Educación postural para los primeros pasos

Educación postural

Primeros pasos en libertad

Los niños integran una buena postura corporal y la coordinación de movimientos en los primeros meses de vida. La clave es que aprendan por sí mismos.

Gloria Gastaminza

El cuerpo es una máquina muy compleja diseñada para el movimiento. Nacemos con la dotación necesaria para ser el primer bailarín en El lago de los cisnes o caminar en equilibrio sobre una cuerda suspendida entre dos acantilados.

9 consejos para una buena educación postural

A moverse también se aprende, pero ¿qué tienen en común las personas dotadas de verdadera gracia, agilidad, porte y armonía? Pues probablemente una cosa segura: un ambiente adecuado para el aprendizaje motor en su primera infancia. Esta es la verdadera clave de la educación postural.

1. Tener confianza en el niño

En el caso del aprendizaje corporal, el mejor estímulo es la propia curiosidad del niño, y el mejor maestro, la mirada confiada de un padre amoroso en la que el bebé o niño puede leer que es percibido como un ser competente, autónomo y reconocido en su individualidad.

El bebé puede así desarrollarse por su propia actividad y siguiendo sus propios intereses con una confianza que le permite moverse y situarse en armonía con su entorno… para el resto de su vida.

2. Cuestión de práctica y más práctica

Para llegar a demostrar la Teoría de la Relatividad es imprescindible dominar la suma y la resta, por muy básicas que sean estas dos operaciones.

De la misma manera, para realizar con soltura y eficiencia movimientos simples o complejos es imprescindible haber practicado hasta alcanzar la maestría.

3. Gestos esenciales

Todas las actividades humanas están basadas en el repertorio de habilidades básicas que se adquieren durante las fases del desarrollo evolutivo motor.

Partiendo de la actividad motriz, el niño va elaborando el conocimiento de sí mismo (esquema corporal), su acceso al mundo de los objetos y al de las relaciones con los demás. ¡Casi nada!

4. Disponer de un campo de pruebas donde experimentar

Es un auténtico acto de amor el proporcionar al niño un tiempo y un lugar para el aprendizaje del movimiento. Un espacio seguro y diáfano donde "entrenarse" para devenir un experto en el manejo de los rudimentos de su cuerpo.

Si no se desarrollan las habilidades fundamentales, el niño saldrá adelante pero con soluciones que no son las más eficientes. En función de la fase de desarrollo que no se haya consolidado bien, tendrá "torpeza" para hacer el pino, dar la voltereta lateral o saltar charcos.

5. Acompañar sin intervenir

Los consejos son: gateo, mucho gateo; suelo, mucho suelo; y acompañamiento sin intervención. No le ayudemos a subir donde no pueda él solo. No le ayudemos a mantener el equilibrio, ni a levantarse después de haberse caído.

El único auxilio que necesita es nuestra mirada cómplice y alentadora.

6. Una y otra vez hasta conseguirlo

Un bebé, después de haber intentado más de doscientas veces algo, no se dice: "renuncio, nunca lo conseguiré". Afortunadamente su sistema nervioso no sabe formular aún esa frase.

Quizás sí que experimenta frustración (llora im potente), pero la supera (¡esa sí que es una buena lección!). Cuando finalmente alcanza su objetivo, su cara de satisfacción es un poema.

Aprende a moverse y a perseverar. Así irá completando cada fase y adquiriendo cada nueva habilidad: reptar, gatear, escalar, girar, caminar. Durante ese tiempo de experimentación incansable aprende habilidades valiosísimas para el resto de su vida: apoyarse, impulsarse, equilibrarse…

7. ¡Sin prisas!, a su ritmo

Cada niño aprende a su ritmo y antes de pasar a la siguiente habilidad debe consolidar las conquistas recientes. A veces puede parecer que da un paso atrás, pero después vienen dos hacia delante.

Resulta contraproducente preocuparse si se pone de pie o camina más tarde de lo que esperamos, pues si intervenimos, acortaremos las etapas de consolidación de cada nueva adquisición.

Caminará cuando él se sienta listo, así que dejémosle aprender sin estrés.

8. Combatir el sedentarismo de la silla

Cuando son más mayores comienza el colegio con largas horas sentados. Luego, del coche al sofá y de este a la mesa de estudio y, como premio… un ratito de ordenador.

El deporte parece ser la solución para "contrarrestar" todo este sedentarismo. Y desde luego el deporte es lúdico, socializante y un buen espacio en el que superarse físicamente. Pero no es el único ni resulta obligatorio.

9. Andar más, en familia

Aprovechemos para reorganizar los hábitos sedentarios de toda la familia.

El objetivo es dar a cada día espacio para el movimiento: hacer los desplazamientos que sea posible andando, pasar horas en el parque, salir a tomar el aire después de merendar, aunque esté lloviendo, hacer senderismo… Esto es preferible a la actividad física intensa solo un día o dos a la semana.

La comodidad es esencial

Utilizar ropa que permita una libertad absoluta de movimiento. No tiene sentido ponerse la "ropa cómoda" solo para Educación Física, pues ¿acaso el resto del día no está constituido de movimiento o este es menos importante?

Los calcetines con dedos separados son geniales (y divertidos, ¡no es tan latoso ponérselos!) porque mantienen el pie vivo, despierto, reactivo, tal como es un pie desnudo y libre.

Permite al niño elegir libremente la actividad deportiva que desea realizar. Y no le exijas compromiso. Es conveniente que pruebe distintas disciplinas.

Valora el disfrute en la actividad deportiva o corporal elegida. La competitividad y los éxitos son aspectos secundarios.

No existe tal cosa como una persona a la que no se le da bien el deporte. Siempre hay una actividad que permite al niño sentirse hábil.

A tener en cuenta a la hora de estudiar

Hay que sentarse sobre esos resaltes óseos llamados isquiones, no sobre la rabadilla. En inglés se llaman elocuentemente sitting bones. Así la columna se yergue con facilidad y mantiene sus curvas naturales.

La silla debe tener el asiento plano o ligeramente inclinado hacia delante. La altura del asiento debe ser tal que permita apoyar toda la planta de los pies en el suelo. Las rodillas quedan a la altura del asiento o un poco por debajo, formando un ángulo recto.

La mesa ofrece una superficie amplia de trabajo donde disponer cuadernos, lápices, libros… La altura de la mesa permite que el antebrazo descanse naturalmente cuando la espalda está erguida y los hombros relajados. Si es baja, incita a encorvarse y, si es alta, reduce la libertad de acción de los brazos.

La mochila debe contar con tirantes anchos y acolchados. No queda colgando sobre el trasero, sino que se ajusta contra la parte de atrás del tórax.

Etiquetas:  Niños

suscribete Julio 2017