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¿Se te escapa la vida entre los dedos? Permítete la contemplación en el día a día

Contemplar es una forma de conocer dejándote traspasar. Es una herramienta para captar las esencias y para qué la vida no se te escape entre los dedos.

Jesús Aguado

Una historia oriental habla de un pintor al que un emperador, seducido por su legendaria fama, encargó decorar con un dragón una de las paredes de su palacio. El pintor se encerró en la estancia donde se alzaba esa pared y se sentó frente a ella en actitud contemplativa sin hacer nada.

El tiempo pasaba (semanas, meses, años) y el emperador comenzaba a impacientarse hasta que un día, de manera súbita, el artista se levantó y con unos pocos brochazos trazó la figura de un dragón tan perfecto como nunca se había visto.

Cuando le preguntaron por la razón de que hubiera tardado esa eternidad en hacer algo tan aparentemente simple, contestó que hasta que no había sido, gracias a la potencia de su contemplación, él mismo el dragón no se había atrevido a dibujarlo.

Una pintura fruto solo de la técnica, argumentó, era un insulto tan grande a la viveza de un dragón verdadero que este, al enterarse, se hubiera vengado devorando a quien lo hubiera disminuido de esa manera.

Por el contrario, un dragón emanado del corazón y del alma, un dragón comprendido desde dentro de él, tarde o temprano desplegaría sus alas y acabaría llevando a su ejecutor al cielo de los inmortales.

Para pasmo de los integrantes de la corte, en cuyos rostros predominaban muecas de burla y escepticismo, no bien hubo terminado de pronunciar estas palabras el dragón de la pared comenzó a desgajarse de esta, sembrando de escombros, gritos de espanto y caos el lugar, hasta liberarse del todo de su prisión de mármol, se agachó para que el pintor se sentara en su lomo y se agarrara a su cuello escamoso, y se alejó volando en dirección al infinito.

Qué es la contemplación

Contemplar es quedarse quieto y concentrado hasta que el objeto de contemplación le cuente a uno sus secretos y le indique el camino para entrar y salir de sus laberintos interiores.

Quedarse quieto y concentrado hasta que los gorilas (¿se acuerdan de la primatóloga Dian Fossey y de la película Gorilas en la niebla?) se acostumbren a él.

Quedarse quieto y concentrado hasta que la divinidad, sea eso lo que sea, decida hacerle partícipe de sus misterios. Quedarse quieto y concentrado hasta que el problema (matemático o metafísico, personal o de pura logística cotidiana) se resuelva por sí solo en la pizarra de su inteligencia.

Quedarse quieto y concentrado hasta que la luz se abra paso en el mar de las tinieblas y se haga cómplice de esa oscuridad que atraviesa en busca del conocimiento o del autoconocimiento. Contemplar es aprender a mostrar atención e interés por algo o por alguien sin que la prisa rompa antes de tiempo esa atención y ese interés.

Múltiples maneras de contemplar

Así que lo primero es tener voluntad de sosiego, de apaciguamiento, de estar donde se está. Por eso muchos, a lo largo de la historia, se han encerrado en lugares propicios (el convento, el desierto, la cueva apartada) y se han afiliado a órdenes contemplativas que facilitaban ese modo sosegado y sin distracciones mundanas de relacionarse con la realidad inmediata y con el más allá de lo real.

Pero no hace falta llegar tan lejos: para contemplar y gozar de los beneficios de la contemplación bastan, durante unos minutos diarios, abismarse en una puesta de sol, saborear una taza de té, vestir ropa cómoda, recitar de memoria unos versos o un mantra o una frase proverbial.

Entrecerrar los ojos y el resto de los sentidos para que no estorben el viaje del contemplador hacia lo contemplado, adoptar un estado de ánimo equilibrado y lo más desapegado posible de cualquier asunto meramente material, y aceptar durante ese lapso de tiempo de manera entusiasta e incondicional lo que se es, lo que es, la totalidad de lo que hay aquí y ahora.

Contemplar también es considerar y valorar

La etimología del verbo "contemplar" nos habla de "mirar atentamente un espacio delimitado", de hacerlo en compañía (o teniendo en cuenta a los demás) y de adoptar esa actitud sagrada espontánea que a uno le sobreviene cuando mira el cielo.

Además, contemplar se refiere a valores (a valorar con justicia lo que entra en contacto con nuestro pensamiento y actuar en consecuencia), al acto de llevar lo de fuera adentro y de encontrarle un lugar adecuado en el alma propia, de involucrar en armonía a todos los sentidos, de aprender sin violencia (el contemplador no conquista sino que aprehende porque no desea dominar el objeto de su contemplación sino metabolizarlo) y de templar la mirada para que ni su frío ni su calor extremos consuman lo mirado.

De la mística al día a día

La contemplación es un ideal religioso (el alma que se ensimisma en lo divino para merecerse participar de su esencia) y filosófico (la mente que se concentra en un aspecto de la realidad hasta conseguir que se abra a él) que se puede trasladar a la vida cotidiana.

El silencio, la meditación, la serenidad, la atención o el desapego sirven para mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo, por lo general tan dispersa y acelerada, de manera significativa, eficaz y duradera.

Si uno se entrega a la contemplación, hasta los dragones, como vimos que le pasó a aquel pintor chino con el que comenzábamos, le confiarán a uno su existencia y además, a poco que tengamos suerte, nos transportará a alguno de los innumerables infinitos que los seres humanos tenemos a nuestra disposición.

Etiquetas:  Meditación Mindfulness

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