Índice de Toxicidad Parental

¿Sois padres o madres tóxicos? ¡Calcúlalo con la fórmula ITP!

Demián Bucay

Lo que los padres queremos para nuestros hijos es, fundamentalmente, que sean felices. Desearlo no equivale a conseguirlo y, a veces, nuestros deseos son tóxicos, sin darnos cuenta. Deberíamos darles las mejores herramientas para que ellos mismos puedan buscar su felicidad.

¿Qué queremos los padres de nuestros hijos? La respuesta es invariable: "Que sean felices". Pero si bien es cierto que su felicidad es lo que queremos principalmente, no es lo único que queremos de ellos. Tenemos también otros deseos y otras intenciones (principalmente tres, como os mostraré a continuación), digamos, más egoístas. Son los puntos en los que, con cierta frecuencia, no le hacemos bien a nuestros hijos, los puntos en los que nos volvemos tóxicos.

En el camino de hacer felices a nuestros hijos nos encontraremos con muchas dificultades: reconocer cuáles son las habilidades o herramientas que nuestros hijos necesitarán, identificar cómo sería una “buena vida” para ellos, lograr que valoren las herramientas que les ofrecemos.

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Todas estas son dificultades intrínsecas al proceso educativo que surgen de la propia intención de ayudarlos a que encuentren su felicidad. En nuestra tarea de padres, sin embargo, nos encontraremos con otras dificultades que tienen un origen menos noble. Interferencias ocasionadas por otros deseos que los padres y madres tenemos respecto de nuestros hijos.

Yo he podido identificar tres deseos primordiales que los padres y madres tenemos respecto de nuestros hijos y que pueden resultar tóxicos. En mayor o menor medida la mayoría tenemos estas expectativas que no dejan, por ello, de ser tóxicas. Como suelo decir: la normalidad no hace a la virtud.Son:

1. Tenemos el deseo de que nos hagan sentir orgullosos

El problema con esta intención es que es muy probable que nos sintamos orgullosos cuando lo que nuestro hijo o hija hace coincide con nuestros propios ideales.

Podemos acabar empujándolos a que respondan a nuestros mandatos y no a que encuentren su manera de hacer las cosas.

El caso más evidente en el que se pone en juego este conflicto es el de la elección de una actividad profesional, pero no es el único ni el más frecuente.

Tomemos el caso de un niño que tiene un berrinche en un restaurante, muchas veces podemos acabar reprendiendo al niño, no tanto para educarlo sino porque no soportamos la imagen que está dando de nosotros. No nos está haciendo sentir orgullosos y la reprimenda al final puede terminar siendo tóxica.

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2. Tenemos el deseo de que nos quieran

Está claro que, en nuestra tarea de padres, en ocasiones tendremos que tomar decisiones que a nuestros hijos les resulten fastidiosas. Si estamos demasiado pendientes de que nos quieran, es posible que eludamos sostener alguna de estas posturas impopulares puesto que comprendemos que se enojarán o incluso, no me parece exagerado decirlo, que perderemos una pequeña dosis de su amor.

Podemos terminar haciendo entonces lo que nos da una mejor imagen ante ellos y no lo que, en realidad, creemos que es mejor para sus vidas.

Ir más allá de esta cuestión es fundamental, por supuesto, para poder decirles que No la innumerable cantidad de veces que habrá que hacerlo.

Atención: esto no significa que para hacer bien nuestro trabajo de padres nuestros hijos deban odiarnos. No es necesario frustrarlos adrede “para que sepan quién manda” ni “para que sepan que no lo podrán tener todo”.

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Que no debamos perseguir tanto que nos quieran no implica que tengamos que perseguir que nos aborrezcan. Si les decimos que No, no debe ser para frustrarlos sino porque creemos que lo que pretenden es, a fin de cuentas, malo para ellos.

3. Tenemos el deseo de que sean de ayuda o de que no estorben

Este es el más fácil de identificar como tóxico porque es egoísta. Educar es un trabajo muy demandante. Y con pocos respiros. Si lo que queremos es que no nos molesten, pronto comenzaremos a actuar con negligencia.

No les prestaremos la atención que requieren para guiarlos, estimularles, acompañarles o advertirles de peligros.

¿Y qué hay del deseo de que ayuden? ¿Es acaso tóxico decirles a los hijos que colaboren en la casa? Pues bien, depende de cuál sea nuestra intención. Yo puedo decirles a mis hijos que quiten los platos de la mesa al acabar para enseñarles responsabilidad –en cuyo caso no hay problema– o puedo hacerlo porque estoy harto de hacerlo yo –en cuyo caso los estoy utilizando–.

Debemos ser sinceros con nosotros mismos a la hora de establecer cuál ha sido la verdadera motivación. Nuestro objetivo debería ser el de darles lo mejor que tenemos para ayudarlos a vivir mejor.

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Cuando lo hacemos bien acabamos, con bella ironía, sintiéndonos orgullosos, siendo queridos e, incluso, ayudados por ellos. Aunque ninguna de esas cosas haya sido nuestra meta.

Conoce tu Índice de Toxicidad Parental

Comparando la magnitud de estos tres deseos tóxicos con la del deseo de que sean felices, formulé un valor que llamé Índice de Toxicidad Parental (ITP), que mide cuán tóxicos somos como padres.

El ITP y su fórmula es más un juego que un indicador científico. No hay trabajos de campo que lo avalen como medida confiable así que, por favor, tómalo como una metáfora y un símbolo. He elegido todos los valores de forma arbitraria para señalar puntos que creo importantes. Toda la cuestión no es más que un modo, que intenta ser ameno, de recordar ciertas ideas cruciales.

Para calcular tu ITP, primero debes puntuar de 1 a 10 cuán intensamente sientes cada uno de los cuatro deseos de los que he hablado en el texto:

  • 1. ¿Cuánto deseo que mis hijos sean felices? (de 1 a 10)
  • 2. ¿Cuánto deseo sentirme orgulloso de mis hijos? (de 1 a 10)
  • 3. ¿Cuánto deseo que me quieran? (de 1 a 10)
  • 4. ¿Cuánto deseo que no me estorben y/o me sean de ayuda? (de 1 a 10)

Al valor que le hayas asignado a cada respuesta, los llamaremos respectivamente: N1, N2, N3 y N4. Ahora ya puedes calcular tu ITP reemplazando los números en la siguiente fórmula: ITP = (N2+N3+N4)/N1

Resultados

  • ITP menor a 1: Ideal. Significa que tus otros deseos no tienen la fuerza suficiente para opacar tu intención de ayudarlos a construir su felicidad. Enhorabuena.
  • TP entre 1 y 1,5: Aceptable. Tus otros deseos tienen cierta preponderancia pero no llegan a ser tóxicos. Es muy probable que en ocasiones te encuentres con actitudes que no resultan saludables pero el resultado global es nutritivo. De todas maneras, no está de más detenerse a pensar en esos casos y reconocer qué intención se pone en juego.
  • Si tu ITP es mayor a 1,5: ¡Atención! Fíjate en cuáles de los deseos son más fuertes. ¿Puedes identificar situaciones en las que un deseo en cuestión te haya influido en tus decisiones respecto a tus hijos? ¿Querrías haber actuado de otra manera? ¿Qué deberías trabajar para poder hacerlo?

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