De la huerta

6 alimentos tan atractivos como digestivos

Incluye estos alimentos en tus menús y evitarás las pequeñas molestias que acompañan a una digestión difícil.

La naturaleza es pródiga en alimentos beneficiosos para nuestro organismo. Si estamos atentos a sus regalos conseguiremos todo lo que necesitamos para mantener nuestra salud.

Quienes sufren de estómago e intestinos delicados cuentan con un buen abanico de verduras y frutas que ayudan a mejorar la función digestiva gracias a sus enzimas o a su fibra prebiótica para la microbiota, por ejemplo.

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1. Disfruta de la energía de la patata

La piel fina y dorada de las patatas nuevas, recogidas en primavera, antes de su maduración, oculta una pulpa fina, sabrosa y más fácil de digerir que la de otras patatas recogidas más tarde.  Cómelas sin pelar para aprovechar mejor nutrientes como las vitaminas C y del grupo B. Contienen, además, algo de hierro.

Son menos calóricas de lo que se suele creer: 70 calorías por 100 gramos.

Deja que se enfríen en la nevera durante unas horas para que, al comerlas, el almidón resistente se transforme lentamente en energía y alimente la microbiota digestiva beneficiosa.

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2. La nectarina, dulce bálsamo

Una nectarina en su punto, con su pulpa firme, aromática y jugosa, cautiva desde el primer bocado. No es raro que haya tomado su nombre del nektar griego de los dioses.

Favorece el tránsito intestinal y la buena digestión gracias a su contenido en fibra y a su efecto estimulante sobre el hígado.

Es muy rica en provitamina A, que contribuye a la salud de la piel, la vista y las mucosas. Un ejemplar de 200 g cubre hasta un tercio de las necesidades diarias.

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3. Lechuga crujiente y prebiótica

La "reina de mayo" es una lechuga de hojas redondeadas, blandas, de color verde claro y una textura crujiente y carnosa. Resulta más nutritiva y saciante que otras variedades.

Si te tomas dos raciones al día de 50 g cada una –en la ensalada del almuerzo y la cena, por ejemplo– obtendrás la mitad de la vitamina A que necesitas al día en forma de betacaroteno.

El ácido fólico es otro nutriente importante en la lechuga. Esta vitamina es esencial para el sistema nervioso y para proteger el sistema circulatorio y el corazón.

Es prebiótica gracias a la fibra digestiva que forma parte de su composición (un 7% del peso) y que alimenta las bacterias beneficiosas de tu intestino.

Sus enzimas, además, estimulan las células inmunitarias del intestino y protegen frente a las infecciones.

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4. Judías bobby, ricas en minerales

La judía verde es una de las pocas legumbres que se comen tiernas y con la vaina, que, en las bobby, es redonda y carnosa.

Resulta deliciosa cocida al vapor y con un chorrito de aceite. O puedes añadirla a una ensalada de pasta o de arroz.

Los minerales –calcio y magnesio, entre otros– destacan en su composición, junto con el ácido fólico.

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5. Brotes supernutritivos

Los brotes de mostaza se encuentran entre los alimentos con una mayor concentración de nutrientes. Los datos son impresionantes: en 140 g encuentras toda la vitamina A (en forma de betacaroteno) y la vitamina K que necesitas al día, la mitad de la vitamina C y en torno al 20% de la vitamina E, el calcio, el manganeso y el cobre.

Los compuestos fenólicos también abundan en estos brotes. Como es una crucífera posee los mismos compuestos anticancerígenos que las coles.

Puedes cultivarlos en casa y añadirlos a ensaladas, bocadillos y smoothies. Su sabor recuerda al del berro y combina bien con zanahoria, pepino, perejil, limón, manzana o jengibre.

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6. Cremosas nueces de Macadamia

Estas delicadas nueces de paladar cremoso se recogen de un árbol originario de Australia que también se cultiva en Hawai, California, Sudáfrica y varios países sudamericanos.

Son muy ricas en grasas, que constituyen el 75%de su composición y son en su mayor parte monoinsaturadas, beneficiosas para el control del colesterol.

Son una buena fuente de proteínas, fibra, magnesio y vitamina B1. Pero consúmelas con moderación, pues 30 g aportan 215 calorías.

Puedes comerlas tal cual  o puedes aprovechar su cremosidad para preparar ricos helados, brownies y tartas. Y puedes añadirlas, incluso, a platos de arroz, pasta y ensaladas.

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