Cultivar huerto

Huertoterapia

¡Pon un huerto en tu vida! Todo son ventajas

Un proverbio chino asegura que el secreto para ser feliz toda la vida no es otro que cultivar un huerto. Trabajar la tierra abre una puerta al crecimiento personal y espiritual.

Montse Cano

"No sé si es un deseo o una realidad, pero aquí se respira paz". Lo dice Joan Carulla, el abuelo pionero de los huertos urbanos, que, con 93 años, no deja de visitar ni un solo día el gran huerto que tiene instalado en su terraza: un vergel en un quinto piso donde cultiva patatas, tomates, berenjenas… y hasta 40 árboles frutales.

"Aquí hay un microclima más favorable que el de la calle". En las alturas de su huerta, el ruido de los coches llega amortiguado y, en primavera, el olor de la fruta madura y de la tierra fértil hacen olvidar el tránsito de una gran ciudad como Barcelona. Joan está convencido de que le debe su buena salud actual a su huerto.

Cultiva tu huerto y cosecha salud

"A mí –comenta Joan– me ha rejuvenecido, al menos yo lo siento espiritualmente así… Le dedico dos horas cada día. En invierno, vengo cuando hace sol; se está muy bien y ‘hago salud’. Y en verano subo a primera hora, antes de que el sol pique".

Pero además de sol y alimentos sanos el huerto le aporta algo intangible: "La mejor cosecha es la que no se ve: la satisfacción. Yo creo que todos los seres vivos emiten unas vibraciones que son positivas… Te sientes bien porque estás entre vibraciones positivas, de las plantitas o de los árboles. Si se las quiere y se cuidan, perciben el amor igual que los animales o los niños."

Una mente más joven y tranquila

Lo que Joan experimenta lo corroboran muchas investigaciones científicas: trabajar en un huerto o un jardín un rato al día estimula multitud de aspectos cognitivos. Se ha comprobado que mejora la memoria, por eso algunos huertos terapéuticos se dedican a personas con Alzheimer o demencias. También incrementa la capacidad de concentración y permite un mayor desarrollo de la creatividad y la inteligencia.

En cuanto a los aspectos psíquicos y emocionales, mejora el estado de ánimo, disminuye la ansiedad y el estrés, apacigua los comportamientos conflictivos, ayuda a controlar la frustración o la ira, aumenta la autoestima y la satisfacción gracias al sentimiento de logro y desarrolla cualidades como la paciencia y la responsabilidad.

En el huerto también crecemos nosotros

La terapeuta hortícola Inma Peña Fuciños, titulada en Gran Bretaña (www.naturalezaterapeutica.com), asegura que trabajar en un entorno natural ayuda a poner la vida en perspectiva.

"Es fácil hacer paralelismos entre el cultivo atento y paciente de la vida en un jardín o en un huerto y el camino del autoconocimiento y el crecimiento personal. Ambas cosas son procesos que exigen estar presentes y conscientes. A mí me gusta comparar la mente con un jardín en el que nosotros decidimos qué plantas cultivamos."

"Para cambiar y ocuparnos de nuestras emociones es importante analizar qué pensamientos son constructivos y beneficiosos, y debemos cultivar, y cuáles crean miedo o frustración. Estas y otras cuestiones de desarrollo personal se pueden trabajar facilitadas por profesionales especializados en terapia hortícola".

Alegría vital que cura

La belleza cambiante de la naturaleza impacta poderosamente en nuestros sentidos. Según la Medicina Tradicional China, la visión de las cosas bellas nos llena de alegría y este sentimiento mejora el flujo de la vitalidad del hígado, que a su vez cura enfermedades mentales asociadas con estancamiento de energía (chi) en este órgano.

Es la aportación de Zhan Hongsheng, profesor de la Universidad de Shanghai de Medicina Tradicional China y uno de los introductores de la terapia hortícola en su país. Este experto opina que, aunque en primera instancia se fortalece el cuerpo gracias a la actividad física, es la euforia del logro lo que mejora la salud.

Incluso va más allá: "Se cura la mente ofreciendo una ‘fiesta para los ojos’, que va en paralelo con nuestro deseo innato de estar cerca de la naturaleza. Y se cura el cuerpo produciendo frutas y verduras que luego forman parte de una dieta saludable que combate la enfermedad."

Cultiva tu paciencia y la motivación

Cultiva tu huerto y aprenderás a ser flexible. Todo proyecto de huerto-jardín debe ser abierto y "considerar los cambios que la libre expresividad de la naturaleza promueve a nuestro alrededor como posibles mejoras a un proyecto que debe ser compartido ", explica Jesús Arnau, experto en jardines ecológicos y cofundador junto a Mariano Bueno del huerto pedagógico L’Hort de les Flors, en Benicarló.

Y, sobre todo, se practica una cualidad casi perdida hoy día: la paciencia. Tomamos consciencia de los ritmos reales de otros seres vivos de la tierra, más pausados, y casi como por ósmosis nuestra velocidad "artificial" baja de revoluciones. Reconectamos con el ancestral "tempo " de la naturaleza y percibimos sus beneficios: un estar más despiertos a lo que ocurre alrededor.

"Normalmente plantamos una plantita y tenemos prisa por verla grande y tener flores y frutos. La regamos y volvemos a regar hasta que se pone amarilla. Cuando aprendemos a dialogar con el entorno natural es cuando conseguimos los ricos frutos que luego nos alimentan."

El huerto también es fuente de motivación vital y contrarresta el enfado, la tristeza o la depresión por falta de retos. "Ver germinar, crecer y desarrollarse seres vivos es una fuente constante de motivación y estímulos", considera Arnau.

El placer de compartir un huerto

En los huertos comunitarios y sociales, que funcionan en casi todos los barrios de las grandes ciudades, se aprende de los otros, se comparten experiencias, se intercambian semillas, esquejes, remedios e ideas, se hacen comidas y celebraciones con las cosechas… En definitiva, se aprende a compartir.

Pero un huerto individual también facilita contactos, pues el hortelano se convierte pronto en un entusiasta que suele hacer partícipes de su satisfacción a muchas otras personas.

Un huerto compartido por todo un pueblo

La experiencia más radical en este sentido es la de la localidad inglesa de Todmorden con el movimiento Incredible Edible: el pueblo al completo se ha implicado en cultivar hortalizas y verduras en todos los espacios municipales libres, y cualquiera –incluso los turistas– pueden servirse y saborear la cosecha.

Con ello han logrado reactivar el poder de la comunidad y el sentimiento de que, entre todos, cualquier cosa es posible.

Aprender del huerto ecológico

Una de las transformaciones más profundas es el despertar de la conciencia ecológica. Se descubre de forma práctica el increíble equilibrio de los ecosistemas vivos.

Y la pregunta que nos brinda la perspectiva de la agricultura ecológica "no es cómo mato a este insecto, sino cómo conseguir que mis plantas no tengan las sustancias que este insecto necesita para prosperar", en palabras de la investigadora en agroecología Ana Primavesi.

Cultivando se aprende a respetar a todo ser vivo –desde una lombriz a una abeja–, pues forma parte de un ecosistema en constante equilibrio.

Para Lucho Iglesias, responsable de la escuela de permacultura Caña Dulce (www.permaculturacanadulce.org) y del documental Utopía, "la huerta, el vergel, penetran poco a poco en la vida del aprendiz de hortelano. Con el tiempo pueden llegar a convertirse en una parte muy íntima de su ser, incluso a sentir estos espacios como si fueran uno más de tus seres queridos. Por eso, entre tantos y tantos beneficios, el huerto, el vergel, te dan la oportunidad de amar y ser amado un poco más".

Terapia hortícola entre coles y tomateras

Y no olvidemos las posibilidades de la terapia hortícola. Esta especialidad universitaria, muy desarrollada en Estados Unidos, Reino Unido o Japón, es de gran ayuda ante problemas psíquicos o físicos más complejos: para recuperarse tras un accidente, una enfermedad grave o una depresión, en discapacidades físicas o intelectuales, o en la tercera edad.

En nuestro país empieza a conocerse gracias a la Asociación Española de Terapia Hortícola y Horticultura Escolar (aethores. wix.com/asociacion): "Cualquiera puede beneficiarse del contacto con la naturaleza, pero es indudable que lo hará con mayor seguridad si en el proceso lo acompaña un terapeuta hortícola titulado, sobre todo cuando se trate de personas más vulnerables por su salud o condición personal", explica Inma Peña.

En definitiva, quien practica el huerting en una parcelita, la terraza o el balcón, o participa en un huerto comunitario, experimenta una profunda y beneficiosa transformación personal.

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