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Dieta integrativa

8 enfermedades que pueden mejorar con una buena alimentación

Optar por alimentos naturales y nutritivos que contrarresten la inflamación y regulen la flora intestinal puede ser la mejor medicina cuando se pierde la salud.

Elisa Bláquez Blanco (nutricionista)

Aunque los avances en medicina han conseguido que vivamos más años, no existen tratamientos eficaces para enfermedades como la obesidad, la osteoporosis, la arteriosclerosis o la hipertensión, muy vinculadas al estilo de vida y la alimentación.

La ciencia confirma que un estilo de vida saludable ayuda a prevenir ciertas enfermedades, pero ¿qué sucede una vez aparecen?

Unos hábitos inadecuados favorecen la inflamación subclínica, alteran la microbiota, aumentan la permeabilidad intestinal, provocan malnutrición y someten al organismo a una mayor carga tóxica. El estrés, la contaminación ambiental, la mala alimentación, los horarios desordenados y el sedentarismo resultan perjudiciales en este sentido.

Pues bien, siempre es posible introducir cambios en la manera de vivir que ayuden a evitar la enfermedad y a mejorar la calidad de vida. En general, una alimentación preventiva debe ser antiinflamatoria, natural, nutritiva y equilibrada.

No obstante, cuando se sufre una enfermedad concreta, debe adaptarse a cada proceso para restablecer el equilibrio y la salud general. A continuación se recogen algunos de los problemas de salud más comunes y las principales medidas dietéticas que conviene adoptar en cada uno de ellos a fin de mejorar los síntomas y, cuando sea posible, corregir el problema.

Un pilar de la medicina integrativa

Este tipo de medicina nace en los años 90 como modelo médico en el tratamiento de las enfermedades crónicas. Fusiona métodos diagnósticos y terapéuticos de la medicina convencional con técnicas de prácticas complementarias.

El asesoramiento nutricional es vital en esta terapia. La alimentación se considera la base de la salud, con un gran potencial terapéutico, y se propone una dieta de tipo antiinflamatorio. Los objetivos básicos de la "dieta integrativa" son promover la salud gastrointestinal, mantener a raya la inflamación, evitar carencias nutritivas, regular el peso y evitar los tóxicos ambientales. Prioriza el consumo de alimentos ecológicos y de proteínas vegetales frente a las de animales.

1. Frenar la osteoporosis

En España, tres millones de personas padecen osteoporosis, en su mayoría mujeres. El hueso va formándose a lo largo de la vida y la máxima densidad ósea se alcanza en torno a los 30 años. Por ello conviene tomar medidas para aumentar la densidad ósea en la juventud y disminuir la descalcificación en la madurez.

La nutrición correcta de los huesos no depende solo de la ingesta de calcio. Se trata de que haya un correcto equilibrio entre la ingesta de diversos nutrientes como calcio, magnesio, boro, vitamina C, colágeno o vitamina D. Tomar ácidos grasos omega-3 y seguir una alimentación de tendencia alcalinizante también favorece la correcta mineralización del hueso.

La alimentación rica en calcio biodisponible debe contener legumbres tres veces a la semana, una pequeña cantidad de algas, sésamo, avellanas o almendras a diario o en días alternos, y verduras de hoja verde como guarnición todos los días.

Aunque los lácteos son alimentos ricos en calcio, tienen una elevada cantidad de proteínas que acidifica, por lo que fiarlo todo a su consumo no es una estrategia adecuada para asegurarse una buena mineralización ósea. La vitamina D se sintetiza en la piel en un 90%.

Realizar ejercicio físico al aire libre puede ayudar a aumentar la producción de esta vitamina. Su carencia es el defecto nutricional más frecuente en los niños españoles y para evitarla basta con tomar el sol unos 10-15 minutos al día.

En general, los factores que favorecen la descalcificación del hueso son el sedentarismo, el exceso de acidez, el exceso de proteínas, los desequilibrios hormonales y el exceso de tóxicos ambientales.

Los suplementos de colágeno y los de magnesio y calcio también pueden ayudar a fortalecer la matriz del hueso.

2. Mejorar la acidez gástrica

La acidez gástrica es un trastorno muy frecuente en la actualidad. Los antiácidos son la alternativa terapéutica más utilizada y son eficaces como medida paliativa, pero su uso continuado puede tener efectos adversos. Los cambios en el pH gástrico impiden la correcta absorción de proteínas y ciertos minerales o vitaminas como la B12.

Tomar medidas nutricionales puede mejorar los síntomas con menos efectos secundarios. Para una buena digestión es importante comer raciones pequeñas varias veces al día y hacerlo sentado, tranquilo y masticando bien.

El alimento debe llegar al estómago triturado y mezclado con la saliva para favorecer la acción de las enzimas. Estas medidas muchas veces no son valoradas y no deben pasarse por alto. Si existe un exceso de grasa abdominal, la presión de los órganos digestivos aumenta y se necesita perder peso para mejorar el reflujo.

Una alimentación rica en alimentos cocinados de manera ligera y exenta de grasas animales ayuda a la digestión y a disminuir el peso corporal. Los alimentos que producen mayor acidez gástrica son el café, el té, el alcohol, las bebidas carbonatadas, el chocolate, los zumos de frutas, la salsa de tomate, los lácteos grasos, los caldos de carne, los productos cárnicos grasos y el queso.

Un remedio paliativo eficaz para subir el pH gástrico es tomar el licuado de media patata cruda en ayunas diluido en un vaso de agua.

Algunos suplementos pueden ayudar, como por ejemplo enzimas para mejorar la digestión o el zumo puro de aloe vera y la planta sangre de dragón, útiles cuando la acidez se debe a una gastritis o a úlceras gastroduodenales por su capacidad de regenerar la mucosa gástrica.

3. Cuidar el hígado en la hepatitis

La palabra hepatitis significa "inflamación del hígado" y esta puede producirse por un virus o por el abuso de alcohol o incluso de grasas. El hígado se encarga de metabolizar cualquier sustancia potencialmente tóxica que entre en el organismo.

Por ello, la alimentación debe evitar el aumento de la carga tóxica y proteger el hígado. Cuando el hígado está afectado, una dieta depurativa y antiinflamatoria es la acertada. También es fundamental que ayude a regular el tránsito intestinal, pues el estreñimiento favorece la entrada de mayor cantidad de tóxicos en el organismo.

La avena es un alimento que ayuda a regular el intestino y a eliminar residuos. Los alimentos más adecuados para depurar el hígado son los vegetales y en concreto los amargos como la alcachofa, el apio, la escarola o los rabanitos y sus caldos.

Los licuados ricos en antioxidantes deben tomarse al menos una vez al día, preferiblemente en ayunas. Los alimentos que se deben evitar son las carnes rojas y grasas cárnicas, los alimentos precocinados ricos en aditivos y grasas trans, el café y el alcohol principalmente.

Durante la fase aguda de la hepatitis se recomienda hacer una semana depurativa dando prioridad al consumo de vegetales y cereales integrales. Se comienza el día con un licuado vegetal antioxidante de zanahoria, manzana, remolacha y apio; en la comida y la cena se toman caldos de alcachofa y, entre horas, infusiones de cardo mariano y boldo, dos plantas depurativas hepáticas. Las comidas han de ser ligeras, exentas de grasas y productos cárnicos.

4. Las enfermedades reumáticas

Aunque se desconocen sus causas exactas, cada día se sabe más sobre la influencia que tiene el estilo de vida en su progresión y que la genética, el sedentarismo y la obesidad son algunos de los factores de riesgo que influyen en su aparición. Una dieta antiinflamatoria, rica en antioxidantes y alcalina es la adecuada en estas enfermedades.

Hoy también se estudia el vínculo que puede existir con la celiaquía o sensibilidad al gluten. Es posible que un exceso de permeabilidad intestinal favorezca la entrada en el organismo de determinados péptidos de los alimentos y que estos generen reacciones cruzadas que favorecen la inflamación. En casos así, se requiere retirar el gluten y mejorar la flora intestinal.

En general, la dieta debe promover los procesos de eliminación del organismo para evitar la acumulación de tóxicos ambientales. Para ello es aconsejable consumir unos 1,5 litros de agua filtrada al día. Puesto que la obesidad es un factor de riesgo, la dieta debe ser moderada en calorías.

Como apoyo, pueden emplearse suplementos nutricionales que mejoran la salud articular como el colágeno, la glucosamina, el condroitín sulfato o los ácidos grasos omega-3. Y conviene recordar que el ejercicio moderado y los estiramientos ayudan a fortalecer la musculatura y disminuir los síntomas.

5. Los niveles de colesterol y triglicéridos bajo control

La elevación del colesterol o los triglicéridos puede ser de origen genético o consecuencia del estilo de vida. En ambos casos, una alimentación cardioprotectora y antiinflamatoria resultará de ayuda. La inflamación favorece que el exceso de lípidos se adhiera a las paredes arteriales, lo que las engrosa y entorpece el riego sanguíneo.

Principalmente conviene evitar el consumo de carnes grasas, embutidos, lácteos, aceites fritos, alcohol, harinas refinadas y azúcares simples. El huevo contiene colesterol en su yema, pero si se toma con moderación (entre 3 y 4 a la semana) no influye en el colesterol sanguíneo.

Por otra parte, un consumo excesivo de fructosa favorece una elevación de los triglicéridos. Este azúcar se emplea a menudo en los alimentos industriales, como bebidas azucaradas, bollería, cereales de desayuno o galletas, a veces en forma de "sirope de maíz". Las formas más adecuadas de cocción son al vapor, horno, plancha sin aceite o papillote.

Lo ideal es aliñar el alimento con aceite de oliva virgen extra en crudo después de cocinarlo. Los alimentos funcionales con esteroles vegetales o los suplementos con levadura roja de arroz son algunas de las alternativas terapéuticas que disminuyen el colesterol sanguíneo. Los suplementos de ácidos grasos omega-3 pueden ser útiles frente al exceso de triglicéridos.

6. Regular la hipertensión

La pauta fundamental cuando existe hipertensión es disminuir el cloruro de sodio de la dieta evitando la sal, los ahumados, salmueras, y encurtidos, los precocinados, los cubitos de caldo, los embutidos y los quesos.

En contraposición, el consumo de otros minerales, como potasio, calcio y magnesio, puede mejorar la tensión arterial.

El perejil, la patata, el aguacate, los dátiles o el plátano son ricos en potasio. Las infusiones de hojas de olivo o el espino blanco resultan recomendables. Los beneficios del ajo también se han estudiado por ser alcalinizante, hipotensor e hipocolesterolemiante.

Además de llevar una dieta rica en vegetales, es importante reducir el estrés con terapias de relajación, hacer ejercicio físico a diario y controlar el riesgo cardiovascular moderando el consumo de grasas saturadas y azúcares.

7. La dieta más adecuada ante la ansiedad y el estrés

Aunque las terapias cuerpo-mente sean esenciales en la mejora de la ansiedad y el estrés, la alimentación ayuda a evitar desequilibrios nutricionales que pueden exacerbar los síntomas y provocar alteraciones metabólicas. Es importante, por ejemplo, mantener la glucemia estable prefiriendo los alimentos integrales y ricos en fibra a los azúcares rápidos, pues los altibajos de glucemia afectan al ánimo.

Por otra parte, los estimulantes (café, chocolate, té, tabaco) favorecen la producción de adrenalina y provocan un estado de alerta que conviene evitar. En general se aconseja una dieta ligera, porque ayuda a sentirse más vital.

No obstante, conviene descartar carencias nutricionales o estados anémicos que, al hacer que uno se sienta más débil y decaído, disminuyen la tolerancia al estrés.

8. Superar la candidiasis

La candidiasis crónica se puede deber a un desequilibrio en la microbiota generado por una presencia excesiva de hongos en las mucosas, generalmente Candida albicans. Este hongo vive como comensal en el organismo y puede proliferar de manera oportunista después de tratamientos con antibióticos, quimioterapia o si el sistema inmunitario está deprimido.

En su tratamiento la alimentación debe estar exenta de azúcares simples, harinas o cereales refinados y alimentos de alto índice glucémico (como dulces, patatas, miel, plátano o frutas secas). También conviene evitar tomar alimentos fermentados (incluidos los de soja, como miso o salsa de soja), bebidas fermentadas (vino y cerveza), setas, vinagre y encurtidos, y levaduras (presentes en productos de panadería y preparados alimenticios como los cubitos de caldo).

Para regular la flora se pueden tomar suplementos de probióticos y antifúngicos naturales como el ajo, el ácido caprílico o el pau d’Arco, pero siempre bajo prescripción médica.

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