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Todo lo que necesitas saber sobre el ictus

La brusca interrupción del flujo sanguíneo al cerebro puede tener consecuencias muy graves. Aprender a prevenir el ictus es tan importante como saber reconocerlo y reaccionar rápido.

Dr. Pablo Saz

Nos avisan de una urgencia a domicilio. El paciente ha perdido el conocimiento. Cuando llegamos ya lo recupera, pero nos cuenta lo que le pasa y son los síntomas de un ictus: se le ha paralizado un lado de la cara y ha perdido fuerza en un brazo; le cuesta expresarse, entender lo que se le dice y emplear un lenguaje inteligible.

También experimenta dificultades para caminar y pérdida de equilibrio o de coordinación. Tiene dolor y atontamiento, y algo de dificultad visual.

¿Qué es un ictus?

Ictus en latín significa «de golpe», de repente, una presentación súbita y violenta. También se le denominó apoplejía o parálisis, y hoy se le llama accidente cerebrovascular, aunque la palabra que mejor lo define sigue siendo ictus.

El término alude a una interrupción brusca del flujo sanguíneo cerebral, ya sea por isquemia (la oclusión de alguna de las arterias que irrigan la masa encefálica) o por una hemorragia (la ruptura de un vaso sanguíneo encefálico).

En un primero momento no se puede saber cuál de los dos es el motivo. En el 80-85% de los casos el ictus se debe a trombos; las hemorragias intracraneales suelen ir acompañadas de hipertensión alta y, en general, de dolor de cabeza.

A menudo es necesario el traslado al hospital y una tomografía computarizada o resonancia magnética para determinar si se trata de un trombo o de una hemorragia, y así poder instaurar un tratamiento rápido.

Cuándo buscar atención inmediata

Es importante procurarse atención médica inmediata siempre que se presenten síntomas como parálisis inexplicable, entumecimiento, lenguaje farfullante, cefalea intensa, confusión o mareos, e identificar cualquier factor de riesgo de ictus. También es importante instaurar un buen diagnóstico, mediante la tomografía computarizada o la resonancia magnética.

Una vez en el hospital se vigila que no se produzcan complicaciones. Se procura que la persona respire bien, que no se ahogue ni atragante, que trague bien la comida, que esté bien nutrido, que no se le hagan úlceras o escaras en la piel, que esté bien comunicado e informado, que se le trate con sensibilidad, que se respete su sueño y descanso, y que la familia se organice para su cuidado.

Al mismo tiempo, se realizan numerosas pruebas para estudiar la glucemia, la función renal, los marcadores de isquemia cardiaca, el tiempo de coagulación, la saturación de oxígeno y los electrocardiograma y electroencefalograma.

¿Quién tiene más riesgo de sufrir un ictus?

El ictus es un problema de salud pública de primer orden. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) las enfermedades cerebrovasculares representan la tercera causa de muerte en el mundo occidental, la primera causa de discapacidad física en las personas adultas y la segunda de demencia.

La Sociedad Española de Neurología destaca que "una de cada diez muertes en España está causada por un ictus. Constituye la segunda causa de fallecimiento en nuestro país (la primera en la mujer), y su aparición provoca más discapacidad y muertes prematuras que el Alzheimer y los accidentes de tráfico juntos".

Los factores de riesgo no modificables que predisponen a sufrir un ictus comprenden: tener más de 55 años de edad, ser varón, ser de raza africana, americana e hispanoamericana, o tener un antecedente familiar materno o paterno de accidente cerebrocardiovascular.

Los principales factores de riesgo modificables que predisponen a sufrir un accidente cerebrovascular son: hipertensión, tabaquismo, diabetes mellitus e hipercolesterinemia, dietas saladas, obesidad y cardiopatías productoras de trombos. La contribución de estos factores a la arteriosclerosis cerebral es bien conocida.

Los factores de riesgo adicionales incluyen: homocisteinemia, concentraciones elevadas de proteína C reactiva, alta ingesta de grasas y sal en los alimentos, falta de frutas y legumbres en la alimentación, un estilo de vida sedentario y la terapia hormonal sustitutiva en la mujer.

Hoy está bien documentada la relación entre la terapia hormonal y el riesgo de trombos e ictus. Hay que sopesar, pues, los beneficios y los riesgos de la terapia hormonal en la menopausia.

Lo mismo sucede con la píldora anticonceptiva después de un ictus o si se corre el riesgo de padecerlo. En ambos casos es preciso, pues, informar a la paciente de los riesgos que corre, para que tome sus propias decisiones.

Pequeños síntomas que no debes pasar por alto

Numerosos cuadros de accidente cerebrovascular de baja intensidad y duración se conocen como ataques isquémicos transitorios, porque duran menos de 24 horas. De hecho, la mayoría duran menos de una hora, unos 10 minutos.

Estos ataques isquémicos transitorios suelen pasar inadvertidos por lo anodino de su sintomatología: parestesias, debilidad de un grupo muscular poco específico (su actividad es suplida por otros grupos musculares), episodios amnésicos breves y pequeñas desorientaciones, entre otros síntomas.

No sería descabellado decir que son estos síntomas menores los más frecuentes; tienen una gran importancia porque ponen sobre aviso de la patología subyacente de forma precoz. Y ayudan a poner en marcha actitudes preventivas y evitar otros problemas mayores. Los síntomas neurológicos comienzan a aparecer unos diez segundos después de que se altere el riego sanguíneo.

La vida después del ictus

Sobre todo, hay que tener muy presente que siempre existen posibilidades de rehabilitación y muchas más si se atiende a la persona desde el primer momento.

Las posibilidades de nuestro cerebro son todavía poco conocidas; sorprende que lesiones pequeñas produzcan a veces grandes defectos, mientras que en otras ocasiones a pesar de grandes lesiones se den recuperaciones espectaculares. La clave está en empezar pronto la rehabilitación y en no abandonarla.

También es importante saber que todo el mundo puede mejorar. Se descuida a personas mayores, ya que se piensa que por su edad no se recuperarán, pero las recuperaciones son evidentes en personas tanto de 50 años como de 90. La diferencia estriba más en la insistencia en recuperarse.

También es importante atender los accidentes vasculares en niños; a veces se diagnostican tarde y mal, y sobre todo se desatiende su rehabilitación. Hay que hacerlo siempre pronto y bien.

Resulta fundamental implicar al entorno familiar y social en la rehabilitación, así como establecer una red adecuada en todos los ámbitos. Cuando se sale del hospital, hay que planear muy bien con la familia los cuidados de la persona: su rehabilitación, su educación sanitaria, sus comidas, su ejercicio…

Las actividades en entornos naturales, como los paseos al aire libre, contribuyen a mejorar la rehabilitación.

Hay que pensar que un ictus puede significar una muerte repentina, pero también una oportunidad para cuidarse y mejorar en la vida, tanto en lo individual como en lo familiar.

Acupuntura para mejorar la recuperación

Parece demostrarse que la acupuntura ayuda a quienes han experimentado un accidente cerebrovascular a mantenerse con un funcionamiento independiente en su vida doméstica. Existen, además, pruebas experimentales sobre el posible efecto neuroprotector de la acupuntura.

En un análisis Cochrane de 2005 sobre la acupuntura en el ictus agudo se incluyeron 14 ensayos que abarcaron 1.208 pacientes. Se observó que en el grupo que recibió acupuntura fallecieron menos pacientes o se volvieron menos dependientes. Asimismo, tendieron a mostrar una mejor función neurológica global. Los efectos fueron solo moderadamente más benéficos en la acupuntura simulada. La terapia estuvo exenta de efectos secundarios significativos.

Claves para prevenir el ictus

Pero el mejor tratamiento es siempre la prevención. Es importante revisar la dieta, priorizando en general el consumo de frutas, hortalizas y legumbres, e intentando moderar la ingesta de grasas de origen animal, si las comes, y las calentadas. También hacer ejercicio físico u otras prácticas holísticas que ayuden a reducir los factores de riesgo.

1. La mejor alimentación para protegerse

Se recomienda una dieta rica en frutas y hortalizas, ya que un incremento de una ración de estos alimentos al día puede disminuir el riesgo de accidente cerebrovascular de origen isquémico en un 6%.

Las verduras crucíferas (brécol, coliflor, col, nabo y berro, entre otros), las de hojas verdes y las frutas cítricas son los alimentos que parecen ejercer el máximo efecto benéfico.

En general, el ajo crudo tiende a reducir las concentraciones de colesterol en la sangre, ejerce un efecto anticoagulante leve y puede relajar el músculo liso de las arterias. Se pueden moler uno o dos dientes de ajo al día y añadirse a las comidas.

A fin de prevenir o controlar la diabetes se recomienda consumir alimentos de bajo índice glucémico y baja carga glucémica, con un alto contenido de fibra. Es el caso de las legumbres y los granos enteros. Se ha demostrado que el consumo de granos enteros se acompaña de un menor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular en las mujeres.

Conviene moderar o suprimir el consumo de alcohol, que es un factor de riesgo de la hipertensión.

Es muy aconsejable incluir más ácidos grasos omega-3 (mejoran la salud cardiovascular y cerebrovascular) y más grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva).

También es importante evitar las grasas saturadas (el consumo diario de carne roja también aumenta el riesgo de ictus), hidrogenadas y trans.

En la actualidad se reconoce que la aterosclerosis es una enfermedad que se caracteriza por inflamación crónica; por tanto, conviene moderar o suprimir los alimentos proinflamatorios, como los que aportan ácidos grasos trans. Esto significa que conviene no ingerir grasas parcialmente hidrogenadas.

2. Ejercicio físico, taichí o yoga

La actividad física regular es otro gran factor que disminuye el riesgo de ictus.

El ejercicio aeróbico durante 30-45 minutos al día disminuye la hipertensión, mejora los lipidogramas, combate la resistencia a la insulina e intensifica la elasticidad de las arterias que irrigan el cerebro.

Se ha comprobado que el taichí mejora la recuperación tras un ictus.

Se ha demostrado también que practicar chikung disminuye la hipertensión y sus trastornos relacionados, como el ictus.

El yoga tiene un largo historial de mejora de la salud vascular y neurológica. La práctica de asanas es muy recomendable tanto para la prevención como para el tratamiento del accidente cerebrovascular.

En los pacientes obesos, el adelgazamiento combinando una restricción calórica (con sentido común) y un programa de ejercicio disminuye considerablemente el riesgo de accidente cerebrovascular.

3. Ginkgo y otras ayudas para mejorar el riego sanguíneo

En el campo de la fitoterapia, se ha demostrado que una de las acciones del ginkgo (Ginkgo biloba) es proteger el cerebro contra la lesión hipoxémica, de manera que vale la pena considerar este fitofármaco como suplemento. Asimismo, se ha comprobado que es neuroprotector en adultos sanos y con un estado cognitivo ileso.

Las dosis fluctúan entre 120 y 240 mg de extracto de ginkgo estandarizado al 6% de terpenos y al 24% de glucósidos de flavona, en dosis fraccionadas dos o tres veces al día.

Tras un ictus inicial a menudo se utilizan también anticoagulantes: desde el ácido acetilsalicílico como fármaco único, hasta el anticoagulante más potente, la warfarina. Esta última constituye un tratamiento esencial en individuos con fibrilación auricular como prevención primaria y secundaria del ictus, a menos que haya contraindicaciones para el tratamiento anticoagulante.

Los fármacos para el control de la hipertensión, la diabetes y la hiperlipidemia (exceso de grasas en la sangre) se seleccionan de acuerdo con las necesidades individuales del paciente, procurando siempre que se puedan controlar con modificaciones de estilo de vida.

4. Otras medidas preventivas

Por otra parte, el masaje terapéutico libera la tensión, ayuda a disminuir el espasmo y es un aliado valioso en el tratamiento del accidente cardiovascular.

Se puede recurrir a la práctica regular de técnicas para reducir el estrés, como meditación, ejercicios respiratorios y caminatas al aire libre. También conviene participar de una red social que favorezca un estilo de vida saludable.