Ducha fría estimulante

Más resistencia

¿Te duchas con agua fría? Atrévete y revitaliza tu organismo

La ducha fría resulta estimulante. Con un poco de entrenamiento se incorpora como rutina diaria dentro de un estilo de vida optimista y sano.

Dr. Pablo Saz

En esta mañana he tomado una ducha fría. He sentido el impulso que se necesita para elegir el agua fría, la he sentido sobre la piel y me he mentalizado de que resulta agradable.

Me he secado fuerte con la toalla, he sentido la aún más agradable reacción del calor y energía que desprende el cuerpo, la respiración profunda que genera, y he esperado que se abra una ventana de frescor y lucidez.

¡Espero que te atraiga esta forma de empezar el día porque produce muchos beneficios sobre la salud!

¿Ducharse con agua fría?

Con solo pensarlo nos ponemos a tiritar, sobre todo en invierno. Pero se trata precisamente de esto, de llegar a comprender que incluso la tiritona puede ser un magnífico ejercicio: es una contracción muscular acelerada con la finalidad de producir la mayor cantidad de calor posible en el organismo.

Nuestro objetivo no será en realidad llegar a la molesta tiritona, sino convertir el baño frío en una experiencia natural y agradable con posibilidades higiénicas y terapéuticas.

La misma agua, con presión y temperatura idénticas, se pueden recibir de forma fastidiosa (como cuando alguien te lanza agua fría sin avisarte) o de forma agradable (si te mentalizas para disfrutarlo). El efecto placebo y la producción de neurotransmisores son muy distintos.

Los beneficios de la ducha fría

Los principales promotores de los baños fríos terapéuticos en Europa fueron Vincent Priessnitz y Sebastian Kneipp. Su apuesta fue principalmente por baños parciales de pies, manos y brazos, o por frotaciones generales, y siempre muy breves. Bastan unos segundos para provocar una reacción general.

Se comenta que Priessnitz no admitía pacientes si estos no presentaban una buena respuesta ante el baño frío, ya que ahí estaba la clave terapéutica, en la reacción de calor y bienestar que se producía después del tratamiento hidroterápico.

En el baño de nuestra casa se necesita decisión, coraje, voluntad, ilusión y sobre todo optimismo para elegir el agua fría, sentirla y disfrutar con ella, entendiendo que no es solo una necesidad higiénica, sino una oportunidad para entrenar los sistemas termorregulador e inmunitario y para fortalecerse física y mentalmente.

Si no hemos desarrollado esta capacidad de decisión, siempre podemos comenzar a entrenarnos con la fría después de utilizar la caliente.

En otras tradiciones culturales o terapéuticas el baño se presenta como un ritual de limpieza y purificación. Los samuráis antes y los monjes sintoístas hoy disfrutan bajo las cascadas de agua fría y miles de peregrinos se sumergen en las aguas del Ganges.

Potencia tu salud física y mental

El entrenamiento progresivo con el agua fría produce un fortalecimiento general a nivel físico: estimula la circulación, consume calorías, vigoriza los nervios y refuerza el sistema inmunitario.

Además mejora el sistema termorregulador, lo que permite adaptarse mejor al frío y al calor ambientales. Esto aumenta la tolerancia al frío y se resisten mejor los cambios de tiempo.

También tonifica y reafirma a nivel emocional y mental: ayuda a despertar, a disfrutar, a estar más optimista, a reaccionar y recuperar la capacidad de vivir el presente. Quita el miedo al agua fría y pone las bases para superar otros miedos.

La experiencia física y psicológica de convivir y disfrutar con el agua fría nos enseña a transformar las dificultades en retos que superar.

Ayuda en el aspecto preventivo, porque mejora el síndrome de fatiga crónica, sustituye los neurolépticos y sedantes, prepara la musculatura antes del ejercicio y favorece la recuperación después de una sesión intensa, y evita resfriados.

Cómo entrenarse con la ducha fría

Empieza poco a poco. Toma la ducha caliente y al final dirige el agua fría durante unos segundos a los pies. Los días siguientes suma brazos, pecho y espalda hasta la ducha completa.

La ducha previa caliente dura de 1 a 3 minutos. La ducha fría completa se mantiene de 1 a 3 segundos en función del entrenamiento; en verano puede disfrutarse 15-30 segundos.

Después sécate rápido y con brío. Para aumentar el efecto calorífico de la frotación puedes usar una toalla de lino. Es importante que inmediatamente te abrigues bien.

Puedes hacerlo con los niños, planteándolo como si fuera un juego divertido y un reto. Para que el efecto sea positivo, el niño tiene que disfrutar del baño y de la reacción.

En cuanto a las temperaturas, el agua caliente no debe superar los 38 ºC y el agua fría debe estar a 18ºC o menos.

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