Guía de alimentos

Sandía

Es una fruta con un altísimo contenido en agua (250 g de sandía equivalen a 220-230 g de agua), lo que la convierte en una fruta excelente para calmar la sed en los meses más cálidos del año. Proporciona una dosis baja de energía (32 calorías/100 g), por lo que puede utilizarse en dosis generosas en cualquier tipo de dieta hipocalórica. Aporta una cantidad discreta de vitamina C (10 mg/100 g), pero unas 4 veces más vitamina A que la naranja y contiene también vitaminas E y del grupo B. Cabe destacar su contenido en calcio, modesto pero interesante, y lo mismo se puede decir del hierro. El aporte de magnesio y potasio explica las virtudes de esta fruta para reponer pérdidas de sales minerales. Contiene poca fibra y sus grasas son ínfimas. Es depurativa y antioxidante. 

La sandía procede del África tropical y es un fruto ovalado o de forma esférica de dimensiones considerables. Su cáscara varía de color, desde el verde pálido al oscuro, a veces tiene franjas de dos tonalidades de verde. Su pulpa normalmente es de color rojo intenso, rosado o amarillo y contiene múltiples pepitas en su interior, aunque algunas variedades no presentan estas semillas.

 

Desvelando sus secretos

La sandía posee propiedades depurativas y produce una sensación de saciedad que puede ser útil en las dietas de adelgazamiento. Resulta muy recomendable, además de para tratar la obesidad y el mantenimiento de la presión arterial, para los problemas de riñón, vías urinarias y próstata. Masticar semillas es bueno para la salud de la próstata por la presencia de oligoelementos como el cobre, el manganeso y el cinc. Aparte, cuenta con estas virtudes:

· Vitamina C. La sandía no procura cantidades extraordinarias de vitamina C (10 mg/100 g), pero también es verdad que su bajo aporte de calorías y alta digestibilidad hace que se pueda tomar en cantidades francamente altas. Para cubrir el 20% de las necesidades diarias de esta vitamina basta consumir solo 45 calorías, gracias a la abundante agua que contiene esta fruta (el 92% de su peso).
· Vitamina A. También es una fuente de betacaroteno o provitamina A. Las variedades amarillas contienen una concentración mayor, pero una ración de 200 g de sandía roja (una tajada) aporta 605 mcg, que representan el 23% de las necesidades diarias de vitamina A. El betacaroteno tiene un efecto muy positivo sobre la piel y los ojos, protegiéndolos frente a la acción de la radiación solar.
· Licopeno. El efecto del betacaroteno en este sentido se multiplica al combinarse con el licopeno. En 100g de sandía hay 4.532 mcg de licopeno. También hay que sumar el efecto antiinflamotorio del triterpeno cucurbitacina E. La combinación de vitamina C, betacaroteno y licopeno hace de la sandía un alimento que previene las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y muchas enfermedades crónicas y degenerativas. 
· Potasio. El efecto diurético del agua y de la citrulina de la sandía es potenciado por el contenido en potasio (112 mg en 100 g), un mineral que ayuda a controlar la tensión arterial, regula el latido cardiaco y probablemente contribuye a prevenir los infartos.

 

Ayuda para el hombre
Cuando se come sandía, la citrulina, un aminoácido presente en esta fruta, se convierte en el aminoácido arginina, que mejora la producción de óxido nítrico que a su vez relaja los vasos sanguíneos, aumenta el flujo de sangre y tiene un efecto positivo sobre la función eréctil en el hombre. Eso sí, hace falta ingerir una buena cantidad al día (entre 400 g y 1 kg) para que el nivel sanguíneo de arginina aumente de un 12 a un 22%. Por otra parte, algunos estudios asocian la citrulina de la sandía y la arginina con ventajas en la diabetes de tipo 2 y la obesidad.

 

En la cocina
Si se acierta con una sandía en su punto será difícil dejar de comerla a tajadas, pero en la cocina también despliega todas sus cualidades y permite preparar ensaladas, gazpachos y entrantes, pinchos saludables, sorbetes, macedonias e incluso mermeladas y fruta confitada. Solo hay que cortarla de diferentes maneras, aliñarla con gracia, combinarla con ingredientes suaves o cocinarla muy ligeramente para que no pierda jugosidad. 

 

Compra y conservación
La mejor época de compra para esta fruta es el verano (concretamente desde junio a agosto). A la hora de elegirla, debe escogerse una pieza firme, pesada y muy poco brillante en apariencia. Se podrá saber cuándo ha alcanzado su punto óptimo de maduración al golpear su superficie con los dedos. Si emite un sonido hueco, indica que la fruta está llena de agua y a punto para ser consumida. No se han de comprar las que presenten roturas o tengan partes blandas. Si la fruta está muy verde se puede dejar durante unos días a temperatura ambiente hasta que madure. Por último, se ha de tener en cuenta que la sandía es sensible al frío, aunque una vez recolectada se debe guardar en la nevera para que su pulpa no se vuelva seca y fibrosa.

 

El misterio de las sandías sin semillas
Las sandías sin semillas son el resultado de una hibridación natural entre dos variedades. El fruto es una sandía triploide con semillas que al ser plantadas producen frutos estériles. No obstante, las semillas de sandía pueden comerse, como las pipas de calabaza.