Desodorantes naturales

Cosmética natural

Desodorantes sin cante: eficaces y sin tóxicos

Los desodorantes naturales, a base de aceites esenciales o piedra de alumbre, eliminan el mal olor sin alterar el equilibrio de la piel. Y lo más importante: evitan la exposición a sustancias químicas dañinas, muy presentes en los desodorantes convencionales.

José Manuel Fernández

Por el calor, el esfuerzo físico o incluso la tensión emocional, todo el mundo sabe lo que es sudar más de la cuenta un día y las desagradables consecuencias que puede tener. Los desodorantes pueden atenuar el sudor y sus molestias, pero hay que prestar atención a sus componentes, pues pueden resultar perjudiciales para la salud.

El sudor es una secreción de agua con electrolitos y ácidos grasos en suspensión que elimina sustancias de desecho y ayuda a regular la temperatura corporal.

Cuando es reciente, solo huele si elimina algún tipo de metabolito, como vitaminas del grupo B, o si se ha tomado alcohol o alimentos que liberen alilo, como la cebolla o el ajo.

El secretado por las glándulas apocrinas –las que aparecen tras la pubertad en axilas y genitales–, puede degradarse además por la acción de las bacterias saprofitas que viven en la piel y que lo descomponen formando sustancias de fuerte olor, como el ácido valeriánico y butírico, mercaptanos, aminas y amoniaco.

Lo primero, evitar sudar en exceso

Una primera estrategia para evitar las consecuencias de la sudoración es tratar de reducirla cuando resulta excesiva. Ducharse a diario es fundamental, pero, paradójicamente, el exceso de jabón en las axilas puede provocar un efecto rebote, por lo que debería limitarse a una vez al día su empleo. Si fuera necesario lavarse una segunda vez, conviene hacerlo solo con agua.

La transpiración se reduce a su vez depilando la zona de las axilas, evitando utilizar prendas ajustadas y procurando no abrigarse demasiado.

Cómo elegir un buen desodorante natural

Estas son las razones por las que es básico elegir bien el desodorante: el tamaño de los poros en la axila permite que pasen tóxicos y la proximidad de los ganglios linfáticos facilita la diseminación del daño por todo el cuerpo.

Existen dos tipos de desodorantes: los que reducen la transpiración y los que atacan a las bacterias responsables del mal olor.

Desodorantes antitranspirantes

Sus sales minerales inflaman el canal sudoríparo para que se cierre y no elimine tanto sudor.

En los desodorantes naturales se emplea el alumbre (Potassium alum), muy eficaz y seguro. No cierra los poros del todo y crea una película sobre la piel que impide el crecimiento bacteriano.

En los desodorantes de síntesis se usa el clorhidrato de aluminio. Esta sal puede formar aluminatos, que pueden reaccionar con los estrógenos femeninos, y se ha relacionado con el cáncer de mama.

Desodorantes antisépticos

Buscan erradicar las bacterias que degradan el sudor sin eliminar la transpiración.

En cosmética convencional se emplean derivados halogenados como el triclosán, el más frecuente. Conviene evitarlo, pues actúa como disruptor hormonal y no respeta la flora saprofita beneficiosa del cuerpo humano. Tampoco es aconsejable desde la perspectiva medioambiental: al ser muy estable químicamente no se destruye y llega a ríos y océanos, donde supone un grave problema ecológico.

En cosmética natural se suelen utilizar aceites esenciales antisépticos, como la salvia o el romero, u otras sustancias reguladoras, como ciertas levaduras. Los aceites esenciales no solo reducen las bacterias problemáticas, sino que aportan su buen olor. Además se suele incluir una solución hidroalcohólica que favorece la sinergia de ingredientes y aumenta la eficacia.

Elegir un desodorante natural es, pues, una opción tan eficaz como la de los desodorantes convencionales de síntesis y también más segura y ecológica.

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