Cuidar de los pequeños detalles protege el cerebro

Marca la diferencia

Cuidar los detalles protege las neuronas y mejora nuestra vida

Dar importancia a las pequeñas cosas transmite un mensaje positivo que transforma nuestras relaciones y nos encamina hacia grandes objetivos.

Francesc Miralles

A menudo trazamos grandes planes con una distancia que no contempla las pequeñas cosas. Nos fijamos en el objetivo, pero no somos conscientes de que esas metas se componen de muchos pasos que hay que realizar con amor y en la voluntad de mejorar nuestra vida y la de los demás.

Esto es especialmente importante en el ámbito de las relaciones personales, cuya calidad y sentido dependen de pequeños detalles diarios como escuchar al otro o preparar sorpresas cotidianas que mantengan viva la llama de la ilusión.

En ese sentido, las personas detallistas están siempre atentas a aquello que apenas se ve, pero que acaba teniendo gran importancia en el conjunto. Corregir enseguida aquello que se ha torcido, cultivar nuevos hábitos, recordar las necesidades de los demás, demostrar amor.

Todo eso significa prestar atención a los detalles, lo cual al final acaba marcando la diferencia entre el éxito y el fracaso de una pareja, una relación familiar, de amigos o incluso laboral.

Ser detallista significa tener buen ojo para captar signos tanto positivos como negativos antes de que sea demasiado tarde.

No dejes de cuidar los pequeños detalles

En 1969 se realizó un experimento sociológico que, medio siglo después, sigue siendo altamente significativo. Fue idea del psicólogo Philip Zimbardo y acabaría dando lugar ala denominada: "Teoría de las Ventanas Rotas".

El experimento se inició abandonando un coche en medio del Bronx. En aquella época, el barrio neoyorquino era muy pobre y conflictivo. Con el objeto de observar qué sucedía, Zimbardo aparcó el vehículo con las placas de matrícula arrancadas y dejó las puertas abiertas.

Tan solo diez minutos después, el coche empezó a ser desvalijado. 72 horas más tarde ya no quedaba nada de valor en el automóvil, que a partir de ese momento fue destrozado salvajemente. Esa fue solo la primera fase del experimento.

En la segunda, abandonaron un coche exactamente igual en un entorno de estatus opuesto, la acomodada urbe de Palo Alto. La primera semana el vehículo permaneció intacto, a diferencia de lo que había ocurrido en el Bronx.

Entonces Philip Zimbardo tomó la decisión de intervenir. Con un martillo se dedicó a abollar la chapa del coche, y rompió una de las ventanas. El vehículo mostraba ahora señales de vandalismo y abandono.

¿Qué sucedió entonces? Zimbardo comprobó cómo a partir de que el coche mostrara un deterioro manifiesto, también los habitantes de la pequeña ciudad californiana se ensañaron con él. Con la misma rapidez que los vecinos del Bronx, el resto de ventanas fueron destrozadas y luego otras partes del vehículo.

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La conclusión que se derivó del experimento fue la siguiente: cuando no reparamos una ventana rota, las otras no tardarán enser destrozadas porque estamos transmitiendo una idea de abandono.

En palabras de Michael Levine en su libro Broken Windows - Broken Business: "El mensaje que se da a través de una ventana rota y la percepción que recibe el espectador es que al dueño y a la gente de su alrededor no les importa el estado de esa ventana: han renunciado y la anarquía reina en su terreno, por lo tanto, haz lo que quieras, porque a nadie le importa."

Este experimento es, de hecho, una metáfora muy elocuente de lo que sucede con nuestra existencia cuando dejamos de cuidar de los detalles.

Cuidar los pequeños detalles es cuidar las relaciones

En una relación de pareja, con una amistad, o en la gestión de la propia vida, en el momento en que dejamos una ventana rota sin reparar, damos el permiso para que empiece el declive.

Al no dar importancia al disgusto de un amigo, ignorándolo, le transmitirnos el mensaje de que no nos importa lo que le pase, como sucedía con el coche abandonado a su suerte.

Si dejamos de atender rituales que habían sido importantes en nuestra relación de pareja, como escribir mensajes cariñosos, enviarle una canción por e-mail o preparar una cena sorpresa, el otro puede entender que ya no nos esforzamos por su felicidad.

Al descuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, alimentando uno con fast-food y el otro con pensamientos tóxicos, damos el aviso a nuestra alma de que "el capitán ha abandonado el barco" y que aceptamos que vaya a la deriva hasta hundirse.

Las ventanas rotas están detrás de todas las relaciones que se deterioran. Si además de no cuidar de los detalles, cuando se produce un enfado o un desacuerdo no lo subsanamos, estamos dando paso para que el estropicio sea cada vez mayor hasta que llegue un punto en el que no sea recuperable.

Un gran enemigo de la ilusión es la rutina. Algunos antídotos contra la inercia son:

  • Introducir variaciones en todo lo que hagamos: desde cómo nos vestimos a la manera en la que recibimos a nuestra pareja o amigos.
  • Preguntar a los demás por sus deseos y sueños.
  • En la pareja, jugar a que todo es como al principio, como si nos halláramos siempre en fase de seducción.

Presta atención y tus neuronas te lo agradecerán

Del mismo modo que un edificio construido con materiales de baja calidad empieza a presentar problemas poco después de ser terminado, en todo lo que hagamos en nuestra existencia, la calidad de las pequeñas cosas va a ser crucial. También para nuestra salud, como veremos a continuación.

Hay una serie de hábitos personales que, aplicados en el día a día, mejoran nuestra calidad de vida e incluso benefician nuestra salud cerebral. Los hábitos son los siguientes:

  • Ser puntual con las citas y los compromisos adquiridos.
  • Trabajar siempre de forma escrupulosa y concienzuda.
  • Actuar con amor a los detalles.

De acuerdo con el estudio realizado por el centro Centro Médico Universitario Rush de Chicago, las personas minuciosas, ordenadas y autodisciplinadas que respetan estas costumbres tienden a ser menos propensas a desarrollar Alzheimer en la vejez, comparadas con los perfiles que no prestan tanta atención a los detalles.

Tras analizar los resultados, los investigadores dedujeron que una actitud meticulosa favorece la salud del cerebro, ya que esta clase de hábitos aumentan las conexiones neuronales y eso nos protege del deterioro mental.

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Otro estudio en la misma dirección realizado en Nueva York llegó a la conclusión de que las personas meticulosas y atentas a los detalles tienen menos propensión a las enfermedades crónicas.

Las encuestas mostraron que las personas más organizadas, responsables y escrupulosas mesuran más que el resto las consecuencias de sus acciones, y por lo tanto son muy prudentes a la hora de adoptar conductas que pudieran representar un riesgo para su salud.

Por consiguiente, estar atentos a los detalles nos lleva a cuidarnos más, alarga nuestra esperanza de vida y evita sorpresas desagradables en todos los ámbitos de la existencia. De hecho, la capacidad para disfrutar a fondo cada instante de la vida guarda mucha relación con esta atención a las pequeñas cosas.

El kaizén cotidiano

En una de sus frases más célebres, el legendario sabio Lao-Tsé dijo que "un viaje de miles de kilómetros debe comenzar por un solo paso". Aplicado a la vida cotidiana, nos recuerda que los grandes cambios personales dependen de iniciativas pequeñas que pueden parecer insignificantes.

Cuidar de nuestro aspecto físico y de cada palabra que pronunciemos, practicar una escucha mucho más activa, o el simple hecho de regar las plantas y arrancar las hojas secas para aportar belleza y armonía al hogar puede significar el inicio de un proceso de transformación que nos lleve de la inercia a lo extraordinario.

Sobre esto, la filosofía japonesa del kaizén parte de un hecho científicamente probado: los pequeños pasos vencen la resistencia del cerebro a asumir un nuevo comportamiento y procuran una mejora continua.

El término está formado por dos vocablos: "kai", que en japonés significa "cambio", y "zen", que hace referencia a esta interpretación del budismo.

Para la actitud kaizén, el tiempo es nuestro gran activo, una riqueza irrecuperable de la que depende la calidad de nuestra vida. Dependiendo de cómo lo invirtamos, con qué y con quién, nuestra historia personal será más o menos valiosa.

Por eso propone amar los detalles, cuidar y embellecer cada minuto como si fuera el último. Si valoramos de verdad el tiempo que pasamos con los demás y con nosotros mismos dejará de haber "días normales" para darnos cuenta de que cada despertar es en realidad un milagro que merece ser dotado de contenido y celebrado con o sin compañía.

El kaizén nos invita a analizar los detalles que pueden mejorar nuestra vida, corregir pequeños errores y añadir nuevos hábitos que, a la larga, darán lugar a un gran cambio personal Y, como decía el sabio chino, todo empieza con un paso.

Buscando la excelencia

Aspira a la perfección. Poner el listón muy alto nos ayuda a movilizar todas nuestras capacidades. No siempre se alcanza el máximo nivel, pero la gracia está en intentarlo.

Fijar los diferentes subobjetivos o pequeñas metas a conseguir es la mejor forma de conquistar el Gran Objetivo.

De nada sirve ser minucioso si no te convences primero de que estás capacitado para alcanzar las metas que te propongas.

Para acercarte a los logros de alguien a quien admiras, formúlate la pregunta: "¿qué haría él o ella en esta situación concreta?".

Los pequeños detalles también para uno mismo

No cabe duda de que los detalles marcan la diferencia en las relaciones humanas. Los amigos más apreciados son aquellos que prestan atención a cada palabra que les contamos, ayudan en cuanto pueden, nunca fallan en las citas y no olvidan la fecha de nuestro cumpleaños.

Este tipo de personas, además, no actúan así siguiendo un frío protocolo establecido. Es justamente el amor por el otro lo que hace que pongan los cinco sentidos en todo aquello que procura el bienestar del amigo.

Dentro de la pareja, si observamos las relaciones más duraderas veremos que se dan entre personas que nunca dejan una "ventana rota", como hablábamos al principio. Cuidan cada detalle de la vida en común y esa es su manera de demostrar, día a día, que el sentimiento que un día les unió sigue vivo.

Pero el amor por los detalles no estaría completo si no incluyera a la propia persona. Dormir suficientes horas, nutrirnos de forma saludable, practicar ejercicio y alimentar nuestra mente con contenidos de calidad es ser detallista con uno mismo.

El resultado de todas estas pequeñas acciones es una vida con sentido en la que cada paso nos acerca un poco más a la plenitud. Ser detallista con uno mismo, con los demás y con cualquier proyecto que tengamos entre manos, es una garantía de felicidad.

Etiquetas:  Relaciones

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