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Medicina de género

La medicina invisibiliza las diferencias femeninas

El diagnóstico, el tratamiento y la investigación en medicina están condicionados por sesgos de género. A menudo no se tienen en cuenta las peculiaridades de la fisiología femenina y las consecuencias son graves.

Ana Montes

Las mujeres tenemos una genética, biología, fisiología, endocrinología y psicología diferentes a los hombres. Somos diferentes a los hombres, pero no somos desiguales. Todas estas variaciones impactan en la salud y la psicología femenina, por eso la conferencia “Mujer y salud: mismas enfermedades, ¿consecuencias distintas para hombres y mujeres?”, organizada por la Asociación SFC-SQM Madrid, quiso visibilizar la importancia de la medicina de género para dar solución a muchos de los grandes problemas sanitarios a los que se enfrentan hoy las mujeres.

A las mujeres nos sirven como apoyo la familia, los amigos y amigas, y la corresponsabilidad en el reparto de labores con la pareja. Pero nos merma energía las “demandas externas” por rol de género: la doble y triple jornada, nuestro rol de cuidadoras y la discriminación y condiciones desventajosas de trabajo.

Las mujeres viven más, pero con peor calidad de vida

Incluso los valores elevados y la alta autoexigencia de muchas mujeres o la educación que favorece una baja autoestima se suman en un cóctel que facilita que nos sintamos mal o provocan los llamados “malestares de las mujeres”.

Por eso las mujeres estamos más enfermas que los varones, pero sobre todo, enfermamos de manera diferente, explica la doctora Mar Rodríguez Gimena, especialista en medicina de género que recuerda que aunque la esperanza de vida de las féminas es casi 5 años más que la de los hombres, son de peor calidad.

Más propensas a sufrir enfermedades ambientales

Ahora sabemos que las enfermedades ambientales afectan más a las mujeres que a los hombres. Sin embargo, faltan políticas medioambientales que reflejen esta realidad para prevenir y reconocer las causas que nos enferman.

Estrés, ansiedad, trastornos menstruales, dolores musculoesqueléticos, dolores desbordantes y, en ocasiones, la "fibromialgia", con con un 50% más incidencia en las féminas– pueden guardar relación con factores ambientales como la exposición a agentes químicos en el hogar y en el trabajo o a la contaminación química y electromagnética.

Acumulamos más grasa magra en los tejidos

Un motivo por el que las enfermedades ambientales afectan más a mujeres es porque somos acumuladoras de más grasa corporal que los varones. Muchos contaminantes tienden a acumularse en el tejido graso, en consecuencia las mujeres concentran más tóxicos, incluso algunos persistentes y ya prohibidos como el DDT, aún presente en mujeres mayores de 40 años.

Además, entre los mencionados tóxicos se encuentran disruptores endrocrinos, que forman parte de la composición de muchos productos domésticos (detergentes, jabones, pesticidas, plásticos, organofosforados, aceites recalentados, teflón…) y que provocan alteraciones hormonales, ya que actúan de manera similar a hormonas femeninas.

Mayor toxicidad cuando hay anemia

Este riesgo a la toxicidad medioambiental es mayor en las mujeres anémicas. La falta de hierro produce falta de hemoglobina que transporta el oxígeno a los tejidos. La razón es que los receptores dopaminérgicos del cerebro son sensibles a la ferritina pero si no hay suficiente, la barrera hematoencefálica está más afectada siendo más permeable a los tóxicos, explica la doctora Mar Rodríguez Gimena.

Además la SQM está relacionada con la mitocondria y el ciclo de Krebs –relacionado con la respiración celular– que también necesita hierro. Un valor saludable de ferritina en sangre es a partir de 50 ng/ml porque por debajo la función de oxigenación no está al completo.

Existen sesgos de género en medicina

Hay una serie de errores en las investigaciones biomédicas que causan la invisibilidad de muchos problemas femeninos, abundó Rodríguez Gimena. Uno de ellos es el estereotipo de género.

“Si una mujer entra en una consulta relatando que le duele todo, la posibilidad de que le recomienden un psicofármaco es muy alta. Si lo dice un hombre, tiene un 50% de posibilidades de que le manden pruebas diagnósticas”, explica la especialista.

También hay sesgos en la investigación. Muchas cohortes de estudios no tienen específicamente en cuenta a las mujeres, por lo que en realidad muchas de las conclusiones, especialmente sobre tratamientos, no están probadas en ellas.

El ciclo menstrual, poco estudiado

El ciclo menstrual normal es un indicador de salud y de armonía. Sin embargo, está poco estudiado y aunque hoy los trastornos del ciclo afectan a un 10% de las mujeres (y van en aumento) se hace un esfuerzo mínimo por estudiarlos.

Sangrar mucho, tener un ciclo irregular o menstruaciones muy dolorosas significa que existe un trastorno en el eje endocrino, por lo que “no se puede obligar a la mujer a aguantarse”, señala Rodríguez Gimena. Sin embargo, el sangrado excesivo afecta a más del 50% de las mujeres; el déficit de la segunda fase del ciclo, a casi un 80%; el síndrome menstrual al 30%; la mastopatía fibroquística al 60%; y los miomas, ovarios poliquísticos y endometriosis están en crecimiento.

Otro gran fallo de la medicina en relación con las mujeres es la “no inocuidad” de la terapia hormonal sustitutoria, que puede provocar “graves efectos secundarios, como cáncer de mama e ictus", observa la doctora.

El infarto femenino, diferente al masculino

Los síntomas del infarto femenino, que se encuentra entre las primeras causas de muerte por patología cardiovascular junto al cáncer de mama, son diferentes también.

Las mujeres sufren más dolores en el pecho y síntomas digestivos, además de mareo. A causa de este desconocimiento, a las mujeres les hacen menos intervenciones quirúrgicas, menos angioplastias coronarias y menos refuerzo terapéutico que a los varones.

También se ha invisibilizado el problema de tiroides que predomina un 50% más en mujeres que en hombres, por lo que habría que vigilar en consulta la hormona tiroidea (TSH) y la anemia.

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