Ojos sanos en verano

Salud ocular

Ojos sanos en verano

Especialmente vulnerables en verano, cuando reciben más agresiones externas, necesitan protección

Jaume Pauné

Los ojos son una zona expuesta a padecer problemas en verano. Se calcula que los trastornos oculares aumentan un 20% durante esta época del año: el sol, la sal del mar, el cloro de las piscinas, el aire acondicionado e incluso al aumento de los niveles de contaminación en zonas urbanas son causa de irritación ocular, sequedad, etc.

Es posible reducir su incidencia teniendo en cuenta algunos consejos.

Cuídalos y protégelos

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la intensidad de la luz solar es mayor y se agrava en ambientes como la playa porque la arena refleja los rayos.

En la montaña, si hay nieve, también se refleja la luz y, en todo caso, la altitud hace que la intensidad de la radiación ultravioleta e infrarroja sea mayor. Por tanto, hay que usar gafas de sol con filtro ultravioleta (UV), sobre todo para evitar problemas a largo plazo.

Aunque un exceso de exposición solar en estos ambientes puede lesionar la córnea (conjuntivitis de la nieve), es en los procesos a largo plazo cuando sus efectos pueden resultar más nocivos. La luz ultravioleta acelera la oxidación y el envejecimiento de los tejidos.

Los ojos son uno de los órganos más afectados por los radicales libres. La oxidación se relaciona especialmente con problemas retinianos como la DEMAE (Degeneración Macular por la Edad) y con la aparición de cataratas. También con el pterigión (conocido popularmente como «palmeras»).

Problemas en el aire

La entrada de cuerpos extraños es también un problema común en verano, ya que se pasa más tiempo al aire libre. En caso de que un cuerpo extraño entre en el ojo, como una mota de polvo, lo primero que hay que hacer es lavar el ojo con agua abundante o, si es posible, con suero fisiológico, que venden en las farmacias en envases monodosis y sin conservantes.

En los niños es típico que les entre arena y se les quede bajo el párpado superior, por lo que el lavado se debe hacer levantando el párpado. Si persisten las molestias hay que consultar al oftalmólogo ya que en ocasiones el cuerpo extraño se queda incrustado.

En ambientes secos como los que generan los aires acondicionados las personas con ojo seco, y muy especialmente ojo seco marginal, desarrollan irritación del ojo por falta de lágrima. Para contrarrestar este efecto existen las lágrimas artificiales, algunas de ellas homeopáticas. Es preferible escoger las que se comercializan en envases monodosis sin conservantes.

Hay que utilizarlas frecuentemente, unas seis veces al día en personas con problemas de ojo seco y que estén en ambientes secos, para evitar la sensación de arenilla, quemor y lagrimeo reflejo.

Dentro del agua

El agua es una de las principales causas de trastornos. Las piscinas con demasiado cloro provocan irritaciones de los ojos y, si no están suficientemente desinfectadas, infecciones oculares y conjuntivitis.

El cloro agrede químicamente a las células epiteliales corneales y las lesiona. También el nivel de pH genera irritación cuando es demasiado básico o ácido.

Si la piscina está poco desinfectada puede inducir una infección ocular, que se manifiesta con ojo rojo, dolor, sensibilidad a la luz y sensación de arenilla o quemor. Normalmente con un tratamiento adecuado se resuelve en una semana, pero en casos graves se desarrolla una queratitis.

La más grave es la producida por acanthamoeba, un protozoo que vive en aguas estancadas. Por lo tanto, en caso de notar alguno de los síntomas anteriores es necesario acudir a un oftalmólogo para una evaluación de urgencia.

La queratitis se diferencia de la conjuntivitis porque la córnea está invadida por el germen patógeno y puede llevar a la necrosis del tejido e incluso a la perforación ocular.

En cambio, el agua de mar, en especial la del Mediterráneo, produce irritación en los ojos por el exceso de sal. Corresponde de nuevo a una agresión química y por tanto del epitelio. Por ello es recomendable el uso de lágrima artificial o suero fisiológico después de un baño de mar, sobre todo si se ha buceado con los ojos abiertos.

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