Mejora tu autoimagen

Acéptate en cuerpo y alma

Eva Mimbrero

Los cánones de belleza imperantes hacen que sea fácil no encajar en ellos. Que eso no suponga un freno para ti, quiérete tal y como eres y busca tu propia felicidad.

El canon de belleza actual, en el que la juventud y la delgadez se imponen, puede generar complejos físicos. Observar directamente aquello de lo que estás menos orgullosa de tu cuerpo con una actitud receptiva, siendo consciente de que todo el mundo tiene sus singularidades (una nariz demasiado ancha, unas orejas muy pequeñas, el pecho algo caído...) te ayuda a aumentar la confianza en ti misma.

El cuerpo manifiesta lo que has vivido y lo que eres. La posición corporal, las arrugas que surcan el rostro, esa cicatriz que te hiciste siendo niña… son señales de lo que llevas contigo, y es sabio aceptarlas.

Mírate en el espejo y mejora tu autoestima

Este ejercicio ayuda a aumentar la autoestima y a aprender a descifrar los mensajes del cuerpo.

Delante de un espejo de cuerpo entero fíjate en tu postura habitual: ¿los hombros están encogidos o caídos? ¿La mandíbula parece tensa o relajada? ¿El pecho está hundido o hacia delante? ¿Los pies se apoyan uniformemente en el suelo o el peso recae sobre alguno de los lados?

Se trata de observar tu postura y conectar con los sentimientos que genera: tristeza, comprensión, fortaleza, amor, debilidad… Aceptarte tal y como eres, con tus virtudes y defectos, es el primer paso para transformar los bloqueos e inseguridades en una experiencia de crecimiento enriquecedora.

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Dialoga con tu rostro y el dibujo sanador

Fíjate ahora en tu rostro, en las canas que tal vez empiezan a poblar el cabello o las arrugas que poco a poco van apareciendo alrededor de los ojos. No son más que testigos del tiempo, de todo lo vivido. Tras unos minutos de observación, cierra los ojos y acaricia tu rostro con amor, lentamente, empezando por la frente y descendiendo por las cejas hasta el cuello.

Otro ejercicio que pone en contacto con la autopercepción corporal es intentar dibujarte a ti mismo. ¿Te ves triste o sonriente? ¿En qué postura te dibujas? Trata de no reprimir las emociones que te vayan surgiendo.

4 técnicas para favorecer el diálogo con tu cuerpo

A la hora de ganar conciencia corporal son muchos los caminos que puedes tomar. El resultado depende, en gran medida, del diálogo que se establece entre el terapeuta, el paciente y la propia técnica elegida.

  1. Método de Liberación de Corazas (MLC). Según esta técnica los músculos pueden guardar en su interior bloqueos emocionales y mentales que impiden que la energía vital circule libremente por ellos, lo que provoca rigidez, dolor y tensión. Para favorecer la circulación de esta energía se llevan a cabo sencillos movimientos en los que el cuerpo entra en contacto con pelotas de goma, de espuma o bastones cubiertos de caucho. La presión que ejercen ayuda a la persona a percibir cómo está su musculatura y a observar qué sentimientos o pensamientos genera esta presión. Fue creada por Marie Lise Labonté como método de autocuración.
  2. Método Trager. Esta disciplina, creada por el doctor Milton Trager, combina el masaje corporal con el aprendizaje de sencillos movimientos que pueden llevarse a cabo en casa. Su objetivo es aumentar la movilidad, el diálogo y la conciencia corporal. Al no trabajar de forma brusca se respeta el espacio del cuerpo, que puede provocar así los cambios desde el interior.
  3. Reeducación postural global (RPG). Creada en 1981 por el fisioterapeuta Philippe Souchard, detecta qué musculos se encuentran tensos o acortados y descifra el motivo último de esa tensión, a veces solapado por las compensaciones musculares. Lo más importante es que el paciente tome conciencia de cómo se encuentra su cuerpo y realice los estiramientos propuestos por el terapeuta.
  4. Trabajo corporal integrativo (TCI). Luis Carbajal, que ha desarrollado esta línea de trabajo, explica que el TCI busca la integración de técnicas como la Bioenergética, la terapia Gestalt, el Método Grinberg o el Movimiento Armónico, para retomar el contacto con el cuerpo. Potenciar lo lúdico, con herramientas como el baile o los juegos de contacto, es una de sus características.

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