresas son ricas en hierro (1 mg/100 g), magnesio, potasio y sodio.

Remineralizantes y desintoxicantes, destacan por su contenido en vitamina C (100 g satisfacen las necesidades diarias) y en ácido fólico.

Se recomiendan en curas depurativas y también están indicadas en caso de reumatismo, ya que, además de ejercer un efecto limpiador, ofrecen cierta actividad antiinflamatoria.

Arándanos negros

Se utilizan para hacer compotas y jaleas. Son muy útiles en afecciones del sistema circulatorio, como las varices o las hemorroides.

Las hojas se pueden tomar en infusión y se recomiendan como tónico astringente y antiséptico, así como en el tratamiento complementario de la diabetes. Los frutos también se aconsejan en el tratamiento de esta enfermedad.

Mora de árbol

Aunque externamente los frutos de la morera se parecen a los de la zarzamora, no tienen nada que ver. La mora de árbol es más grande y alargada.

Botánicamente, la formación de la mora de árbol es diferente a las del género Rubus (moras y frambuesas); porque mientras en ésta cada drupa proviene de una minúscula flor, en el género Rubus toda la mora proviene de una única flor compuesta.

Puede ser de dos colores: la mora blanca, sin pigmentos, y la mora negra, muy pigmentada. A nivel nutritivo, las moras son ricas en ácidos orgánicos.

Arándanos rojos

Son el fruto de un arbusto bajo, originario de la costa este de los EE.UU. Estas bayas contienen una gran cantidad de ácido tartárico, por lo que raramente se consumen crudas.

En cambio, son deliciosas para hacer mermeladas, jaleas y salsas. Estas bayas secas se consumen igual que las pasas.

Se recomiendan en el tratamiento de las infecciones urinarias de repetición, teniendo además un efecto vasodilatador común a muchas otras frutas del bosque por su alto contenido en antocianidinas.

Grosellas rojas

Las grosellas rojas tienen las mismas propiedades que las negras, pero al estar dotadas de menos pigmento oscuro, su contenido en antocianidinas y en vitamina C es algo menor.

Deliciosas gastronómicamente y algo más ácidas que las negras, son recomendables por sus virtudes digestivas y como descongestionantes del hígado, además de resultar excelentes para calmar la sed, abrir el apetito y estimular las defensas del organismo

Mora

Rica en ácidos orgánicos, fibra, pigmentos y taninos, ofrece cantidades significativas de vitamina C (10 mg/100g), calcio (36 mg) y una de las dosis de hierro más elevadas entre las frutas (1,6 mg por cada 100 g), una combinación que la hace útil en caso de anemia.

También aporta ácido fólico y vitamina B3, muy beneficiosas para el sistema nervioso. Ayuda además al sistema inmunitario y es útil en caso de diarrea.

Grosella negra

Estimula el sistema hormonal y se puede utilizar como tónico circulatorio. Es cinco veces más rica en vitamina C (190 mg/100 g) que la roja (36 mg).

Madroño

Sus hojas ayudan a prevenir las infecciones urinarias.

Escaramujo

El rosal silvestre tiene 20 veces más vitamina C que la naranja. Se toma en infusión.

Las frutas del bosque en la cocina

Las frutas del bosque otorgan color y sabor a gran variedad de platos. Si se recogen en el bosque, conviene elegir ejemplares maduros, brillantes y sin deterioros, así como respetar las plantas no cortando las ramas ni los brotes tiernos para que sigan creciendo y dando fruto.

Tras la recolección estas frutas tienen una vida corta. Deben guardarse en la nevera, sin amontonar y dejándolas respirar. Es mejor no lavarlas hasta el momento de consumirlas, ya que la humedad las deteriora.

Si se adquieren envasadas no ha de percibirse moho ni líquido en el envase y los frutos deben tener un aspecto brillante y fresco. Se pueden adquirir también congelados o liofilizados, y en mermeladas o zumos concentrados.

Fresillas, moras y frambuesas son deliciosas como fruta de mesa o tentempié; en cambio, otras variedades se aprecian más como ingrediente de otros platos: helados, batidos, sorbetes, zumos, mermeladas, tartas, magdalenas... hay infinidad de formas clásicas de emplearlas.

Aparte de las bayas que se encuentran fácilmente, existen otras a las que no se presta tanta atención, como las del endrino, el saúco o el enebro, pero que se usan también para elaborar licores, aguardientes, jarabes y remedios tradicionales.

Ensaladas coloridas

En las ensaladas de brotes verdes, los frutos rojos aportan un complemento ácido y dulce ideal. Los arándanos, por ejemplo, combinan deliciosamente con nueces y manzanas o con piña y mango. También se pueden elaborar ensaladas exquisitas con otras bayas, espinacas y nueces.

En sopas frías de frutas y cremas de verduras, aportan color y acidez. En una sopa de melón resultan bien unas frambuesas. La crema de zanahoria o de calabaza se puede decorar con unas frutas enteras o un aceite elaborado con ellas.

Una crema de coliflor con un toque de arándano es otra apuesta acertada. O una crema de lentejas pardinas. También son apetecibles el gazpacho de fresas o frambuesas, o el ajoblanco con grosella.

Mermeladas de lujo

La mayoría de frutos rojos son aptos para elaborar conturas y mermeladas. Algunos, como los arándanos, son especialmente adecuados, pues contienen abundante pectina.

Para su elaboración se puede utilizar solo un tipo de baya o varias. La fruta ha de estar limpia, madura y sana. Se cuece con azúcar integral de caña o blanco en una proporción variable al gusto –como mínimo un 35% del peso de la pulpa– y se acompaña, si se desea, con otros aromas como la vainilla y ralladura de limón.

Para espesar se puede emplear un poco de piel de manzana o de pectina.

Mermelada de moras sin azúcar

Mermelada de moras sin azúcar

Tienen un alto valor antioxidante por su riqueza en flavonoides, como las antocianinas, y en ácidos orgánicos. Con ellas se elabora una mermelada deliciosa.

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