Respiración consciente

Tomar conciencia

Inspira, espira: respiraciones que curan

Llevar una mayor conciencia a la respiración multiplica su poder terapéutico en casos de estrés, bronconeumonías o en ciertas cardiopatías.

Dr. Pablo Saz

En cualquier situación podemos realizar este acto sencillo: tomar conciencia de nuestra respiración y ver cómo automáticamente se hace más profunda y eficaz. Para ello basta con sentir cómo entra y sale el aire, si respiramos con el pecho o el abdomen, por la nariz o por la boca, las pausas, el ritmo…

Los beneficios de la respiración consciente

La conciencia sobre la respiración mejora no solo esta sino toda la estructura corporal, haciéndola más eficaz para el movimiento y para la vida. Además nos conecta con nuestro estado de ánimo: triste, melancólico, alegre, eufórico, ansioso.

Es una técnica de meditación en el aquí y ahora. Al tomar conciencia de la respiración el cuerpo la adapta a la circunstancia, al esfuerzo, al susto, a la tristeza.

También en la enfermedad se adapta. Se habla entonces de respiración patológica, pero en realidad es la adaptación más inteligente que podría hacer el organismo.

Así, en una bronconeumonía, a una inspiración larga le sigue una espiración rápida. El pulmón, al tener una zona inutilizada y tapada, hace lo posible por llenarse de aire poco a poco y luego lo suelta enseguida para no malgastar fuerzas.

En ciertas cardiopatías surge, en cambio, la respiración insuficiente: una inspiración escasa y una espiración máxima, que estimula el centro respiratorio produciendo bradicardias y mejorando la acción del corazón. Lo mismo sucede aunque no haya enfermedad, en situaciones cotidianas.

Suspirar despierta la atención y ayuda a descansar en las situaciones estresantes. Puede ser útil en caso de astenia, depresión, melancolía, aburrimiento, monotonía o incluso sedentarismo.

Respirar es un acto reflejo y sabio

Ante los olores naturales del mar, de prados y bosques, de los alimentos, practicamos el olfateo: inspiraciones muy rápidas y seguidas hasta llenar los pulmones y luego una espiración pasiva, suspirosa y relajada. Así se agudiza el olfato.

Al realizar un esfuerzo o aguantar un dolor retenemos el aire, porque la apnea, que se puede entrenar, ralentiza el ritmo cardiaco y lo vuelve más eficiente.

Y al despertar o ponernos en situación, bostezamos. Necesitamos oxígeno y el bostezo amplía la capacidad respiratoria.

Tomar conciencia de la respiración puede convertir casi todas las formas de respiración en terapéuticas, según necesite el organismo. Incluso las más tristes o desagradables, al sentirlas, vemos cómo se transforman y autorregulan hasta que se estabiliza o mejora la situación.

Es muy sencillo: estés donde estés, simplemente párate y toma conciencia de tu respiración y de tu vida.

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