Meditar para reducir el estrés

Atención plena

Meditaciones breves para reducir el estrés

Cuando se vive sin atender a lo que se hace, se pierde energía y se alimenta la tensión

Laia Montserrat

Hay que aprender a parar, escucharse y respirar dedicando un rato a tomar consciencia de lo que se hace y calmar la mente. Esos momentos se convertirán en píldoras de salud y bienestar. Prescripción: mínimo dos al día, aunque puedes consumirlas sin moderación

Vamos a ver cómo realizar algunos ejercicios diarios que ayudan a estar más sereno y reducir el estrés.

Antes de levantarte

Cuando despiertes, bien sea de forma natural o con el despertador, tómate tres minutos antes de levantarte. Échate boca arriba, sintiendo las sábanas y el cuerpo reposando cómodamente en la cama. Respira profundamente varias veces, exhalando completamente, sin retener nada. No pienses en lo que tienes que hacer durante el día, no dejes que ningún pensamiento te robe este momento. Simplemente respira. Siente tu cuerpo bien vivo. Agradece a la vida la posibilidad de vivir este nuevo día. Sonríe.

Deja pasar los pensamientos

Siéntate dos o tres minutos a mirar qué sucede en tu mente. Seguramente lo que veas te va a disgustar, ya que suele haber muchos pensamientos saltando alocadamente y sin control... No desesperes ni te enfades. Míralos con cariño. Como a niños traviesos. No te juzgues ni entres a analizar el contenido. Entrénate en mirar sin participar... Por ejemplo, detectas que piensas en lo que debes decirle a tu jefe, ¡pues respira hondo y no construyas la conversación! Relájate y deja que pase el pensamiento. Enseguida aparecerá otro, por ejemplo, que tienes que comprar cosas para la cena. Haz lo mismo: no te pongas a redactar la lista de la compra. Respira hondo y deja que pase, sin narrar ni añadir nada. Reconócelo y suéltalo.

Respira

Parece poca cosa detenerse a respirar... ¡Estás respirando todo el día! Pero por eso precisamente te lo propongo. Lo haces de forma automática y, muchas veces, superficial. Tómate unos instantes para hacer unas respiraciones profundas, tres o cuatro. Luego, simplemente, siente tu respiración, el aire que entra y sale, sin más, sin querer hacer nada con ella... disfrutando del hecho de estar vivo y de respirar. Goza del vaivén de su movimiento.

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