Chi kung

Energía vital

Chi kung: la gimnasia china de la serenidad

El chi kung (también llamado chikung o qi gong) enseña a ganar serenidad y confianza en uno mismo. Y contrarresta el estrés a través de la quietud, la respiración y ejercicios corporales.

Gerard Arlandes

Cuentan que los habitantes de la antigua China, observando el cielo, advirtieron los ritmos con que la luz se deslizaba del mediodía a la tarde, de la tarde al atardecer y al crepúsculo. Para después entrar lenta pero firmemente en la noche profunda y estrellada, y comenzar el camino de vuelta al día.

La armonía, regularidad, precisión y la forma en que ese movimiento se producía inspiraron su idea de la energía que mueve todo el Universo y la llamaron "chi".

Además, descubrieron que el movimiento celeste se reproducía en cinco grandes ciclos estacionales, los cuales, en su devenir, constituían una espiral que influía sobre los fenómenos de la naturaleza. Y que estos, a su vez, presentaban estructuras en forma de círculos, elipses y espirales, como las caracolas, los anillos que producen los troncos de los árboles al crecer, las órbitas de los planetas o las ondas que se originan al tirar una piedra en un estanque.

Finalmente, observaron que esa energía y sus formas se advertían también en el ser humano. El chi, concluyeron, es la energía que coordina los elementos de nuestro organismo y lo mantiene a temperatura constante, facilitando que sus sistemas funcionen óptimamente. Se puede entender también como la información que cada célula del individuo transporta y transmite para cumplir una función.

Los ejercicios de chi kung estimulan la energía vital

A las técnicas corporales que actúan sobre la energía vital de la personal de la persona y la ponen en contacto con el entorno se les llamó chi kung o qi-gong (de las dos maneras se latiniza). Significa ejercitar o cultivar el chi o energía vital.

Características del chi

Para aplicar las técnicas del chi kung conviene conocer las características del chi. Son las siguientes:

Su forma es cambiante. La observamos en los cabellos, las uñas, los huesos, los músculos, las células y cualquier parte del cuerpo. El chi toma formas diferentes para cada parte, es el motor que las hace progresar y les proporciona vitalidad.

Su movimiento es continuo y cíclico. La digestión, la respiración o el sistema circulatorio no se detienen ni un instante. Repiten el ciclo evolutivo de absorción, transformación y expulsión del cuerpo, acoplándose al ritmo de la Tierra alrededor de sí misma y del sol.

Equilibra el organismo. El chi tiende a buscar su equilibrio al circular por el cuerpo, pero puede bloquearse. Si el chi no circula en la espalda, tenemos un desequilibrio que, si no se corrige, comenzará a molestarnos y terminará en dolor de espalda. Escuchar el cuerpo cuando comienza el bloqueo permite recuperar la armonía. Los dolores que desaparecen cuando descansamos o dormimos son buena prueba de ello.

¿Para qué sirve el chi kung?

El propósito del chikung es restablecer la armonía en cualquier instante, no sólo para sanar sino para prevenir cualquier enfermedad corporal, equilibrar la energía para que fluya libremente, almacenarla, aumentarla, compensarla y refinarla; actuando a nivel físico, psíquico y mental.

Su objetivo último es trascender cuerpo y mente, y refinar la energía de tal manera que conduzca al individuo a una vivencia de tipo espiritual.

Las características del chikung

  • Se adapta a las necesidades de cada persona, a su situación, al momento que está viviendo: épocas del año y parte del día. Existen ejercicios para todas las edades.
  • Tiene dos vertientes principales: una, interior, dulce, suave, meditativa y de movimientos lentos; y la otra externa, dinámica, marcial y de movimientos rápidos y sincopados.
  • No se trabajan únicamente partes del cuerpo, sino el organismo y el individuo en su totalidad.
  • Actúa desde el interior del ser humano a través de los órganos, la respiración y el pensamiento.
  • Interviene también desde el exterior mediante la alimentación, los baños, dietas, las técnicas sexuales y los ejercicios propiamente dichos.

Este artículo aborda el chi kung meditativo. Sus bases fundamentales son la posición, el movimiento y la meditación.

La posición corporal adecuada

Una adecuada posición corporal es la base para una buena disposición y para mejorar la actitud. Es la que alinea el centro de la cabeza con las orejas, los hombros, la articulación de la cadera y el centro de los talones en los pies.

Pero esta alineación no es una barra inmóvil sino que debe ser flexible y adaptarse a las circunstancias, debe poseer la movilidad como premisa y poder recuperar la forma alineada desde cualquier posición. Por ejemplo, las piernas no deben estar fijas como dos palos, sino destensadas por las rodillas, lo cual les proporciona más firmeza.

La espalda y el tronco siguen la línea que anatómicamente les pertenece, deben descansar sobre la pelvis y los pies en una línea. En cualquier movimiento que hagamos, como por ejemplo subir escaleras, lo más adecuado es llevar el cóccix y con él todo el abdomen ligeramente hacia los muslos.

Finalmente, los brazos descansan a los lados del cuerpo y la cabeza se alinea con los hombros, libres y preparados para iniciar cualquier movimiento.

El sentimiento que acompaña a esta posición es el de ligereza enraizada. Y es el momento en que la energía circula por todo el cuerpo y alimenta el espíritu.

Los ejercicios corporales

Existen ejercicios que se realizan sin movimientos visibles. Uno de ellos consiste simplemente en mantenerse de pie.

De pie, como un árbol

Uno de los más clásicos se realiza manteniéndose de pie, con las piernas separadas la distancia de los hombros, las rodillas dobladas, los brazos girados en espiral hacia delante y a la altura del pecho, con las palmas mirando hacia afuera y los pulgares hacia abajo.

Mantenemos la posición durante tres minutos y observamos. Primero, los pies y la distribución del peso, para continuar con las piernas y la cadera, que deberá sentirse libre, como un cuenco que colgara del cielo.

Continuamos hacia arriba por el tronco, la columna vertebral, los órganos, los brazos y la cabeza hacia el cielo. Desde la posición seguimos con el pensamiento la respiración (sin forzarla) y el propio fluir de los pensamientos.

Este ejercicio también puede realizarse tumbado boca arriba con las piernas dobladas y las plantas de los pies en el suelo o sentado sobre un cojín o una silla.

Se le puede añadir el micromovimiento de los brazos y las manos empujando ambos hacia fuera y después cediendo hacia dentro. Se activarán los cambios energéticos, sentiremos el calor que producimos y su movimiento en el cuerpo.

Una sensación de vigor tranquilo comenzará a envolvernos, nos devolverá el sosiego y la calma y sentiremos cómo los pensamientos se aquietan.

Esa quietud no es un letargo, es una plenitud en la que las fuerzas del cuerpo encuentran su camino y no desfallecen, ni se desvanecen empujadas por la celeridad y el desasosiego. Es el momento de pasar a la tercera fase del chi kung.

Meditamos y respiramos

La meditación se ocupa de conducir el movimiento más importante: la respiración, que nos permite estar presentes y ser con el presente, nos alimenta y da vida. El chi kung enseña a observar los cambios que se producen en la respiración, que reflejan nuestra evolución y la relación con el entorno.

La respiración se ve influenciada por las acciones físicas, como cuando corremos, saltamos o dormimos; por las emocionales, cuando tenemos una sorpresa, lloramos o reímos; o por las espirituales, cuando una canción, un cuadro o un poema nos dejan «sin aire».

Después seguimos con el pensamiento la respiración inconsciente. Es la respiración primigenia, la que nos dio la vida cuando llegamos al mundo. Al seguirla, facilitaremos su tendencia a tranquilizarse, hacerse silenciosa y equilibrarse, y permitiremos que llegue a todos los lugares del cuerpo, energizándonos.

Pero si el pensamiento no consigue seguir la respiración, ni ésta se tranquiliza por sí sola, la controlaremos conscientemente con ejercicios de retención, en los que la detenemos al final de la espiración o de la inspiración, para que, al volver a inspirar o espirar, el diafragma necesite abrirse y respire todo el cuerpo.

Cuando la respiración profunda se pone en marcha la seguimos y dirigimos, visualizando los caminos por los que circula la energía al tiempo que respiramos.

Los caminos más importantes son dos: el primero baja por la parte anterior del cuerpo desde la nariz hasta el perineo y se visualiza al inspirar; y el segundo sube desde el cóccix por toda la columna vertebral, pasa por la cabeza y termina en el paladar duro, al espirar. Juntos forman un pequeño círculo de luz.

Un ejercicio para probar

  • Masajéate los pies. Estos se relacionan directamente con la tierra. Por una parte le dan nuestro peso hasta su centro. Y, por otra, reciben la fuerza del suelo y la transmiten al cielo.
  • Para optimizar estas fuer­­zas, estando de pie, las seguimos con el pensamiento y nos enraizamos de manera que, mientras flexionamos un poco las rodillas, sentimos nuestras raíces en la tierra y visualizamos un camino de color, agua, piedras preciosas, fuego, etc. de miles de kilómetros hacia el centro de la Tierra.
  • A partir de ahí percibiremos la fuerza contraria que nos proyecta hacia el techo de la habitación donde estemos, y de ahí hacia el firmamento. Se puede realizar el ejercicio con la espalda pegada a la pared para facilitar la alineación del cuerpo.

Tipos de ejercicios

En China se practican hoy unas trescientas clases de ejercicios de chi kung. Entre ellos pueden destacarse:

  • Los que imitan animales: el tigre, el oso, la grulla, el ciervo o el mono.
  • Los inspirados por algún elemento natural: el árbol, la seda, el cielo o la tierra.
  • Los que se basan en el funcionamiento del cuerpo humano, llamados de «la larga vida», que permiten prevenir enfermedades y constan de 36 ejercicios divididos en 6 grupos. Los tres primeros trabajan el cuello, los hombros, la cintura y las piernas. Los siguientes palian desórdenes de los órganos internos.
  • Los que se realizan con desplazamiento. En tiempos antiguos debieron comenzar como danzas de agradecimiento o para disipar estados mentales negativos, más tarde evolucionaron y se convirtieron en el taichí o taichichuan. Éste, por tanto, es una forma de chikung.
  • Los ejercicios de artes marciales provienen de los monasterios de Shaolin. Con ellos se montan los espectáculos circenses que conocemos en Occidente.
  • Los que, en la China maoísta, pasaron a formar parte de la Medicina Tradicional China y que se aplican en los hospitales para curar enfermedades específicas.
  • Los ligados a las tres cosmovisiones de China: taoísmo, confucianismo y budismo. En los últimos tiempos han aparecido ejercicios ligados a sectas religiosas como Falung Gong.

Los beneficios del chi kung

Los beneficios que se obtienen de la práctica regular y periódica (¡punto muy importante!) del chikung dependen de sus características.

La lentitud permite que se sigan los movimientos internos del cuerpo. Por ejemplo el humedecimiento del ojo, de la piel, los movimientos del aparato digestivo, de los riñones, del sistema linfático, etc. Así se desarrolla y facilita el funcionamiento de los órganos y sistemas fisiológicos, evitando malestares y enfermedades.

Los movimientos circulares y en espiral siguen las estructuras de huesos y músculos; tonificándolos, vigorizándolos y consolidándolos. Al colocar el cóccix de manera natural, se abren las vértebras lumbares y se protege la columna; se evita el dolor de espalda y se mejora la posición y la alineación del cuerpo.

El chikung es un ejercicio ideal para antes o después de cualquier esfuerzo físico continuado, como un partido de tenis, una clase de aeróbic, un largo viaje en coche o avión, etc.

La concentración y la unidad de cuerpo y mente que de él se deriva reduce el estrés, despierta la atención sin agobios, aumenta las defensas, mejora el equilibrio y ayuda a preparar actividades que necesitan una concentración energética.

Es importante recordar que la práctica del chikung es placentera y que nos pone en contacto con el cuerpo y, a través de él, con los millones de materiales que éste produce, y las células que continuamente los fabrican.

Es una lección de afirmación y optimismo que experimentamos y nos conecta con el milagro de los cambios: a través del movimiento corporal nos relacionamos con el planeta que se mueve dentro de la galaxia.

Y a través de la respiración y del aire nos acercamos a la energía eterna, silenciosa, invisible y sin límites que nos proporciona existencia, permite que nazca el movimiento y alimenta el universo: la energía espiritual.

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