Escuchar voces

Compartir experiencias

Los Escuchadores de Voces: algo más común de lo que parece

Para los psiquiatras es un indicio de psicosis. Sin embargo, el movimiento de los Escuchadores de Voces lo considera algo poco usual, pero no anormal.

Anna Rodríguez Ximenos

En 1987, el psiquiatra Marius Romme y su paciente Patsy Hage, que escuchaba voces, hicieron un llamamiento en la televisión holandesa a otros escuchadores de voces con el fin de compartir su experiencia.

Para sorpresa de ambos y de los telespectadores, llamaron a 450 oidores de voces, 150 de los cuales manifestaron desenvolverse bien sin ayuda psiquiátrica.

Esta investigación plantó las semillas del Movimiento de Escuchadores de Voces, que no tardó en extenderse al resto del mundo.

Algunos personajes históricos también escuchaban voces. Entre ellos se encuentran Juana de Arco, San Francisco, Sócrates, William Blake, Robert Shumman y Carl Jung.

Más que ser extrañas y completamente ajenas al espectro de las experiencias normales, algunas investigaciones sugieren que escuchar voces es algo más común de lo que se creía inicialmente.

Una parte importante de la población, sobre todo en situaciones de duelo, separación, pérdida o sometimiento a condiciones extremas o de privación sensorial, ha vivido este fenómeno.

Escuchar voces: diferentes culturas, distintas perspectivas

Oír voces es, en realidad, una variación normal, aunque poco habitual, de la conducta humana.

A nivel antropológico, dependiendo de la cultura a la que pertenezcamos, esta experiencia puede adquirir un signo u otro.

En África las voces suelen tener un tono más positivo y optimista que las nuestras, dominadas por la ansiedad y el temor.

En otros lugares, chamanes y sacerdotes son miembros destacados de la comunidad, sobre todo por su capacidad de escuchar voces, entendidas estas como fuente de conocimiento y sabiduría.

Para la psiquiatría clásica, sin embargo, la escucha de voces es un signo principal de psicosis que indica la necesidad de tratamiento farmacológico.

Desde este modelo, no se entra en materia, se profundiza ni se indaga sobre el origen de las voces. Se niega la legitimidad de la escucha de voces o se intenta silenciar la experiencia, lo cual no suele servir de ayuda. A aquel que escucha voces no acostumbra a escuchársele.

Compartir para afrontar la experiencia de oír voces

Los defensores del movimiento de Escuchadores de Voces señalan que se trata de experiencias inusuales, pero en última instancia comprensibles, que suelen estar relacionadas con episodios problemáticos o traumáticos de la vida.

Como tales, pueden ser experimentadas por cualquiera, tenga o no otros síntomas que requieran un diagnóstico psiquiátrico. Incluso argumentan que son una respuesta cuerda y lógica a un mundo enloquecido.

Además, creen que una persona puede desarrollar estrategias de afrontamiento para manejarse con las voces, fundamentalmente haciendo frente a los eventos vitales que se encuentran en su núcleo. El problema principal no radica en la escucha de voces, sino en la imposibilidad de afrontar la experiencia.

Existen personas que han sido capaces de vivir con sus voces sin tomar medicamento alguno, personas que han encontrado, fuera del circuito de la psiquiatría oficial, explicaciones inéditas del fenómeno de las voces y que, de hecho, han podido aportar su ayuda a otros escuchadores de voces.

Sin duda, la experiencia y los conocimientos que han adquirido merecen ser tomados en cuenta. Los escuchadores de voces están empezando a aprender unos de otros.

Las redes de apoyo mutuo han creado espacios donde usuarios de servicios o gente que escucha voces pueden manifestar su opinión sin censura, apoyarse mutuamente y, sobre todo, donde todas las explicaciones tienen cabida, sean estas biomédicas, psicológicas, espirituales o paranormales.

Para aquel que escucha voces, es imprescindible romper el aislamiento al que acostumbra a verse sometido, empoderarse y recuperar la sensación de sentirse de nuevo vinculado a otros.

Lo que puedes hacer si oyes voces

No te aísles, encuentra gente con quien puedas hablar o tal vez puedas empezar una red de Escuchadores de Voces en tu zona.

Existen herramientas sencillas para afrontar las voces. Hay personas que se ponen una goma en la muñeca y juegan con ella cada vez que las escuchan, de modo que su intensidad y frecuencia disminuye. Otras logran apaciguarlas escuchando música. Prueba y busca tus propias estrategias.

Pasar de la tercera persona a la primera puede ayudarte. Si una voz te increpa diciéndote que no vales nada, que eres mala… di en voz alta: ·Ahora mismo siento que no valgo nada, que soy mala". Si posees lo que oyes, las voces se tranquilizan.

Lleva un registro de voces. Podemos notar que las voces comienzan tras las visitas familiares, después de algún conflicto… Si reconocemos el patrón, podremos ponerles límites.

No olvides que existen factores físicos que influyen. Hay personas que oyen voces particularmente molestas cuando tienen fiebre o antes de la menstruación. En otras, las voces se acentúan tras haber tomado alcohol, drogas o incluso algunos medicamentos.

Etiquetas:  Salud

suscribete Julio 2017