Mandarina

Esta jugosa y sabrosa fruta cítrica aporta vitaminas que refuerzan las defensas y mejoran la circulación. Su aroma cautiva e invita a experimentar en la cocina.

Las primeras mandarinas del otoño, con la piel aún moteada de verde, anuncian la llegada del frío. Y qué mejor época para comerlas que estos meses en los que el organismo precisa más de su riqueza en vitaminas antioxidantes.

Su grato dulzor, su escaso grado de acidez y la suavidad de su pulpa, hacen de este cítrico una de las frutas más populares. Además resultan tan fáciles de pelar y de comer que se han convertido en una de las frutas predilectas de los niños.

Los mandarinos, según la mitología cubrían la cordillera del Atlas y crecían en el jardín de las Hespérides. Sin embargo, su origen real se sitúa en Indochina y el sur de la China, donde las primeras referencias a su cultivo se remontan al siglo XII aC.

Se cree que su nombre se debe al color de los trajes que vestían los mandarines –gobernantes de la antigua China–, quienes tenían el privilegio de acceder a este maravilloso fruto.

En la actualidad, España –en especial el Levante– se encuentra entre los mayores productores del mundo, si bien muchas de las mandarinas que consumimos proceden de Israel o Turquía.

Las variedades más consumidas en nuestro país son las clementinas y las satsumas.

Propiedades de la mandarina

Como sus parientes cítricos, la naranja, el pomelo y el limón, su pulpa está formada por numerosas vesículas llenas de jugo rico en vitamina C, flavonoides, betacaroteno y aceites esenciales.

Aunque no es tan rica en vitamina C como la naranja, su aporte no deja de ser considerable y se acompaña de una mayor presencia de betacaroteno o provitamina A que en la naranja.

Un par de mandarinas cubren aproximadamente la mitad de las necesidades diarias de vitamina C y el 10% del betacaroteno o provitamina A.

Destaca su riqueza en ácido fólico: 100 g aportan el 40% del que se precisa al día. Los folatos intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos, la síntesis de material genético y la formación de anticuerpos. También contiene pequeñas dosis de B1, B2 y B6.

El mineral que más abunda en la mandarina es el potasio, necesario para la generación y transmisión de los impulsos nerviosos, la actividad muscular y el equilibrio hídrico de las células. También aporta calcio y magnesio y, en menor cantidad, hierro y cinc y fósforo.

La fibra de la mandarina –sobre todo pectina– ayuda a prevenir el estreñimiento, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer de colon.

El ácido cítrico es el responsable de su agradable acidez. Esta sustancia ejerce un efecto desinfectante y potencia el de la vitamina C.

6 beneficios de la mandarina

En general, sus compuestos de efecto antioxidante contrarrestan la acción nociva de los radicales libres y protegen de las enfermedades degenerativas.

1. Aliada de las defensas frente a las gripes

La medicina tradicional china ya consideraba la mandarina una materia de primer orden para conservar la salud. Hoy sabemos que refuerzan la inmunidad.

Tomar unas cuatro mandarinas diarias es un buen complemento antioxidante y estimulante de las defensas, sobre todo gracias a su riqueza en vitamina C, que ayuda a prevenir gripes y resfriados.

2. Combate la anemia

La vitamina C aumenta la absorción del hierro aportado por otros alimentos vegetales y favorece la producción de glóbulos rojos. Por eso se recomienda a las personas con anemia, un problema especialmente frecuente entre las mujeres en edad fértil.

3. Refuerza el sistema cardiovascular

Su riqueza en potasio actúa como diurético natural, mientras que flavonoides como la hesperidina protegen las paredes de los vasos sanguíneos, y la pectina ayuda a reducir el colesterol perjudicial (LDL). De esta manera reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

4. Evita el estreñimiento

La mandarina es fuente natural de fibra, que se encuentra en la pulpa blanca que hay debajo de la piel y entre los gajos. Esta sustancia estimula el movimiento intestinal y reduce la absorción de grasas y sustancias tóxicas.

5. Ayuda a embarazadas y deportistas

El ácido fólico y la vitamina C son imprescindibles en los procesos de división celular de los primeros meses de gestación. Por otra parte, la variedad de nutrientes de esta fruta ayuda a reponer el líquido y los minerales perdidos tras el ejercicio.

6. Elimina el ácido úrico

El elevado contenido en agua, potasio y ácido cítrico producen un efecto diurético que favorece la eliminación del ácido úrico y sus sales.

Además alcaliniza la orina e inhibe la aparición de infecciones en las vías urinarias.

Una sorpresa en la cocina

La mandarina es el cítrico más fácil de pelar y de comer. Por eso se suele comer entera, con lo que se aprovechan todos los compuestos beneficiosos que se pierden en el zumo, como la fibra y la hesperidina, que se concentra en las membranas e hilos blancos de los gajos.

Pero las mandarinas son versátiles y ofrecen al cocinero la oportunidad de innovar en los platos. Aparte de los gajos, se pueden aprovechar la cáscara, el jugo e incluso las hojas en infusión.

  • Puedes rallar la cáscara (de mandarina ecológica) sobre una ensalada.
  • Puedes decorar postres con piel confitada (corta la piel en tiras muy finas y cuécela en una mezcla de agua y azúcar a partes iguales).
  • Puedes dejarla en aceite o vinagre para aromatizarlos.
  • El zumo puede usarse como aliño para ensaladas, en gelatina (mezclado con agar-agar) y en la elaboración de salsas.

Para marinar se emplean tanto la piel como el zumo (de mandarinas aún verdes, más ácidas).

Compra y conservación

Al comprarlas conviene fijarse en el peso: cuanto más pesadas para su tamaño, más frescas y jugosas resultan.

Un color intenso y de tonos rojizos indica que están maduras y que son más dul- ces. La piel no debería estar arrugada.

La mandarina aguanta bien a temperatura ambiente en un lugar fresco.

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