Autohipnosis

Buenos hábitos

Autohipnosis paso a paso: ¿reprogramamos la mente?

Emociones y hábitos tóxicos son rutinas automatizadas en nuestro cerebro y organismo. Con la autohipnosis, podemos modificarlas o crear otras positivas.

Ana Montes

Activar tu capacidad de curación, regulación y confianza, resolver conflictos internos y mejorar tu bienestar, o conseguir soluciones creativas a cosas del día a día es factible si accedes a tu subconsciente a través de la autohipnosis, a tu propia capacidad natural para hipnotizarte a través del gran poder de la sugestión.

Ya en 1955 la Asociación Médica Británica recomendó el uso de la hipnosis para tratar problemas psicológicos y enfermedades psicosomáticas porque facilita aprendizajes terapeúticos mediante el refuerzo de la autoestima y la motivación.

Asimismo, estudios en universidades y publicaciones en revistas de alto impacto científico como Science o The Lancet recogen buenos resultados de la hipnosis en el tratamiento de distintos tipos de dolor, como la fibromialgia, dolores dentales o colon irritable, e incluso en los del parto.

Esta hipnoanalgesia está reconocida por las revisiones de la evaluación Cochrane (medicina basada en la evidencia) de 2009, y también se comprueba mediante las pruebas de neuroimagen.

Autohipnosis, mejor empezar con un terapeuta

La mayoría somos hipnotizables o autohipnotizables, aunque hay que confiar y querer; si no, no funciona. Pero si crees, creas.

Independientemente de tu realidad externa, puedes reprogramar tus emociones y metas en tu subconsciente, que el 95% de las veces ejecuta en modo automático todo lo que hemos aprendido, para bien o para mal, lo cual es difícil de cambiar de forma consciente.

Unos 20 minutos al día harán que consigas destreza. No obstante, conviene tener una experiencia previa con un terapeuta, porque cuanto más se adapte la experiencia hipnótica a tu personalidad y circunstancias, mejor será.

Un buen terapeuta no solo te puede guiar en tus primeras sesiones de hipnosis o enseñar técnicas para entrar en este estado tú mismo, sino que también puede programarte un atajo a fin de que puedas entrar rápidamente en autohipnosis.

En estado de hipnosis te puede decir, por ejemplo: "Estés donde estés, cuando juntes el pulgar y el dedo índice, vas a entrar siempre en autohipnosis".

Después de entre 3 y 5 sesiones de una hora, estarás preparado para conectar con tu subconsciente e introducir mejoras mediante sugestiones; esto es, instrucciones que tú mismo te darás.

En calma pero sin perder el control

¿Caerás en redondo? No. El estado hipnótico en la aplicación clínica y terapéutica se logra bajando la frecuencia de las ondas cerebrales, cotidianamente en beta (14-40 Hz), cuando hay más estrés, para entrar en alfa (7,5-14 Hz) o theta (4-7,5 Hz), cercanas a la quietud, calma y letargo en que nos desenvolvemos cuando estamos concentrados o en duermevela.

En estas frecuencias, el subconsciente se vuelve dócil, receptivo y obediente a nuestras órdenes sin perder el control de los actos, manteniendo la conciencia.

Cómo son las sesiones de autohipnosis

Aprender a entrar en estado hipnótico, personalizar tus sugestiones, visualizarlas y anclarlas para llevarlas a tu mundo real es la síntesis de todo el proceso.

No te tires a la piscina sin tener en cuenta que, aunque mejora muchos aspectos psicológicos y fisiológicos, e incluso procesos oncológicos –aumenta la inmunidad y actúa como coadyuvante de otros tratamientos médicos–, algunos hábitos y problemas como las fobias o autoestima baja hay que tratarlos antes.

1. Entrar en estado hipnótico

Horacio Ruiz, presidente de la Asociación Española de Hipnosis Clásica y Ericksoniana, propone imaginar el número 100 e ir descontando mentalmente de dos en dos hasta el 0, porque contar hacia atrás se asocia con relajarse, descender en tu estado cerebral.

Para activar el principal nervio relajador del cuerpo, el nervio vago, inhala y retén el aire durante periodos de 5 segundos, haciendo exhalaciones más largas (10 segundos).

Josep Mañogil, director de la Escuela de Hipnosis Clínica de Barcelona, recomienda, para bajar a un estado hipnótico más profundo, seguir distintas fases de conteo: del 20 al 1, luego del 10 al 1, del 5 al 1 y del 3 al 1.

En cada conteo, levanta los brazos y ve bajándolos mientras dices: "Ahora estoy entrando en un estado hipnótico profundo". Después del último conteo, te dirás: "Tengo total control sobre mí. Lo que pienso ahora está influyendo en mis pensamientos, emociones y mis órganos", de esta manera crearás un reflejo condicionado para programar posteriores sugestiones.

2. Formular bien las sugestiones

Poco a poco, vete sugestionando sobre lo que quieres conseguir. Hay que mantener un esquema y personalizar el mensaje. Para ello es útil escribir un guion previo y grabarlo con tu voz para escucharlo durante la sesión.

Para ejercitarse, mejor escucharlo en los ciclos ultradianos, esas fases de letargo, bajo rendimiento o menor energía que se suceden cada dos horas y duran 20 minutos.

Si solo quieres interiorizar el estado de calma alcanzado en la hipnosis profunda, puedes reforzarlo introduciendo pensamientos como este: "Quiero mantener este estado de tranquilidad cada día y también mañana".

3. El poder de la visualización creativa

Además de las sugestiones, hay que visualizarse en un contexto concreto usando los cinco sentidos. Evoca siempre experiencias personales y placenteras, con alta carga emocional, porque el cerebro las reconocerá mejor al tenerlas grabadas.

El cerebro funciona por asociación: si no surge la visualización, emplea una metáfora. Por ejemplo, si pedimos al cerebro que inicie una limpieza exhaustiva del organismo para eliminar toxinas, podemos construir una metáfora como ir pasando una manguera de agua por un suelo embarrado para limpiarlo poco a poco.

4. Elegir los anclajes para fijar la sugestión

"Siempre tiene que haber un anclaje, porque, si no, el cerebro se lo toma más como una orden que como una experiencia interna", recomienda Agustí Camino, director del Instituto Milton Erickson de Barcelona.

Los anclajes pueden ser palabras, gestos, imágenes u objetos. El más efectivo es el más personal, cómodo o emotivo, y que te motive para luchar contra un hábito o lograr un objetivo. Un colgante, un anillo, una foto, un recuerdo, juntar dos dedos… pueden usarse para fijar la sugestión que quieras unir a tu visualización.

Etiquetas:  Emociones Cerebro

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