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11 preguntas sobre alimentos y emociones

La forma de alimentarse afecta a las emociones... y viceversa. Por eso comer bien requiere tanto aplicar criterios dietéticos como conocerse a uno mismo.

Dr. Irina Matveikova

Según Sigmund Freud el ser humano tiene dos necesidades básicas importantes: el hambre y el amor. El hambre se calma con los alimentos; el amor, al relacionarse con los demás.

La comida nunca es solo comida: es un gusto, un recuerdo, un deseo, un ritual, una relajación y mucho más. El alimento y las emociones están unidos formando un nudo imaginario, y prueba de ello son los trastornos del comportamiento alimentario.

La compulsión hacia determinadas comidas involucra los mismos mecanismos neuroquímicos y los mismos circuitos cerebrales que los procesos de adicción a numerosas drogas. El cerebro está capacitado para mantener una relación sana con las comidas y controlar el peso corporal a través de circuitos cerebrales hormonales específicos.

No obstante, se ha demostrado que las comidas ricas en hidratos de carbono simples (azúcares) y grasas pueden provocar una sobreproducción de ciertas hormonas cerebrales e inducir una compulsión que motiva a las personas a comer aún más.

Cuando tenemos hambre se activa un centro cerebral llamado cuerpo estriado, donde se acumula una concentración elevada de endorfinas –unas sustancias que al liberarse inducen un estado de placer y euforia–. Al comer, el cuerpo estriado recibe un estímulo del sistema digestivo y libera endorfinas y dopamina.

Esto activa el mecanismo de recompensa –produce una sensación de relajación y felicidad– y sentimos la satisfacción por la comida ingerida y la saciedad. Es decir, el cerebro nos "agradece" de este modo la energía ingerida y experimentamos bienestar.

Muchas comidas precocinadas y procesadas tienen una carga alta de azúcares y de grasas con la capacidad de ser absorbidos fácilmente por las mucosas digestivas.

Estos nutrientes artificiales y llenos de calorías inducen un mayor estímulo sobre el cerebro y obligan al cuerpo estriado a liberar de golpe una cantidad elevada de dopamina y de endorfinas. El mecanismo de recompensa que se pone en marcha es tan intenso que puede resultar adictivo.

1. ¿La comida tapa el vacío emocional?

Sí. Hay personas con falta de cariño, soledad, dificultades de expresión... a las que llenarse con comida les produce una sensación corta y placentera de recompensa. Cuando no se vive con plenitud, ciertas comidas pueden consolar y evocar satisfacciones del pasado.

2. ¿Qué alimentos son los que más calman?

Las comidas ricas en hidratos de carbono, los azúcares y las grasas pueden provocar una sobreproducción de dopamina, serotonina y endorfinas, hormonas cerebrales que inducen una sensación de bienestar, vinculadas a los mecanismos cerebrales de recompensa.

3. ¿El estrés puede llevar a comer más?

Sí. El estrés supone una liberación elevada de sustancias hormonales, como el cortisol, la adrenalina y la insulina, para afrontar el supuesto reto. Eso lleva a una alerta que genera sensación de hambre continua y poco controlable, con un punto de ansiedad.

4. ¿Por qué con la tristeza se tiene menos hambre?

La tristeza y la depresión están vinculadas a una carencia de serotonina y dopamina, que son hormonas propias del bienestar y de la felicidad implicadas en los circuitos metabólicos relacionados con el apetito. Si hay una deficiencia de ambos neurotransmisores, se come menos.

5. ¿La preocupación reduce el apetito?

Depende de la persona. Unas comen menos por enfocar todos sus sentidos en el problema emocional y "desconectarse" del propio cuerpo. Otras, por el contrario, devoran y picotean casi sin parar para llenar este vacío emocional hasta que se resuelve la preocupación.

6. ¿Cuándo se suele descontrolar el apetito?

Algunas personas comen ordenadamente de día pero de noche dan rienda suelta a sus deseos. Otras sienten gran atracción por ciertos alimentos en el trabajo pero no fuera de él. La dieta de los fines de semana difiere de los días laborables. Lo importante es darse cuenta de lo que sucede.

7. ¿Hay relación entre las emociones y los órganos?

La medicina china vincula cada sabor y emoción con un órgano. Lo dulce puede tonificar el bazo y mitigar la preocupación. El sabor ácido estimula el hígado y atenúa una de sus expresiones: la ira. La sal activa el riñón, que se debilita por el miedo. El picante incide en el pulmón y en la melancolía...

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8. ¿Cómo influyen los niveles de serotonina?

Niveles bajos de esta hormona que regula el ánimo están implicados en trastornos como la ansiedad, la irritabilidad y el insomnio. El aminoácido triptófano, precursor de la serotonina, abunda en lácteos, pescados y carnes, almendras, soja, plátanos y cereales integrales (arroz y trigo).

9. ¿Qué relación existe entre dieta y dopamina?

Muchas comidas modernas, precocinadas, procesadas y refinadas, con calorías muy fáciles de absorber, obligan al cerebro a liberar de golpe una cantidad elevada de dopamina. Este mecanismo de recompensa resulta tan intenso y placentero que puede "enganchar".

10. ¿Por qué atrae tanto el chocolate?

El chocolate, cuyas anandamidas comparten receptores cerebrales con la marihuana, puede considerarse más que un alimento pero menos que una droga. Su teobromina posee además efectos estimulantes sobre el sistema nervioso. Y a eso se añade la combinación de grasas y azúcares.

11. ¿La forma de comer puede ser somática?

Los problemas con la comida traslucen el mundo emocional. Algunos conflictos internos reflejan a su vez mecanismos metabólicos complejos. El cuerpo somatiza con mensajes de hambre voraz o, por lo contrario, corta el apetito. Pueden ser formas de disminuir la tensión, protestar, etc.

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