Boldo

Un buen hepatoprotector

Los pueblos nativos de las vertientes chilenas de los Andes, donde crece el árbol del boldo (Peumus boldus), han consumido sus hojas desde tiempos antiguos. Aprecian de manera especial sus frutos, que toman como especia y han utilizado la corteza para elaborar tintes.

En la medicina tradicional, el boldo ha destacado sobre todo, como una solución infalible para eliminar los parásitos intestinales. Se usaba para tratar la gonorrea y otras enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, y al sur del Perú se recomendaba como remedio depurativo para facilitar la expulsión de las piedras en la vesícula.

Estos usos han sido respetuosamente asimilados por la fitoterapia moderna, que tiene en el boldo una de las plantas más recurrentes para incluir en remedios hepáticos.

Crece en páramos secos, laderas pedregosas y zonas arbustivas abiertas. Sus flores son acampanadas, blancas o amarillas, reunidas en racimos y los frutos muestran un color verde amarillento.

Las hojas contienen hasta un 2% de aceite esencial, con terpineol, además de cineol, linalol y alcanfor, hasta 17 alcaloides distintos, entre los que destacan por su importancia terapéutica la boldina y la isoboldina, así como flavonoides y taninos. 

Propiedades medicinales

  • Junto a sus funciones digestivas y a sus propiedades antihelmínticas, el boldo destaca por encima de todo como una excelente planta protectora del hígado, con una eficacia lo suficientemente alta como para que hubiera merecido una mayor atención de la comunidad científica.
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  • Se indica como tratamiento de apoyo en la hepatitis y en trastornos de la vesícula, ya que evita la formación de cálculos y facilita su eliminación cuando éstos se han producido. En general se recomienda para asegurar un correcto funcionamiento de hígado y vesícula, y para prevenir las posibles disfunciones.
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  • La infusión de hojas de boldo, solas o con menta y poleo, contribuye a aliviar las migrañas, especialmente si están relacionadas con una alteración en la vesícula.
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  • El boldo es también diurético, y en infusión facilita la eliminación del exceso de ácido úrico. Es también antiinflamatorio y antiséptico, y se indica en infecciones urinarias como la cistitis.
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  • En dosis altas se le atribuye un efecto anestésico, sedante y ligeramente hipnótico.
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Fórmulas de herbolario

  • Infusión para  tratar dolencias hepáticas. Una fórmula muy eficaz es la que asocia el boldo con otras tres plantas hepatoprotectoras como el cardo mariano, el diente de león y la fumaria, a partes iguales. Basta una cucharada sopera bien rasa de la mezcla por vaso de agua.
  • Cómo prepararla: Se hierve 2 minutos la mezcla y se deja reposar 10 más. Es una infusión depurativa que debe tomarse por la mañana en ayunas.
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  • Bálsamo contra las digestiones pesadas. El boldo se indica para todo tipo de trastorno digestivo leve, incluido el estreñimiento. Una fórmula, muy amarga, pensada especialmente para personas con tendencia a sufrir digestiones pesadas y lentas, es la que combina las hojas de boldo con raíz de genciana amarilla, fumaria y menta, a partes iguales.
  • Cómo prepararla: Basta una cucharadita por ración de agua. Se escalda, se deja 10 minutos en infusión y se le añade un poco de miel. Resulta ideal después de una comida copiosa.


Precauciones
Por su alto contenido en alcaloides no debe tomarse boldo durante el embarazo o la lactancia. Debe evitarse también en caso de obstrucción de las vías biliares.

Jordi Cebrián. Asesora: J Mª Teixé, herborista de «El Manantial de Salud»

 

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