Cerebro cardiaco

Sincronizar

Unir cerebro y corazón. ¿Quién toma las decisiones?

Pensábamos que el cerebro es el director de orquesta de nuestro organismo, pero cada vez hay más evidencias de que es el corazón quien toma las decisiones.

Nora Rodríguez

La mente no funciona separadamente del cuerpo, y del mismo modo nuestro cerebro no funciona independientemente de nuestro corazón. Ambos órganos entonan una sinfonía que influye en nuestras percepciones y decisiones, y en el modo en que conectamos con los demás.

Es algo que empieza a ser analizado por la biología profunda y que nos traslada a una nueva percepción de lo que somos en verdad.

Cerebro y corazón: los codirectores de nuestro organismo

Amamos, estudiamos, reímos, nos frustramos y tomamos decisiones convencidos de que cada uno de estos actos son controlados por el cerebro.

Sin embargo, las emociones que subyacen detrás de estas vivencias tienen a menudo como codirector de orquesta también al corazón.

Con su lenguaje de latidos, el corazón no solo envía mensajes al cerebro, cuando sus neuronas detectan que necesitamos equilibrarnos, sino que pone en marcha sus propios recursos para volver a la situación de equilibrio, y hasta puede hacerlo de un modo autónomo, sin que nuestro cerebro intervenga.

Entre ambos órganos se establece un camino de ida y vuelta en el que diseñan nuestras percepciones sin que seamos plenamente conscientes, pero desde donde experimentamos nuestro ser tanto como las emociones y sensaciones de los demás.

El cerebro cardiaco

El corazón nos mantiene conectados con neuronas que aprenden, sienten, recuerdan y toman decisiones funcionales sin el pleno consentimiento del cerebro, ya que su campo electromagnético es 5.000 veces más intenso que el del cerebro.

Según las investigaciones científicas, su energía se extiende hasta cuatro metros alrededor de nuestro cuerpo, por lo que sentirse aislado de los demás es una ilusión de la mente.

Y es que el cerebro controla y cuida nuestra supervivencia, atento a la adaptación al medio y a lo que ocurre en nuestro interior, pero el corazón realiza acciones que afectan a nuestras percepciones.

El corazón es un "cerebro cardiaco", tal como lo denominó el doctor J. Andrew Armour en 1991, pues con su sistema nervioso intrínseco, ubicado alrededor de la superficie del ventrículo derecho, y dotado con 40.000 neuronas, neurotransmisores, proteínas y células de apoyo, puede actuar como el cerebro.

La unidad cuerpo-mente

Podemos perfeccionar la vivencia de la unidad cuerpo-mente, natural en la cultura oriental, porque no se trata de una unidad estática.

El gran filósofo japonés Yuasa Yasuo introdujo el concepto de "unidad cuerpo-mente lograda" y propuso un entrenamiento psicofísico continuo como vía de acceso consciente a esa unidad, a partir de una mejor conexión con los sentidos y con los estados mentales de relajación y percepción de totalidad.

La sensación de unidad no es raro que vaya acompañada de una profunda percepción de fortaleza interior. La experiencia del "estado de unidad", de la unidad que nace de dentro, y que parte de la vivencia de estar –solo estar, sin barreras ni juicio alguno– activa actitudes como el perdón o la reconciliación.

Es el estado de "paz interior" o "estar en el centro" que, en un amplio sentido del término, es una experiencia mística. La experiencia es mayor cuando el corazón transfiere información fisiológica, psicológica y social entre los individuos, porque desde el punto de vista evolutivo es esta conexión lo que nos ha permitido llegar hasta aquí como especie.

Dice John Cacioppo, creador de la neurociencia social: "Los humanos crecemos, aprendemos y nos desarrollamos en grupo, y la ciencia ha demostrado que tenemos emociones que no existen en otras especies, o que las tienen, pero están apenas desarrolladas. Una es la empatía, una forma de receptividad mutua en la que los demás influyen y moldean nuestro estado de ánimo y nuestra biología".

Estar en la piel de los demás

Estamos de verdad en la piel de los demás porque, según Daniel Stern, profesor adjunto del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cornell, "nuestro sistema nervioso percibe el sistema nervioso de los demás y siente lo que los demás sienten". Cuando ello ocurre resonamos con su experiencia y ellos también con nosotros.

De hecho, ya Aristóteles daba prioridad al corazón antes que al cerebro, y en la Edad Media se creía que cada persona tenía tres almas: una en el hígado, otra en el corazón y la tercera era el alma racional.

Pero han tenido que pasar más de once siglos para que supiéramos que los seres humanos estamos provistos de recursos para poner en marcha y mantener la unidad interior y el cuidado de la especie.

El altruismo, la lectura emocional, la facultad de predecir acciones de otros, percibir de manera instantánea el estado interior de otras persona o comprender sus sentimientos y pensamientos… son otras capacidades a nuestro alcance.

Nuestra mente es permeable y está interconectada con otras mentes, unidas por un hilo invisible.

Solo necesitamos reeducarnos para tener una actitud más abierta y receptiva, en disposición para aprender, porque mantenemos todo el tiempo un diálogo inconsciente con todas las personas con las que nos relacionamos, en una especie de matriz interpersonal.

El sufismo nos regala una maravillosa enseñanza en este sentido: la de los místicos Kamal Posh, los "poseedores de manta", que era su única pertenencia.

Cuenta lo siguiente: estos místicos viajaban en tiempos de Mahoma por todo el mundo sin que nadie llegara a satisfacerlos interiormente. El Profeta estaba sentado junto a sus compañeros cuando predijo que no muy tarde llegaría el grupo de los Kamal Posh.

Y así sucedió. Cuando se sentaron junto a él, no pronunció palabra, y sin embargo los Kamal Posh se sintieron completamente satisfechos. Estuvieron en silencio, la mente no parloteaba. Había creado amor en sus corazones, y era una emoción tan potente que se sentían impregnados.

No había queja, porque la queja solo aparece cuando el corazón no está agradecido, y el acto de agradecer va unido al silencio.

Cuanto mayor es la sintonía física entre dos personas, mayor es la semejanza entre sus estados de ánimo. Cuando el estado de ánimo es positivo, entonces la conexión interna con otras personas reporta grandes beneficios para quienes lo perciben, tanto para la mente como para el cuerpo.

Y es que no solo las ondas cerebrales de una persona pueden sincronizarse con el corazón de otra, también pueden hacerlo acelerándose o ralentizándose antes de las buenas o malas noticias, al recibir el corazón esa información justo antes de hacerlo el cerebro.

La conexión entre una madre y su bebé

En la relación de amor entre una madre y su bebé, aquella busca la sincronización imitando los sonidos y gestos del hijo y crea un vínculo mucho más armónico y una gran comunicación.

Quizá por ello se está empezando a pensar que la mayoría de las madres acunan a su bebé del lado izquierdo, porque mientras mantienen la diminuta oreja derecha del pequeño pegada a su pecho pueden hablarle al oído izquierdo, que está más cerca y estimula el lado derecho de su cerebro.

De esta manera se promueve una conexión emocional directa y se alcanza así más rápidamente el momento de sincronicidad.

Lo maravilloso es que, en esa unidad madre-hijo que se establece, la sincronicidad entre ambos regula el equilibrio interno del bebé e incrementa la posibilidad de conexiones sinápticas, sin contar con que el bebé está aprendiendo a sintonizar emocionalmente mucho antes de saber hablar.

Comprender nuestra mente a través de la de los demás

En la obra de Carl G. Jung El hombre y sus símbolos se cuenta que, si bien los innu de Quebec y Labrador (Canadá), también llamados el "pueblo perfecto", experimentan el centro interior sin ayuda de doctrina alguna, los indios navajos recuperan el equilibrio interior mediante mandalas pintados.

Con ellos vuelven a la armonía tanto personal como con el Cosmos, y dan de este modo el verdadero significado a sus vidas.

La quietud que se experimenta al percibir el estado interior se refleja en sánscrito en dos palabras: samadhi, que significa conciencia plena, y vipassana, que se traduce habitualmente por lucidez, clarividencia, sabiduría.

Ambas palabras se refieren a calmar los altibajos de la mente agitada y observar por tanto el mundo sin los espejismos que nos ocultan muchas veces la realidad.

El yoga ayuda a conseguir un mayor sentido de unidad mediante la quietud de la mente y el "simplemente estar", que es posible alcanzar con mayor prontitud si las asanas o posturas de esta disciplina, que actúan al mismo tiempo sobre el cuerpo y la mente, se practican lo más lentamente posible con el fin de afectar a las secreciones glandulares del sistema endocrino. Con una respiración lenta y dirigida, esto mejora notablemente el estado de ánimo.

En Narciso y Golmundo, Herman Hesse representa con brillante narrativa la unión de los contrarios.

Con increíble pulcritud literaria convierte la mente y el cuerpo en una suerte de personajes antitéticos que por momentos se confunden con una misma imagen de soledad cuando están separados, para volverse a bifurcar en una búsqueda interior en solitario, abandonados a sus propios recursos, aunque una y otra vez no tienen escapatoria y vuelven a necesitarse.

En esta novela de aprendizaje, esta bildungsroman intimista trenza sentimientos contradictorios que reflejan la necesidad humana de encontrar los atajos para lograr la unidad interior.

"Tú eres artista y yo pensador. Tú duermes en el regazo de la madre y yo velo en el desierto…", dice Narciso a Golmundo, contraponiendo así lo racional a lo irracional, el intelecto a la imaginación, lo real a lo ideal, lo concreto a lo abstracto, pero sin dejar de ser ambos parte de una misma totalidad que se unifica y florece cuanto mayor es la aceptación de que la unidad es lo único que puede vencer al miedo a abrir nuestro corazón.

El miedo es lo único que puede impedir que se quite la luz que ilumina las vías que nos llevan a nuestro interior y con ello la maravilla de comprender nuestra mente entendiendo la de los demás

Etiquetas:  Corazón Cerebro

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