Guía de alimentos

Mandarina

Esta mensajera del otoño constituye uno de los alimentos más sanos y ligeros para picar entre comidas. La mandarina contiene algo más de hidratos de carbono que la naranja: 10,2 g/100 g y 9,5 g/100 g respectivamente. Sus grasas son escasas (0,2 g). Se trata de una fruta poco calórica, ya que 100 g aportan solo 44 calorías. Contiene cantidades importantes de minerales, especialmente calcio y potasio. 100 g cubren el 5% de las necesidades diarias de estos minerales. Y también destaca su contenido en fósforo, magnesio y hierro. En cuanto a vitaminas, la mandarina proporciona 32 mg de vitamina C por cada 100 g, la mitad de nuestros requerimientos diarios. Y también aporta vitamina A. Es una fruta antianémica y desintoxicante. 

Las primeras mandarinas del otoño, con la piel aún moteada de verde, anuncian la llegada del frío. Y qué mejor época para comerlas que estos meses en los que el organismo precisa más de su riqueza en vitaminas antioxidantes. Son el contrapunto idóneo a los rigores invernales y las mesas navideñas. Su grato dulzor, su escaso grado de acidez y la suavidad de su pulpa, hacen de este cítrico una de las frutas más populares del mundo. Además resultan tan fáciles de pelar y de comer que se han convertido en una de las frutas predilectas de los niños.

 

Defensas fuertes
La medicina tradicional china ya consideraba la mandarina una materia de primer orden para conservar la salud. En la práctica, sus propiedades son semejantes a las de la naranja, ya que tiene nutrientes similares. Es antiinfecciosa, fluidificante de la sangre, hipotensora, antialérgica, remineralizante, depurativa y preventiva del cáncer. Por su facilidad de uso y buena tolerancia digestiva resulta especialmente apropiada para niños y ancianos. Algunas de sus aplicaciones más destacadas son:

· Defensas. Tomar unas cuatro mandarinas diarias es un buen complemento antioxidante y estimulante de las defensas, sobre todo gracias a su riqueza en vitamina C. Ayuda a prevenir gripes y resfriados, así como enfermedades cardiovasculares y degenerativas.
· Anemia ferropénica. La vitamina C aumenta la absorción del hierro y favorece la producción de glóbulos rojos. 
· Hipertensión y colesterol. Su riqueza en potasio actúa como diurético natural, mientras que los flavonoides, presentes en la piel que recubre los gajos, protegen las paredes de los vasos sanguíneos y la pectina ayuda a reducir el colesterol perjudicial (LDL).
· Estreñimiento. La mandarina es fuente natural de fibra, que se encuentra en la pulpa blanca que hay debajo de la piel y entre los gajos. Esta sustancia estimula la motilidad intestinal y reduce la absorción de grasas y sustancias tóxicas. 
· Embarazadas y deportistas. El ácido fólico y la vitamina C son imprescindibles en los procesos de división celular de los primeros meses de gestación. Por otra parte, la variedad de nutrientes de esta fruta ayuda a reponer el líquido y los minerales perdidos tras el ejercicio. 
· Hiperuricemia. El elevado contenido en agua, potasio y ácido cítrico producen un efecto diurético que favorece la eliminación del ácido úrico y sus sales.
· Afecciones urinarias. Además de aumentar las defensas del organismo, alcaliniza la orina e inhibe la proliferación de las infecciones en el tracto urinario. Pero las personas con tendencia a la litiasis renal (piedras en el riñón) deben controlar su consumo, ya que contiene ácido oxálico, que puede formar sales con el calcio y propiciar la formación de cálculos.

 

Un descubrimiento en la cocina
El intenso color naranja de las mandarinas estimula aun antes de comerlas. La mejor manera de aprovechar su sabor y sus cualidades es, como en las demás frutas, consumiéndolas en crudo, preferiblemente entre comidas o antes de ellas. Pero las mandarinas pueden deparar grandes sorpresas por su gran versatilidad y ofrecen al cocinero la grata oportunidad de innovar en los platos. Aparte de los gajos, deliciosos y muy decorativos, de la mandarina se pueden aprovechar la cáscara, el jugo e incluso las hojas en infusión.
 

Compra y conservación
Al comprarlas conviene fijarse en el peso: cuanto más pesadas para su tamaño, más frescas y jugosas resultan. Un color intenso y de tonos rojizos indica que están maduras y que son más dulces. La piel no debería estar arrugada. La mandarina aguanta bien a temperatura ambiente en un lugar fresco, pero en una nevera que alcance los 5 ºC puede conservarse hasta un mes. De todas formas, siempre es preferible consumirla lo más fresca posible.