Infartos en mujeres

Corazón de mujer

Las mujeres sí sufren infartos (y otros secretos para un corazón sano)

A la ciencia médica le ha costado tener en cuenta las diferencias de género en las enfermedades cardiovasculares. Ahora sabemos que el corazón de las mujeres tiene su sintomatología particular.

Dra. Carme Valls-Llobet

Hasta la década de 1990, se pensaba que la mujer estaba naturalmente protegida contra las enfermedades cardiovasculares y que no era necesario realizar estudios que tuvieran en cuenta las diferencias de género. Esta visión ha cambiado en los últimos años, pero sigue habiendo falta de información.

Por ello, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad entre las mujeres a partir de los 55 años.

Corazón de mujer, casi olvidado por la medicina

Ha pasado mucho tiempo, pero todavía no ha habido suficientes cambios. Entre las décadas de 1980 y de 1990, la mayoría de investigaciones sobre enfermedades cardiovasculares solo se realizaron en hombres.

Las exploraciones cardiacas, como cateterismos y pruebas de esfuerzo, se realizaron mucho menos en mujeres. Los tratamientos trombolíticos son menos aplicados en mujeres y, sin embargo, ellas tienen una mortalidad postinfarto más elevada (68% frente al 33% de los hombres).

El primer y más conocido factor de riesgo es el tabaco, para hombres y mujeres.

Y luego los factores de riesgo más frecuentes para las mujeres son la diabetes, la distribución de la grasa corporal y la disfunción tiroidea. Y después de la menopausia, se han incluido además el haber padecido ataques de pánico, prehipertensión antes de la menopausia y tener antecedentes personales de hipertensión.

Los síntomas de infarto en la mujer

Con frecuencia, los síntomas del infarto de miocardio en las mujeres son diferentes que los de los hombres.

Inicialmente suele atenazar el tórax en el lado izquierdo y, luego, se irradia por el brazo izquierdo, pero las mujeres que sufren un infarto de miocardio sienten a menudo un dolor abdominal que se acompaña de náuseas, se extiende hacia la zona posterior del esternón y sube hacia las mandíbulas. Es un dolor que se intensifica según pasa el tiempo, pero que no se extiende hacia el brazo.

El desconocimiento de estos síntomas, y creencias como que las mujeres están «protegidas por sus hormonas» contra los infartos, está detrás del hecho de que las mujeres llegan al hospital de dos a cinco horas más tarde que los hombres.

Pero no solo son diferentes los síntomas, también los tratamientos. Hace ya veinte años se comprobó que, ante la misma patología coronaria, las mujeres no recibían el mismo tratamiento que los hombres.

La eminente cardióloga Bernardine Healy publicó en el New England Journal of Medicine que las enfermedades cardiacas de las mujeres habían sido invisibles para la medicina. Y denominó esta situación «síndrome de Yentl», en alusión a la protagonista de un célebre musical, una mujer judía que se disfraza de hombre para estudiar en la Universidad.

El colesterol, ¿influencia sobreestimada?

En un estudio realizado por el doctor Halfdan Petursson en la Universidad de Noruega, el colesterol total no mostraba ser un factor de riesgo cardiovascular. Entre las mujeres, seguía incluso una relación inversa a las causas de mortalidad cardiovascular. Solo la cardiopatía isquémica en hombres tenía una ligera relación con el colesterol.

Los autores señalan que el colesterol ha sido un factor de riesgo sobreestimado. Por lo tanto, la insistencia en que la población mantenga su nivel de colesterol bajo –ayudada por el personal sanitario– podría ser errónea.

Sí está bien establecido el papel protector del colesterol HDL, llamado colesterol «bueno»: protege la pared de las arterias y se activa por medio del ejercicio físico.

Una dieta sin grasas saturadas y trans, y media hora diaria de ejercicio físico moderado pueden prevenir riesgos cardiovasculares, sin olvidar los ejercicios para disminuir la grasa abdominal.

Grasa en la cintura, más riesgo

Un indicador de riesgo cardiovascular en las mujeres es la grasa que se acumula en la cintura. Los especialistas recomiendan, para evaluar el riesgo cardiovascular, que se utilice para las mujeres el índice de cintura-cadera y, para los hombres, el índice de cintura-altura.

El índice cintura-cadera se calcula midiendo el contorno de la cintura a la altura del ombligo, y el de la cadera en su punto más ancho. Dividimos los centímetros de la cintura entre los de la cadera, y el resultado debe ser inferior a 1; idealmente, 0,8.

El índice cintura-altura se obtiene dividiendo el perímetro de la cintura por la altura, calculados en centímetros. El resultado debe ser inferior a 0,6. Por encima, es un riesgo.

No debemos olvidar además que la grasa abdominal es un factor de riesgo para el cáncer de mama y la diabetes, enfermedades cuya incidencia no para de aumentar entre las mujeres. Asimismo, se sabe que los niveles basales de glucosa aumentada o los niveles alterados de glucosa durante el día son un factor de riesgo cardiovascular.

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