Vivir desde el centro

Plenitud

¿Has conectado contigo misma? Consejos para vivir desde el centro

El obstáculo para "conectar con uno mismo" somos nosotros mismos. Si nos liberamos de prejuicios, puede tratarse de una experiencia natural y cotidiana.

Or Haleluiya

¿Qué significa el término "vivir desde el centro" o "vivir conectado al interior"?

La mayoría de nosotros vivimos con una mente condicionada por el pasado, preocupada por escenarios imaginados que podrían ocurrir en el futuro, confusa por las numerosas decisiones que tenemos que tomar a lo largo del día y, acelerada, en parte, por la sociedad moderna.

¿Qué clase de pensamientos produce este tipo de mente? ¿Qué creencias elabora una mente acelerada, frustrada y miedosa? ¿Se puede vivir de otra manera; con una mente más centrada, calmada, que dé lugar a creencias y actitudes fructíferas?

Algunas preguntas importantes que uno se podría hacer para descubrir más de sus objetivos en esta búsqueda llamada "vivir desde el centro" son: ¿por qué lo quiero? ¿Cuál es mi motivo personal en esta búsqueda? ¿Qué creo que obtendría y sentiría en este estado de "vivir desde el centro"? ¿Sería más feliz? ¿Creo que tendría más energía? ¿Más libertad?

Estas son las promesas que solemos oír en las prácticas espirituales: "practica meditación y estarás más calmado, con lo cual podrás reaccionar mejor a los estímulos provocadores. Esto te dará más libertad de elección y, como estarás calmado, elegirás el amor –y así serás feliz".

¿Es verdad? ¿Estás seguro con absoluta certeza de que si "vivieras desde el centro" serías más feliz?

Vivir desde el centro es un estado psicocorporal que surge natural y espontáneamente sin buscarlo, por ejemplo cuando estamos en la naturaleza, con un ser cercano o simplemente en paz con nosotros mismos. Entonces, ¿por qué parece tan difícil mantener ese estado?

Tus pensamientos te alejan del centro

Si no sientes ahora mismo que estás en tu centro, te invito a imaginarte por un momento en ese estado. Realiza unas respiraciones para visualizarte y observar la imagen que surge en tu mente.

Cuando te imaginas en tu centro, ¿cómo está tu cara, relajada o tensa? ¿Cómo respiras, profunda o superficialmente? ¿Cómo está tu columna, erguida o colapsada? Seguramente asociarás una imagen corporal determinada a un estado mental determinado.

Pero esta imagen mental no es nada más que eso: una imagen mental. No existe en la realidad. La imagen de lo que para ti significa "estar en el centro" podría no ayudarte a conseguir ese estado. Podría limitarte como si fuera una cadena que ancla la mente a una idea y no la permite explorar otras posibilidades.

Porque la imagen condiciona la mente a buscar la experiencia que se ha imaginado. Estar en el centro podría ser otra cosa.

Si la experiencia de vivir desde el centro nos llega de una forma que no la hemos imaginado, por ejemplo, con una respiración más corta y excitada, no la aceptaremos como válida, porque no encajará en la fantasía mental que hemos imaginado.

Así pues, vemos que tener una idea muy clara, consciente o inconscientemente, limita a la mente para explorar otras maneras de experimentar "el centro". Condicionados por la imaginación, nos sentenciamos a sentirnos infelices en el proceso de búsqueda del centro.

La búsqueda de la felicidad se convierte en una larga espera con expectativas de un futuro imaginario que nunca llega. Tus ideas actuales sobre lo que es vivir desde el centro forman parte –recuerda– de tus pensamientos condicionados, confusos, acelerados. Lo que te aleja precisamente del centro que buscas.

Emerge la pregunta: ¿cómo se puede confiar en los productos de la mente? ¿Por qué hacer caso a unos pensamientos con un ciclo de vida tan corto como una respiración? Al comprender que un pensamiento, idea o creencia no es la verdad absoluta, se abre a una nueva experiencia, más allá de la mente y sus limitaciones.

En esta apertura mental se puede tomar distancia de las creencias, con lo cual se experimenta la independencia, la libertad de la mente. Uno ve que puede elegir agarrase o no a la creencia, ya que no la percibe como una verdad absoluta, sino como una verdad personal.

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Y las verdades personales, más a menudo de lo que se esperaría, cambian. ¿Cuántas veces se cambia de opinión, prioridad o preferencia? Entonces, ¿la mente es nuestra enemiga? No. Se puede ver la mente como un órgano que está diseñado para garantizar la supervivencia del cuerpo, buscar potenciales peligros y protegerse de ellos.

Alerta continuamente de amenazas, independientemente de si son reales o falsas, a través de emociones como el miedo y la ansiedad. En otras palabras, la mente está enfocada en la supervivencia, es decir, no está diseñada para hacernos felices. Al menos, no es su única prioridad.

Descubrirlo es una gran liberación porque al ver las limitaciones que crean las fantasías y creencias, por muy seductoras y reales que parezcan, estamos dispuestos a explorar otras maneras de vivir la vida. Es decir, la limitación emerge cuando la imagen mental de "vivir desde el centro" parece la "única manera" de vivir el centro; en lugar de estar abierto a otras posibilidades más reales.

Estar "conectado" realmente es algo muy natural

La mente tiene que enfocarse en algo, es como si fuera una cámara. Cuando se enfoca en un objeto central, el fondo queda desenfocado y cuando se enfoca en la periferia, es el centro el que se queda desenfocado.

Cuando se elige poner la mente en la periferia y en el foco el cuerpo, la respiración y el aire que toca la piel, puedes estar presente en cada momento frágil y corto, siendo capaz de apreciar sus matices particulares.

Estar "conectado", en realidad, no es nada complejo, no es ninguna experiencia mística o exótica. Es una experiencia muy natural. Entonces, ¿por qué requiere tanta práctica de técnicas como la meditación para alcanzarla? Porque estamos muy habituados a identificarnos absolutamente con la mente, con nuestros pensamientos.

Estudia la naturaleza de la mente y comprueba por ti mismo su continua oscilación. Precisamente por este movimiento incansable de la mente, se practica sentarse sin movimiento, y observar lo que emerge, para soltarlo.

Practicar el soltar proporciona madurez y ofrece la oportunidad de poner en práctica uno de los pilares de la práctica espiritual: el desapego. Lo que se refina con la práctica del desapego es la habilidad de liberarse de las creencias, deseos, resistencias, rechazos y lo que creemos que nos pertenece.

Cuanto menos se apega uno a lo que se considera "yo" y "mío", más calma y más ligereza se siente. Más libertad se aprecia y se vive. En esta libertad, en este espacio se percibe un centro. Uno puede experimentar "su centro" solamente en el presente, en el momento dado.

En otras palabras, cuando se da la bienvenida a lo que se está sintiendo, a la existencia tal y como aparece momento a momento, sea lo que sea: aburrimiento, un desacuerdo, una frustración, alegría o comprensión. Acoger con ternura lo que existe permite suavizar la actividad mental.

La justificación del porqué pierde su fuerza, ya que ningún sentimiento es bueno, malo o mejor. Un sentimiento es solamente un sentimiento y está basado en una verdad personal, temporal y limitada.

Vivir desde el centro es volver al presente, la vida en cada momento es más grande que la mente y sus ideas circunstanciales. La vida se celebra ahora, en cada instante, dando la bienvenida a lo que existe en la realidad. En este momento, tú, un cuerpo, una lectura, una respiración y unas ideas sobre la lectura que vienen y se van.

En esta observación desde el desapego emerge un centro, momento a momento, que no está vinculado a una imagen mental, sino a una conexión con la existencia que ocurre... ¡ahora!

Etiquetas:  Emociones Or Haleluiya

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