Guía de terapias naturales

Biodanza

Mediante ejercicios de danza se potencia la conexión con el cuerpo y las emociones.

Guía práctica
 
Se puede encontrar información de escuelas y clases regulares de biodanza en España a través de los siguientes teléfonos y webs:
www.biodanzaya.com

Barcelona, tel. 93 426 41 79; www.biodanza.cat


Bilbao, tel. 615 810 584; www.biodanza-bilbao.org
 
Valencia, tel. 610 052 185 / 676 002 340; www.biodanzavalencia.es


Zaragoza, tel. 616 49 24 88 / 685 16 20 15; www.biodanzaragoza.com;

Otras ciudades
Escuelas de Biodanza Rolando
Toro en Madrid, Canarias y Valencia: 91 378 4119 / 928 25 36 14; http://web.madritel.es/personales2/mirelman/escuela.htm

 
 


Hace cuarenta años, en el hospital psiquiátrico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, un psicólogo y antropólogo comprobó cómo determinados ritmos musicales influían y mejoraban el estado de los pacientes allí ingresados. Así surgió la biodanza, de la mano de Rolando Toro, actual presidente de la International Biocentric Foundation (IBF), organismo que coordina esta disciplina en todo el mundo. Aunque se practica sobre todo en América del Sur, y principalmente Brasil, la biodanza también está presente en todo el continente americano y en muchos países de Europa.

Desprenderse de corazas
España desde hace doce años se puede asistir a clases de biodanza impartidas por profesores, también llamados facilitadores, acreditados por el IBF. Una sesión dura dos horas y se inicia con una charla en grupo sobre las experiencias vividas en la clase anterior, que le sirven al profesor para escoger los ejercicios y la música adecuados. Cada clase es distinta: si lo que se pretende es reforzar la autoestima, se recurre a música fuerte, por ejemplo unos tambores; si el objetivo es potenciar el contacto con los otros, se emplea una música brasileña muy sensual, el forro, que se baila en pareja, cuerpo a cuerpo; y en ejercicios individuales, más vivenciales, puede servir una pieza de música clásica. En general, los ejercicios se suelen acompañar de «música orgánica», producida por instrumentos elaborados con materias naturales, aunque ocasionalmente también puede utilizarse algún tema de música pop, por ejemplo.
El profesor dirige todo este proceso: por una parte, propone juegos y vivencias, y por otra observa y regula la forma en que cada uno se mueve, para que no sea demasiado brusca o contenida. Los ejercicios fomentan entre los alumnos la interacción a través del tacto y la mirada, así como el equilibrio. Las clases suelen empezar o terminar con un círculo formado por todos los alumnos. El profesor puede pedirles que caminen a un mismo ritmo, que alguien salga al centro, que cierren los ojos y se cojan de las manos... El objetivo es ir desprendiéndose de corazas y crear un clima íntimo en la clase.
Luis Octavio y Augusto Madalena, ambos brasileños, son dos de los profesores de esta técnica, «que resulta terapéutica porque consigue rescatar la sensación de estar vivo, de encontrar sentido en el simple hecho de vivir. Se inspira en el principio biocéntrico, pone la vida en el centro de nuestra existencia, sin analizar conflictos ni sufrimientos pasados, para propiciar un cambio en el individuo.»
La idea, según detalla Octavio, director de la Escuela de Biodanza Rolando Toro en Barcelona, es que «todo organismo vivo tiene la inteligencia inconsciente de direccionar su vida: a una semilla nadie le enseña a crecer. La biodanza trata de rescatar y estimular nuestra capacidad innata de saber vivir».

Las cinco vías
La biodanza trabaja sobre cinco líneas de vivencia o funciones fundamentales que contribuyen al desarrollo armónico: la creatividad, la afectividad, la sexualidad, la vitalidad, y la tra-scendencia. «Toda persona las necesita para una integración física, emocional y social. Cuando alguna falla, la biodanza intenta equilibrarla porque, por ejemplo, si una persona es muy creativa y no tiene vitalidad, no puede expresarla adecuadamente», explica Augusto Madalena. Desde hace trece años practica esta disciplina en diversos países latinos, sobre todo Brasil, donde se suele ejercitar en colegios, hospitales o empresas.
En el caso de Rosabel Lacoma, una de las alumnas que asiste a las clases de este profesor en Zaragoza, la faceta de la sexualidad ha mejorado: «Anteriormente tenía más prejuicios sociales, ahora sé diferenciar lo que viene impuesto por mi educación y lo que es natural. Antes quería vivir la sexualidad desde lo mental, tenía gran sentimiento de culpa, ahora descubro que es algo más natural y emocional».

Conectar con uno mismo

Rosabel, de 35 años, también asegura que los efectos de la biodanza los notó ya en la primera sesión. «Me sorprendí de la alegría de vivir que experimentaba. He aprendido a escuchar a mi cuerpo, a saber más lo que me sienta bien o mal... En definitiva, estoy más conectada con él y con las emociones. Esto hace que en mi vida cotidiana tenga más capacidad y lucidez para encontrar situaciones, momentos y personas que me proporcionen bienestar. He ganado expresividad, decisión, soy menos tímida, acepto a las personas y tengo menos prejuicios», explica esta zaragozana que practica biodanza desde hace dos años y que ha hecho de esta disciplina una manera de vivir, porque se está formando para ser profesora.
Los diferentes beneficios de esta técnica hacen que sea aconsejable para todo tipo de perfiles, aunque sobre todo para personas deprimidas, con angustia, fobias y miedos, o sin ganas de vivir. «La biodanza disminuye el abismo entre lo que sentimos y lo que conseguimos expresar, evitando la robotización corporal al trabajar la integración corporal y emocional», asegura Madalena.
Este profesor de biodanza sostiene también que «sólo en los primeros seis meses de práctica, la persona ya amplía la dimensión que tiene de sí misma y del mundo e incrementa su autoestima, por lo que mejoran sus relaciones con los demás. Este cambio interno, esta conexión con su potencial interno le hace darse cuenta de que puede hacer más cosas en la vida y vivir mejor. Esto repercute externamente también: las personas se vuelven más bellas.»
Pablo Casabón es otro de los alumnos de las clases de Madalena en Zaragoza y también confiesa que aunque sólo lleva cuatro meses practicándola ya nota sus efectos. «En una sesión percibo los mensajes que envía mi cuerpo y veo los posibles bloqueos emocionales. Al acabar estoy completamente abierto emocionalmente, siento un gran bienestar, y eso se traduce en mi vida diaria. Ahora tengo más fuerza interna, menos timidez y más capacidad de expresarme a través de la palabra y del cuerpo».

Rosa Castro

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